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Tribuna

Diada de 2014

Juan José Laborda
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1718lamartingmailcom/12/12/18
viernes 12 de septiembre de 2014, 21:59h

Acudí con José Luis Corcuera, antiguo ministro del Interior y diputado por Burgos (cuando dimitió de todos sus cargos políticos), al acto en favor de la unidad constitucional de España, convocada por una asociación llamada “Libres e iguales”. Esa asociación se fundó recientemente como una plataforma para contrarrestar los mensajes del independentismo catalán, y su más relevante miembro es el Premio Nobel Mario Vargas Llosa.

Corcuera y yo fuimos al acto por estar identificados con sus propuestas, que fundamentalmente consisten en defender la Constitución de 1978 como garantía de la paz civil de España. Cayetana Álvarez de Toledo, diputada del partido del Gobierno, que leyó el manifiesto con una teatralidad muy elaborada, insistió en esa idea: una Constitución, y las leyes que se derivan de ella, es una obra de la civilización que garantiza la paz civil en todo Estado democrático.

Sin embargo, Corcuera y yo (y algunos más) rehusamos la invitación para ocupar lugares reservados en las primeras filas del salón del Círculo de Bellas Artes -donde se celebró el acto-, más que nada porque fuimos a él sin que nadie nos hubiese invitado. No estábamos identificados con la trayectoria ideológica de alguno de sus promotores (especialmente algunos periodistas que propugnan un lamentable anticatalanismo), pero quisimos acudir como ciudadanos a un acto que enaltecía los valores de nuestra Constitución. Ni que decir tiene que celebramos que el Nobel Vargas Llosa haya dado su apoyo a esas ideas y a esos valores democráticos.

Cayetana Álvarez de Toledo inició su parlamento con estas palabras: “A esta hora, en las calles de Barcelona, miles de personas están conmemorando una guerra civil. Es un raro ejercicio. Su intención no es que el recuerdo sirva a la razón y a la convivencia. Su intención es que la herida permanezca.” Y más adelante señaló: “lo desde la ignorancia o el fanatismo puede presentarse la Guerra de Sucesión como una guerra de España contra Cataluña.”

Desde luego la Guerra de Sucesión no fue una guerra de España contra Cataluña, como verbalizan los nacionalistas (no todos), y como afirmaron algunos historiadores en un reciente congreso organizado por la Generalitat, que ha sido la vergüenza de la profesión. Pero yo opino que identificar la celebración del 11 de Septiembre de 1714 con una conmemoración de una guerra civil - con “que la herida permanezca”- no es apropiado. Los manifestantes de la Diada de ayer no estaban reivindicando la figura de Rafael Casanova, el ultimo representante de la Generalitat histórica, sino que pedían a gritos la secesión de Cataluña del Estado constitucional español. Ya no usaron la “senyera” tradicional, la que se supone que enarbolaron los “austracistas” catalanes de 1714, sino que agitaban las llamadas “esteladas”, una bandera nueva del actual movimiento independentista. El 11 de septiembre, la Diada, fue un símbolo democrático porque podía significar la supresión de las instituciones propias de Cataluña, que fueron abolidas por Felipe V a causa de que Cataluña, en su mayor parte, luchó a favor del otro pretendiente a la Corona española. Debajo de ese símbolo, de esa “invención de la tradición”, se unió toda Cataluña en defensa de su autogobierno constitucional.

La Diada significó el Estatuto de Autonomía, y no el independentismo catalán. Cayetana Álvarez de Toledo señaló que la ley que institucionaliza la Fiesta del 11 de septiembre fue aprobada por todo el parlamento catalán en los años ochenta. Ella manifestó que fue un error, y que algunos defendieron entonces la fiesta de San Jorge. Ese argumento me recordó el caso de Villalar, como símbolo de los castellanoleoneses. Entonces, los que que estaban en contra del Estatuto de Castilla y León, también una minoría, propuso la fiesta de otro santo. Villalar conmemora otra derrota, en otra guerra civil, pero como en el caso catalán, significa también el recuerdo de unas instituciones perdidas (¿de quién fue la culpa?: esa es otra cuestión.) Uno y otro símbolo pudieron significar las leyes perdidas, y sin duda podrán servir en el futuro para unir a los catalanes dentro de la común convivencia española y europea.

Álvarez de Toledo hizo una reflexión interesante sobre la actitud de la Unión Europea sobre los procesos secesionistas en Gran Bretaña y en España. Se quejó que la UE considere que son “asuntos internos”; suena como “la no intervención” de los años treinta. ¿No es este el reaccionario proceder de una Comisión y un Parlamento Europeo presos en cuestiones nacionales? ¿Podrá el nuevo legislativo europeo abrir un nuevo asunto como el de la incompatibilidad de las leyes europeas con las pretensiones secesionistas?

El día 9 de noviembre España tiene un problema serio. El Estado no se romperá, pero la calidad de nuestra democracia corre un riesgo evidente. ¿Lo ven nuestros representares, en primer lugar, el Presidente del Gobierno? Si Escocia no se separa de Gran Bretaña, como parece, ese hecho frenará el movimiento independentista catalán, y los demás movimientos secesionistas españoles. Canadá, que tiene una constitución basada en el Derecho británico, reguló los referéndums para salvaguardar los valores estatales básicos. Forzado por el caso de Escocia, ¿la Unión Europea buscará unas leyes parecidas? Nuestros parlamentarios europeos deberían tener la iniciativa, y tendrían que buscar aliados en otros países europeos. ¿Saldrán de su ensimismamiento partidario-electoral? Estemos atentos.

Juan José Laborda

Consejero de Estado-Historiador.

JUAN JOSÉ LABORDA MARTIN es senador constituyente por Burgos y fue presidente del Senado.

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