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TRIBUNA

Señor Sánchez, no con mi futuro

Francisco Delgado-Iribarren
miércoles 10 de septiembre de 2014, 20:32h
Actualizado el: 09/10/2014 21:44h
Señor Sánchez, Pedro: ¡Cuidado con mi futuro! Permítame que le recuerde algunas de las ocasiones en que su partido (el PSOE), del que usted es secretario general, ha amenazado o perjudicado seriamente mi futuro (y por extensión, supongo, el de muchos de mi quinta). Conste que esta salmodia que le dedico viene a cuento de la frase de titular dicha por usted en Bolonia, junto a su amigo Renzi: “Recuperaremos el futuro de los españoles dejando a la derecha sin futuro”.

La primera pregunta que me gustaría hacerle es: ¿a quién quiere exactamente dejar sin futuro? ¿A los dirigentes nacionales del PP? ¿También a sus dirigentes autonómicos y locales? ¿A sus 800.000 militantes en toda España? ¿Acaso a sus más de 10.830.000 votantes en 2011? ¿O a todos los que sostienen ideas que usted considera de derechas? Si tiene clara la respuesta, por favor, comuníquela, porque dependiendo de cuál sea me podría afectar a mí.

Yo soy aún más joven que usted. Nací el 15 de julio de 1985. Justo tres días antes de que mis ojos se abrieran al mundo, el BOE publicaba la despenalización del aborto en tres supuestos, con la firma de Felipe González Márquez, a quien usted admira. No sé si me entenderá, pero considero que esa fue la primera amenaza seria para mi futuro: el vigor de la reforma no me alcanzó por pocos días, pero de haber nacido yo unos meses más tarde a mi madre le hubiera bastado alegar una depre para abortarme. Y yo me hubiera perdido todo el espectáculo. Esto no es imaginería desbocada: a muchos les ha pasado.

Si cuando nací nació la ley del aborto, cuando entré en el colegio, en 1990, se promulgó la ley de educación, la famosísima LOGSE. Comprenda que con los años haya desarrollado cierta manía persecutoria respecto al partido de usted y sus compañeros, el PSOE. La nueva ley más o menos educativa se publicó aquel 4 de octubre, día de mi santo patrón. Se ha recordado hasta la saciedad que la tan criticada reforma llevaba la impronta de Alfredo Pérez Rubalcaba, su antecesor en el cargo y entonces secretario de estado de educación. De aquellos polvos, estos informes PISA y estos dos millones de ninis.

Reconozco que la LOGSE tenía sus ventajas. La ESO era de risa, y a cualquiera que tuviera una buena relación con los libros no le costaba sacar buenas notas. Con un poco de esfuerzo, se llenaba uno el jergón de sobresalientes y dormía con buena conciencia. El problema venía años más tarde, en la universidad, cuando te dabas cuenta de que ese éxito fácil estaba inflado y constatabas que la generación de tus padres salía de los mismos colegios con una formación cultural y una capacidad de estudio mucho mayores. El futuro, a un duro.

En 2003 entré en la facultad de Derecho. En concreto, en una universidad privada, dato por el que quizá usted me odie. Era el año de la guerra de Irak y de la resaca del Prestige: el griterío continuo contra el gobierno de Aznar. Este, con guiñol o sin guiñol, había rebajado el paro en tres millones de personas, logro que me podía venir muy bien, como a muchos jóvenes, de cara al futuro. Pero a ustedes los del PSOE el del bigote les caía horrorosamente mal y ya estaban metidos a fondo en una operación de acoso y derribo, sin pararse a pensar en la parte de su legado que no valía la pena ni acosar ni derribar.

Pero lo hicieron. En 2004 llegó, por sorpresa, Zapatero al timón, algo con lo que una semana antes no contaban. Mi etapa universitaria coincidió en gran parte con su periodo. Comprenda la desmoralización de aquellos años. Un estudiante frente a sus mamotretos de Derecho y Pepiño Blanco por la tele de ministro, que no pasó de primero de la misma. Y Pajín y Aído… Difícil imaginar más desincentivos al estudio, al esfuerzo y a la meritocracia.

Cuando salí con mis títulos ya la crisis estaba destrozando la economía, ante la inoperancia del presidente socialista. El paro subía que daba miedo, a cotas de Felipe González e incluso más allá, y a los jóvenes no nos llovían, en general, las oportunidades. El futuro, en un pozo oscuro. Decenas y decenas de currículums repartidos por la geografía nacional y parte de la europea.

Con Zapatero había aprendido a escribir sátira en prosa y en verso, así que decidí cursar un Máster para hacerme periodista y levantar un poco mi voz. Y aquí me tiene, escribiéndole esta carta que espero lea con interés.

Justo ahora que voy teniendo alguna agarradera laboral, algunos pocos euros en la cuenta y alguna esperanza en la recuperación económica, por favor, piénselo dos veces y ¡tenga cuidado con mi futuro!
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