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PASO CAMBIADO

La muerte dulce del independentismo catalán

José Antonio Sentís
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directorgeneralelimparciales/15/15/27
miércoles 13 de agosto de 2014, 19:52h

Toda partida de mus se puede ganar por un órdago, pero también por muerte dulce del contrario, generalmente porque éste no se da cuenta de que, dejándose llevar por la partida, olvida contar las piedras que compondrán su sepultura.

Desde Cataluña, el nacionalismo ha pretendido siempre la victoria por órdago, ya sea porque Rajoy lo viera o, como le aconsejaban algunos, porque él mismo lo echara. Pero Rajoy ha optado por la paciencia, por contar amarraco a amarraco, y cuando sus oponentes se han querido dar cuenta, ya era demasiado tarde para los órdagos y para su victoria.

En la mesa de mus de Mas han sucedido varias cosas desagradables.

Para empezar, que la pareja nacionalista no ha aguantado demasiado tiempo sin discutir. Uno quiere envidar a la grande (ANC/ERC) que ya ha planificado hasta un Ejército y una República; y otro (CiU) a la chica, es decir, a la consulta, que tampoco es como para ponerse así, porque ya se sabe que es una cosa como democrática y amistosa para España.

Para continuar, que alguien, los Pujol, se han encargado de darles muy malas manos a los independentistas. Es que no han ligado nada, y menos un Rey, por si alguna vez soñaron con un Pacto bajo la Corona. Pues empezaron por jugar a los pitos (recuérdese los silbatos comprados por los Pujol para boicotear el himno nacional) y ahora no saben cómo defender sus pares. Porque cualquier proceso independentista necesita un par, y no éste no se ve por ninguna parte, sino lo contrario, porque los nacionalistas quieren un Estado pero no conquistarlo, sino que se lo regalen. Y en esta partida nadie regala nada.

Los nacionalistas catalanes sueñan aún con llegar al juego, pero nunca han tenido la mano, aunque creyeran tenerla por la propaganda oficial de sus medios subvencionados. En los juegos de fracturas estatales, la mano corresponde siempre al Estado, por un obvio peso de la Historia. Y el separatismo sólo puede soñar en apostar contra la mano y que se arrugue el Estado, o que el Estado esté tan descompuesto y tan desintegrado que se vea perdido contra cualquier juego. Nada de esto ha sucedido, por lo que el independentismo catalán ha ido perdiendo fuelle paulatinamente.

Mas no quiere reconocerlo, pero algunos de los suyos ya lo están haciendo, como su vicepresidenta Ortega. Pero él mismo ya lo declaró tras su encuentro con Rajoy: no hará nada ilegal. Y aunque el presidente de la Generalitat no quiera bajarse del burro y espere un milagro, las cartas ya están echadas.

La cuestión ahora es quién se queda en Cataluña con el reparto de los despojos del independentismo. Porque puede empezar a pensarse que el intento de movilizar a miles de catalanes en la próxima Diada, lo que está costando una barbaridad a los organizadores, es más para demostrar fuerza interna de los indendentistas radicales frente a los otros independentistas de derechas, los descompuestos y perplejos seguidores de CiU y desconsolados exadmiradores del Padre de la Patria Pujol.

Me atrevo a apostar que no hay ni una mínima parte de los catalanes que crea ya en la posibilidad de independencia. Pero sí puede haber alguno que crea que mantener en alto la bandera, aunque sea en retirada, puede ser rentable para sus intereses de poder en Cataluña. Por eso, Mas no termina de ceder, porque sabe que eso cavaría aún más profundamente su tumba política. Pero su numantinismo ya es irrelevante. Le queda bien poco para despertarse del sueño de ser el Moisés que llevaría a su pueblo a la tierra prometida. Y puede empezar a caer en la pesadilla del que termina emplumado por los lugareños a quienes ha intentado engañar con un crecepelo mágico.

En todo caso, aún veremos fiestas y banderas, uves de victoria y soflamas. Eso pasa también en el mus, juego que se caracteriza por las bravatas, normalmente de los que van de farol. Luego, a lo que los perdedores pueden aspirar, como mucho, es a no tener que pagar las consumiciones, aunque bien es verdad que lo merecerían, porque bien que han consumido recursos y paciencia nacional.

En fin, bastante éxito tendrán los independentistas si logran separar su pretensión separatista de la corrupción del régimen clientelar que los nacionalistas construyeron en Cataluña. Pero esto sería milagroso, porque a nadie se le escapa ya que los más fervientes secesionistas eran los más conspicuos ladrones, y así no hay honrado pueblo que se motive. Especialmente porque los más robados han sido ellos mismos, los catalanes a quienes se agita para la gesta de los truhanes.

En fin, realmente este artículo no era para hablar del nacionalismo catalán sino del mus, que para eso es el deporte nacional del verano. Pero una cosa lleva a la otra, y sólo hay que ver a Pujol y a Mas para recordar las caritas de los perdedores en cualquier partida de ese noble deporte de riesgo.

José Antonio Sentís

Director general de EL IMPARCIAL.

JOSÉ A. SENTÍS es director Adjunto de EL IMPARCIAL

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