Hace ya tiempo alguien, no recuerdo muy bien quién, dijo que en las atrocidades cometidas por los nazis en los campos de concentración había un origen satánico. Y tenía razón. Es el mismo argumento que hoy podría aplicarse a los animales del IS. El horror que están causando en Siria e Irak tiene consternado a medio mundo, no sólo por las acciones en sí mismas sino por la difusión que hacen de ellas en las redes sociales. La última, la decapitación del periodista norteamericano Steven Sotloff.
Ni un solo medio dejó ayer de hacerse eco de esta noticia. Grandes titulares, grandes elogios a la persona y grandes loas hacia la profesión fueron denominador común, como ya sucediera cuando se produjo el asesinato de otro reportero estadounidense -James Foley- a principios de agosto. Ambos habían sido secuestrados por contar al mundo lo que estaba pasando en Siria e Irak, y ambos se dejaron la vida en ello.
Más o menos por las mismas fechas en las que Foley fue decapitado, una adolescente siria tuvo el infortunio de caer en manos de los yihadistas. La chica en cuestión era cristiana, lo que agravó aún más el tormento que sufrió antes de ser asesinada: fue salvajemente violada en grupo y, como firma macabra, le introdujeron un crucifijo en la boca. También de esta aberración hay imágenes, convenientemente difundidas por el IS, y no son las únicas. Cristianos, musulmanes chiíes o mujeres y niños cuyo único “delito” consistió en cruzarse en el camino de estas bestias vienen muriendo a centenares desde que el IS iniciara su tournée de horror.
Pero sus muertes no abren informativos. Tampoco copan portadas, ni son objeto de debate en tertulias radiofónicas o televisivas. ¿Por qué? ¿Cuánto valen las vidas de Steven Sotloff o James Foley? ¿Y la de la adolescente siria, o la de tantas y tantas personas que tuvieron su mismo final? Pues valen lo mismo y, por tanto, merecen el mismo tratamiento. Me pone los pelos de punta ver las imágenes de James Foley y Steven Sotloff poco antes de ser decapitados. Ni ellos ni nadie merecen algo así. Pero, de igual modo, todos los que han sido asesinados por el IS de un modo igual o aún más brutal si cabe, deben tener idéntico reconocimiento. Por ellos va.