A Jean, protagonista y voz narradora de la última novela de Patrick Modiano, le aconsejan que “no hay que revolver excesivamente en el pasado”. Sin embargo, no sigue esa recomendación quizá porque, como el propio Jean confiesa, “es curiosa la forma en que algunos detalles de la existencia que no vemos al momento, los descubrimos veinte años después, como cuando miramos con la lupa una foto antigua familiar y un rostro o un objeto en los que hasta entonces no nos habíamos fijado nos salta a la vista…”.
Más de veinte años han pasado desde que Jean, escritor y en buena medida trasunto del autor francés, llevaba consigo una libreta negra en donde anotar un sinfín de apuntes. Esa libreta le da la posibilidad de mirar hacia atrás y reconstruir una etapa de su vida, en los años sesenta, donde ha de enfrentarse a un buen puñado de incógnitas, sobre todo en torno a una serie de personajes con los que se relacionó en esos momentos. Especialmente, Dannie, un antiguo amor, a quien conoce en la cafetería de la Ciudad Universitaria. Dannie es un misterio -“Vivía en una habitación del pabellón de los Estados Unidos y me preguntaba por qué, porque no era ni estudiante ni norteamericana”-, que esconde un terrible secreto del que Jean nos hará partícipes y que nos sorprenderá tanto como a él. Y, junto a Dannie, y sus muchos rostros, que impiden saber quién es exacta y realmente, el grupo que se aloja en el Unic Hotel, formado, entre otros, por Ghali Aghamouri, que apenas responde a las preguntas de Jean. Así, La hierba de las noches tiene algo de singular novela policiaca, que nos despierta el apetito por desentrañar el arcano que en ella se oculta.
Aunque, como es habitual en Modiano, el mayor y a la vez más sugerente e inquietante misterio que nos plantea es el de la propia existencia, a la que en una tarea quizá imposible se trata de otorgar orden y sentido. Complicada tarea, pues la vida es fragmentaria, escurridiza, un puzle compuesto de instantes dispersos -y así nos la presenta Modiano-, que se intentan atrapar, de episodios “de una vida soñada, que le arranco, página a página, a la desabrida vida cotidiana para proporcionarle algunas sombras y algunas luces”. Y no menos difícil es la búsqueda de la identidad, que aparece partida cuando menos en dos mitades: “¿Era realmente posible que un doble que hubiera dejado yo aquí siguiera repitiendo todos y cada uno de mis antiguos gestos y recorriendo mis antiguos itinerarios por toda la eternidad?”.
Con La hierba de las noches, Patrick Modiano nos da una nueva muestra de que no en vano es uno de los nombres más reconocidos de la actual literatura europea, que se ha hecho acreedor de los más prestigios galardones de su país, como el Goncourt, el de la Académie Française y el Nacional de las Letras. Mediante un estilo a la par preciso y poético, y siempre hipnótico, Modiano nos sumerge una y otra vez en la exploración de un universo particular, que gira sobre asuntos como la búsqueda del tiempo perdido, los pasadizos de la memoria, o el territorio de la invasión nazi -fundamentalmente reflejado en la Trilogía de la Ocupación, que incluye El lugar de la estrella, La ronda nocturna y Los paseos de circunvalación-, en un París tan espectral como fascinante.