TRIBUNA
Dos españoles de ayer para hoy
martes 16 de septiembre de 2014, 20:14h
Sin más motivo que homenajear a dos catalanes destacados de su tiempo, y olvidados en el nuestro, dedico este espacio a recordar las obras de dos jesuitas, Juan Nuix y Perpiñá y Francisco Javier Lampillas. Nacidos en Cataluña, escribieron obras importantes para defender a su nación, España, de las calumnias que algunos malvados lanzaron sobre su patria, especialmente sobre la labor civilizadora de España en América. ¿Por qué he elegido a estos dos religiosos que carecen de renombre entre un gran número de los que enmarañaron cuartillas? La razón está en sus obras, que escribieron, por así decir, a contracorriente. Es bastante bien conocido que durante el siglo XVIII, la famosa centuria ilustrada, lo común era redactar obras para criticar España, para descalificar tanto su política como su cultura, tanto su pasado como su presente. La crítica en general fue mal planteada y peor argumentada, pero los religiosos, Nuix y Lampillas, expulsados a Italia, fueron de los pocos que tomaron labor de rescatar el valor de España para la cultura universal.
Juan Nuix y Perpiñá contrarrestó uno de los aspectos que más reprobación había provocado: la actuación de los españoles en América. El jesuita Nuix, oriundo de Torá, desde temprana edad ingresó en la Compañía de Jesús y adquirió fama de gran teólogo y humanista. Alcanzó el título de catedrático, cuando hubo de marcharse a Ferrara, Italia, tras el decreto de expulsión de los jesuitas. Es allí donde escribió en italiano Reflexiones imparciales sobre la humanidad de los españoles en las Indias, para ilustrar las historias de MM. Raynal y Robetson, traducidas al latín por el autor y al castellano por el consejero Pedro Varela y Ulloa. El libro defiende la labor de España en América y demuestra al lector un sinnúmero de exageraciones y equivocaciones aceptadas y pronunciadas, como si se tratara de las últimas verdades reveladas, desde los tiempos del celebérrimo y exagerado Bartolomé de las Casas. He aquí un texto que hará remover de sus asientos a muchos de los que se manifestaron el día 11 de Septiembre, en Barcelona, contra España: "Cuando considero que entre las atrocidades cometidas en las Indias por todos los Europeos, las de los Españoles son comunmente las más nombradas; suele ocurrirme, que su misma humanidad es una de las razones porque solo ellos padecen una infamia", y subraya, por si alguien le reprocha de ser parcial: "Diríase que soy Español, y que el patriotismo hace alucinarse. Este sería un modo muy breve (bien que ordinario) de refutar un libro. [...] No obstante ruego a mi lector que reflexione, que yo bajo el nombre de Españoles defiendo comunmente la humanidad de casi solos los Castellanos; y que puntualmente no soy Castellano, sino Catalán." En fin, si le perdonamos al autor que a veces se deja llevar por el calor de la polémica, tenemos en nuestras manos una buena lectura, cuyo estilo es fluido y brioso y que, como nos enseñara el gran Menéndez Pelayo, en su género supera a casi todos los escritos posteriores.
Francisco Javier Lampillas o Llampillas, nacido en Mataró y de cuya vida sabemos poco más, dedicó los seis volúmenes de su Ensayo histórico-apologético de la literatura española a refutar los ataques a la cultura hispana, es decir, de España y de sus reinos del Ultramar. Mucho esfuerzo y más papel habían gastado los ilustrados del XVIII en negar sus logros pasados y presentes en literatura, filosofía, historia y demás ámbitos de ciencias humanas y divinas. El Ensayo, redactado en italiano, respondía a las obras de los abates Tiraboschi y Bettinelli. El primero llegó a incriminar a los españoles que fueron ellos responsables del mayor daño hecho a la elocuencia romana después de la muerte de Augusto. Otra elucubración en boga fue demostrar la influencia maligna de clima de España en el mal gusto literario. Lampillas prueba en su obra que Italia debe a España la restauración de las letras en el siglo XV y señala las omisiones de Tiraboschi de los españoles que escribían en Italia en aquella época. Junta los nombres de españoles que tuvieron éxito y ganaron renombre en las universidades extranjeras, recupera los nombres de los más ilustres jurisconsultos españoles del XVI, de los filósofos, médicos, matemáticos, eruditos, orientalistas, hebraizantes, helenistas, historiadores, músicos y poetas. Se enfrenta a la opinión, difundida por los franceses, acerca de que la quinina fue descubierta por el académico La Condamine en el XVIII, pero la verdad es que se curaban con ella ya en el XVII. Avivado el ingenio de Lampillas por el calor de la disputa, él escribió uno de los libros más notables de su época, a veces muy sofisticado, pero sumamente útil para no volver a preguntarnos como Masson en la Enciclopedia: "¿Qué se debe a España?"
Ya digo, dos catalanes, dos españoles, del siglo XVIII aún siguen vivos en el siglo XXI. Y si no me creen, lean lo que escribe largo, tendido y con estilo insuperable el grandioso humanista Menéndez Pelayo.