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EDITORIAL

El sistema Galileo y la independencia tecnológica europea

jueves 21 de agosto de 2014, 00:39h
Actualizado el: 22/08/2014 20:29h

Estaba previsto -aunque se ha pospuesto por razones meteorológicas- que hoy la Agencia Espacial Europea (ESA) lanzara al espacio la primera pareja de satélites con capacidad operativa plena del nuevo sistema global de navegación europeo Galileo. Cuando sea posible, se llevará a cabo en el Puerto Espacial Europea de Kouron, en la Guayana francesa, y podrá contemplarse en tiempo real en la página web Arianespace. Ya en 2011 y 2012 se habían instalado en la órbita terrestre cuatro satélites preliminares capaces de coordinarse para determinar la posición de un punto terrestre. Con la nueva fase que ahora se inicia acabará por configurarse un sistema de treinta satélites que permitirá una navegación global alternativa al GPS norteamericano y al GLONASS ruso.

La Unión Europea (UE) tiene motivos sobrados para sentirse orgullosa de este proyecto que comienza a hacerse realidad. EL GPS y el GLONASS han sido sistemas de navegación global nacidos de la industria armamentística estadounidense y rusa, y pensados desde su origen con fines prioritariamente bélicos. La posterior aplicación a otros objetivos de, por ejemplo, el GPS ha estado marcada por lagunas y limitaciones impuestas por su función eminentemente militar. La alternativa europea del Galileo nace, por el contrario, con propósitos de empleo preferentemente civil. Algo que eliminará las trabas y restricciones del GPS y hará posible que se utilice en tareas hasta ahora inimaginables. Los enlaces terrestres del Galileo posibilitarán mover flotas de vehículos ecológicos a los que los usuarios podrán acceder a través de su teléfono móvil. Se conseguirá detectar movimientos sísmicos con muchísima más antelación que hasta el momento, guiar barcos hacia los bancos de pesca adecuados, orientar los tractores en sus trabajos agrícolas, gestionar de otro modo el tráfico aéreo, marítimo y terrestre, y un sinfín de aplicaciones más que mejorarán significativamente nuestras condiciones de vida. Destaca la precisión de alertas y de rescates, que se realizarán con la exactitud de metros y no de kilómetros como ocurre hasta ahora.

No es solo la supremacía tecnológica alcanzada en este terreno por Europa frente a la técnica norteamericana del GPS y rusa del GLONASS, que quedarán sobrepasados y a largo plazo obsoletos, el motivo último de lógica autosatisfacción de la Agencia Espacial Europea. La cuestión fundamental es que Europa dejará de depender de Estados Unidos y del GPS en los sistemas de navegación guiados por satélite, y, aun colaborando con el norteamericano, tendrá una autonomía clave en la economía del futuro basada en una concreción tecnológica superior. Un modelo de cómo Europa puede y debe colaborar en investigación y desarrollo sin temor a quedar detrás de los otros gigantes económicos mundiales.

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