TRIBUNA
El Estado Islámico de Cataluña
Ignacio Fernández Candela
lunes 22 de septiembre de 2014, 20:02h
Escocia decidió con buen criterio, pero da igual para los prebostes de la quimera secesionista. Quienes pretenden llevar a Cataluña hacia la senda definitiva del desastre, han transitado ufanos durante décadas por el camino de las corruptelas históricas hoy al descubierto. En consecuencia, serían capaces de entregar a los catalanes bajo las banderas de la media luna, con tal de conseguir esquivar la Justicia española que legítimamente puede encausarlos y no primordialmente por su rebeldía soberanista. Antes subyacen otros delitos pertenecientes a la delincuencia común. Cataluña es una impresión equívoca de estatalidad, siendo primordialmente un espejismo nacionalista: el reflejo de las irregularidades de un clan político que la ha esquilmado con profunda y perjudicial desfachatez. Eso es Cataluña al día de hoy sin los remilgos independentistas.
El Pacto del Tinell, con la consecuencia destructiva del Tripartito, dio para muchas milongas que terminaron arruinando Cataluña, siendo en el 2014 la autonomía más endeudada de España. Mas culminó la obra del saqueo. Ahí radica la premura por decidir un destino con alivio, primordialmente, de los responsables del desastre.
Cataluña nos lleva de corrido a la remembranza del 6 de Octubre de 1934 cuando Lluís Companys proclamó el estado catalán, diez horas antes de que la República española ,bajo la presidencia de Niceto Alcalá Zamora, aplastase con dureza la osadía de la sedición. Ahora los elementos insurrectos son distintos, pero el error continúa siendo el mismo y Rajoy desempeña el rol presidencial obligado a defender la integridad territorial. Así regresamos al sumidero de nuestra más nefasta historia con las mismas intenciones singularmente tabernarias y egotistas de entonces, esta vez contra un Reino como lo fue entonces frente a la instaurada II República, de rondón, en 1931.
Seamos consecuentes frente al descubrimiento reciente de la ruina catalana. España no es un pedazo de tierra sino la base de convivencia social que ha mantenido nuestra paz durante cuarenta años, después de una tumultuosa sucesión de derroteros que durante siglos han sido convulsos hasta la época constitucionalista de consenso que amenaza con llegar a su fin. El pulso de la delincuencia común ,disfrazada de ambición política, no puede ser ganado por los estafadores que acabarían desintegrando la vital supervivencia de la hermosa Cataluña. Dejarla a merced de sus endógenos depredadores no sería ético ni práctico, considerando que se pretende un perjuicio contra la misma España a la que está también emocional, como prácticamente, vinculada una mayoría de catalanes.
Invocando sentimientos aislacionistas nos metemos en el callejón sin salida de la incoherencia que choca frontalmente con la practicidad de las convivencias. Quienes sienten ingenuamente tan expresas emociones, no saben lo que se cuece tras la taimada sedición. La beligerancia nace de un sentimiento nacionalista al que se le oculta la razón de ser de esas proclamas, porque existen intereses ocultos que afectan a las decisiones soberanistas sin que los ciudadanos los sepan.
Cuando han empezado a emerger esas codicias que estafaron durante casi cuatro décadas, la huida hacia adelante es inevitable para la maquinaria independentista, pues de otro modo nos encontraríamos ante una acción delictiva sin disimulos que debería ser punible. Un trincar puro y duro, sin eslóganes de autosuficiencia nacional.
Las proclamas sentimentalistas poseen poco del pragmatismo de coexistencia deseable ,bajo el común imperio de la ley, que ha de regir el orden de nuestros destinos con cierta capacidad organizativa y en beneficio redundante de la mayoría respetando los intereses minoritarios. Un matiz que pasa por alto cuando, sin respetar los intereses mayoritarios, una minoría pretende el redundante beneficio que otorga salirse de los cauces de la ley, apelando a algo tan sublime como la emoción de las gentes por una Cataluña libre, ¿para encubrir algo tan bajo e irregular como es la corrupción de los políticos catalanes?¿Dónde iría una Cataluña independiente y sin control, en manos de los que la han rapiñado con solo competencias autonómicas?
El catalán no debería engañarse cavando la fosa de su futuro. Cataluña es libre, desde siempre en democracia, siendo prisionera del fanatismo de corruptelas construido a propósito para justificar la delictiva trayectoria de la autonomía en las zarpas del clan Pujol o de la herencia política del gasto descontrolado e incrementado por la impunidad con la que se ha actuado, con claro desfalco de las arcas y despilfarro injustificable con o sin ese halo redentorista del nacionalismo sentimentaloide. Estafa a secas, desde Cataluña y contra Cataluña.
Con todo el meollo de la cuestión nacionalista a todas luces delicuescente, hay que disfrazar la intencionalidad procurando un debate radical de cara al 9-N, ante una Ley que en teoría debería actuar sin cortapisas con una inmediata suspensión de la autonomía y la detención de los impulsores de la segregación delictiva.El ministro Margallo no va de farol. Nadie quiere medidas taxativas conscientes todos de la delicada situación que podría desembocar en beligerancias mayores, aunque se está llegando a la estación término, a un punto de inflexión de esas amenazantes rebeldías. La situación es delicada,sí, pero seguro que hay maneras de solventar la tensión dejando en evidencia a los verdaderos causantes del empobrecimiento catalán.
El proceso de islamización europeo está en marcha con un índice de natalidad tan bajo que contrasta con el incremento del musulmán que en unas décadas permitirá una influencia mayoritaria con el declive de lo occidental. La reconquista árabe procede, paulatinamente, sin prisas pero genéticamente asentada cada década, en espera de la oportunidad de irrumpir electoralmente y obrar los cambios radicalizados que conlleva un metamorfosis como la que experimentaremos, a este indolente paso europeista, de manera irremediable. Justo lo que pretende Podemos en el extremismo político, aprovechando el desgaste del sistema.
El Estado Islámico ambiciona acelerar el proceso con una salvaje cruzada, pero en Cataluña todo serían facilidades cediendo catedrales para convertirlas en mezquitas o alimentando la inflluencia islámica por diluir el concepto de lo español.
Junqueras y su marioneta, Arturo Mas, se aliarían con el Estado Islámico si con ello ganaran la independencia. Cortar cabezas no es problema si salvan las suyas. Por lo pronto, ya están dispuestos a financiar la enseñanza del islamismo en las escuelas si Marruecos apoya la independencia. No hay límites, ni escrúpulos, ni vergüenza. Tampoco hay salida, así cedan una catedral para convertirla en mezquita o faciliten una inclusión cultural fagocitante hasta de la misma veleidad independentista.
Tanta complejidad multicultural para esconder la simple cultura del trinque que ha predominado contra Cataluña desde Cataluña. Es más probable que Cataluña se constituya en estado islámico que en catalán. Pero hasta que lo primero suceda aún habrá de pasar tiempo, esperemos.
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Escritor-Crítico literario
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