TRIBUNA
Cataluña estafada por sí misma
Ignacio Fernández Candela
lunes 11 de agosto de 2014, 18:34h
Se veía venir. Sólo puede aparentar dignidad en la exigencia quien nada tiene que esconder. En Cataluña, los secesionistas no saben desde cuándo no se mudan de ropa interior, la legal higienizada, y bastó una maniobra de presión para que todo un muy honorable Jordi Pujol confesara que de honorable menos, como Mas, Arturo Mas. Visto lo visto, no hay caganet independentista, tan valiente y avasallador en lo colectivo, que se libre de estar limpio en lo personal y, claro, eso acobarda al más pintado por mucha estelada que se luzca en olor de multitudes. La única manera de vulnerar a la Hidra feroz policefálica era atacarla por la retaguardia; por ahí se vulnera a la sinrazón de las discordias. ¿Callado estaba Rajoy muy seguro de que el Ejército no era necesario para mantener la integridad territorial? A saber tras el telón arriolista.
No se esperaban un golpe tan demoledor y avisados estaban. No era casualidad que el vástago de Jordi Pujol apareciera en la diana de la Justicia. No quisieron verlo o estaban tan cegados con el ímpetu secesionista que no advirtieron lo fácil que se les podría desmontar el chiringuito, con poco que se les mirara lo que ocultaban en la trastienda del espectáculo independentista. Estaban vendidos antes de negociar. El chantaje se paga con chantaje. Cataluña se ha estafado a sí misma y de "Espanya ens roba", nada de nada. Lo que Pujol ha cantado es poco comparado con la ópera que se han montado desde siempre, hoy día ya con evidente desafinado al estilo Millet.
En el manual estrambótico de los nacionalismos del siglo XXI, de la ANC verbi gratia, debería figurar adjunto un tratado de buenas maneras, de pulcras integridades, que justifique la exigencia contra España cuando han porfiado por gestionar los presupuestos de una Cataluña que se revela ahora esquilmada, de modo endógeno, por el pujolismo y compañía que fueron de turno vitalicio. Quizá de un modo más limpio cabría entonces escuchar esas demandas que el ensuciado Mas impone con el credo victimista, acusando a lo ajeno para solapar los trapos sucios que no se han lavado en cuarenta años. Hasta el mismo Arturo ignora cuándo se mudó de ropa interior con esa falta de higiene legal que aún se desconoce en la verdadera dimensión de la intención secesionista.
En vez de caer en el ridículo más indecoroso para el sentido común que contempla las involuciones del secesionismo, las fingidas víctimas del españolismo deberían asegurarse un mínimo de dignidad personal y colectiva, admitir el circo de la estafa que se han montado en Cataluña para disimular un verdadero crimen organizado de la casta política que hoy queda en vergonzante evidencia.
Si el muy honorable Pujol ha resultado ser para muchos un bellaco del que ni por asomo se le sospechara un balance tan desastrosamente ruin, ¿qué podemos pensar de aquellos que siendo blanco de sombras de sospecha, se pasean como próceres de la patria española a la que arruinaron económica e institucionalmente? Paradójicamente, el catalanista ha hecho más de positivo por el conjunto español que un sevillano y un leonés juntos. Porque hasta el sorpresivo momento en que Jordi Pujol confesó, cualquier ciudadano cabal habría aseverado sobre la honorabilidad del catalán muy por encima de la de Felipe González y Zapatero, pero esa será otra cuestión axiomática que habrá que tratar en otra columna.
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Escritor-Crítico literario
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