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SEPARACIÓN DE PODERES

El poeta Maduro

jueves 04 de septiembre de 2014, 20:27h

De socialismo rampante o de cleptocracia caribeña podemos calificar el chavismo encarnado que arruina Venezuela. Pero nada mejor que el Rasputín abigotado para adjetivar cualquier realidad con pavadas atómicas (parafraseando a otro genio verborreicode la política del subcontinente, el ministro de Economía de Argentina, Kicillof).

El corpulento neoredentor del pueblo venezolano, a quien se le apareció Chávez como un pajarito, es un consumado decorador del lenguaje. Se proclama como el Rodolfo de la Bohème un poeta (“yo soy el poeta y ella la poesía” siendo por supuesto, ella la revolución chusquera) y, como su amada Mimí, se dedica a espiar los sueños de quienes suspiran por ser libres.

Este sujeto, insignificante hasta que el sátrapa puso en él sus ojos paternalistas, celebró un congreso a la búlgara en el que se libró de “la izquierda trasnochada” que impedía el paso del “socialismo triunfante” que, por supuesto, él representa e interpreta en exclusiva. Al concentrar todos los puestos de mandos en sus manos pilosas lo hizo por el bien de todos, por su vocación de servicio, ante el aplauso entusiasta cuando proclamó “ni izquierdismo agonizante ni reformismo extrangulista” que “hacen el mandado a la contrarevolución”. La nueva religión del Estado (Chávez fue elevado al altar de “presidente eterno”) permite un denominado “debate libre y constructivo” pero fulmina cualquier crítico con el exilio, la cárcel o la muerte. No en vano ese debate debe hacerse, afirma, “con disciplina y máxima lealtad”. ¡Si resucitara Jeremías Bentham!.

Privados de los adjetivos los discursos de Maduro quedan en un par de líneas magras. Se adorna quien está vacío y no tiene más que perorar a base de palabras hueras. El adjetivo mayestático, gritón y pendenciero, le hace gravitar como mariscal don Melitón orgulloso de sus desproporcionados entorchados.

Hay que tener “fortaleza psicológica” para superar lo de Jordi Pujol, afirmó Artur Mas, quien ha prescindido del tratamiento de molt honorable, por si acaso. Maduro desconoce las sutilezas de los psicologistas pero es un rocoso dominador de la fuerza bruta, capaz de imponer la espiral del silencio fundada en el miedo de forma que los individuos perciban que si se desvían del clima de opinión (opresivo) están amenazados con el aislamiento y la exclusión. Miedo al estalinismo, ése es el fundamento de su poder. ¡El único!

Enrique Arnaldo

Catedrático y Abogado

ENRIQUE ARNALDO es Catedrático de Derecho Constitucional y Abogado. Ha sido Vocal del Consejo General del Poder Judicial

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