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EPPUR SI MUOVE

De árboles y botellas

miércoles 10 de septiembre de 2014, 21:40h

Tres árboles jóvenes hablaban de sus aspiraciones. “Yo seré el cofre de un valioso tesoro”, dijo el primero. “Yo, el barco más hermoso que jamás se haya construido, y surcaré los siete mares”, dijo el segundo. El tercero, por su parte, deseó ser alto y fuerte, “crecer robusto y en todo lo alto, hacia Dios”. Cuando crecieron, sin embargo, su destino pareció ser otro. Con el tronco del primero se hizo un pesebre y se instaló en un establo, sirviendo de comedero para animales domésticos. El segundo se vio convertido en humilde barca de pesca; y nada de mar, de un lago. Al tercero, robusto como era, lo talaron y desbrozaron, conservando su tronco para mejor ocasión.

Una noche de diciembre, una joven pareja tuvo que refugiarse en un establo. Ella, embarazada, dio allí mismo a luz, y el niño recién nacido tuvo como primera cuna el pesebre que un día quiso albergar un tesoro. Y vaya si lo albergó. Años después el Niño creció y navegó junto a sus amigos, pescadores ellos, en una barca desde la que apaciguó la tempestad y en la que durmió plácidamente. El segundo árbol, así, fue consciente de haber hecho la travesía más importante que ningún barco hubiera hecho nunca. El tercer árbol, por fin, vio cómo su tronco era cargado por aquel Niño hecho Hombre para al final morir en él. Y fue lo bastante recio tanto para sostenerle como para permanecer erguido al tercer día.

Por desgracia, no todas las historias de árboles son tan bonitas. En Madrid, sin ir más lejos, ya han matado a dos personas y herido a otras cinco en lo que llevamos de verano. Los recortes llevados a cabo por Ana Botella han laminado los puestos de trabajo de 228 jardineros. Los recortados no han podido, pues, recortar las ramas asesinas. De hecho, poco ha pasado para lo que podía haber sido. Ha habido ya más de 30 incidentes “arborícolas”, y lo que queda. Ayer se supo que la señora Botella no seguirá como alcaldesa. Tarde llega. Debieron haberla podado desde Génova hará ahora dos años, cuando gestionó la tragedia del Madrid Arena -cinco jóvenes murieron en una fiesta ilegal autorizada por el Ayuntamiento del que ella era alcaldesa accidental- inflándose a relaxings cafés con leche en un lujoso spa de Portugal.

Otro árbol, el de Guernica, se está muriendo. Que tiene gusanos, dicen. Cerca unos cuantos, desde luego. Por otro lado, hay que decir que algo así se veía venir. El abono nacionalista es lo que tiene, que lo pudre todo, hasta los árboles señeros. Dice un proverbio alemán que “los árboles tienen una vida secreta que sólo les es dado conocer a los que se trepan a ellos”. Claro que para eso hay que quererlos, no dejarlos morir ni, peor aún, permitir que sus despojos puedan matar.

Antonio Hualde

Abogado

ANTONIO HUALDE es abogado e investigador de la Fundación Ortega y Gasset

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