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TRIBUNA

Cataluña : La quinta proclamación

Francisco Delgado-Iribarren
miércoles 01 de octubre de 2014, 20:21h
Cuatro veces se ha proclamado Cataluña independiente, república, Estado o algo así. Será por proclamar. Todo lo que tiene que ver con clamar es muy de los españoles, incluidos, por supuesto, los catalanes, que son tan españoles como los que más. Clamar y sus derivados, es decir, reclamar y proclamar, son verbos que en el ruedo ibérico conjugamos continuamente.

Las cuatro proclamaciones unilaterales catalanas tienen rasgos en común muy definidos. Todas ellas duraron muy poquito tiempo, unas horas la que menos y seis días la que más. Todas ellas se hicieron en medio de una situación política convulsa y, lo que es más importante e incluso inquietante, todas ellas se hicieron aprovechando un momento específico de máxima vulnerabilidad del Estado español.

Pau Claris ostenta el honor independentista de ser el primer político, amén de religioso, en proclamar la República catalana. Fue el 17 de enero de 1641. Al canónigo de la Seo de Urgel no se le cayeron los anillos por que la festividad del Corpus Christi del año anterior se convirtiera en el Corpus de Sangre, dando origen a la sublevación de Cataluña. Un estallido violento del que hoy están orgullosos todos los que entonan Els Segadors, que repite hasta nueve veces en su estribillo: “¡Bon cop de falç!” Un ingenuo castellano dirá, ¡qué bonito suena!, pero se quedará más intranquilo cuando descubra que esto significa “¡Buen golpe de hoz!”, en referencia a los degollamientos, tipo Estado Islámico, que los campesinos rebeldes practicaban sobre los ufanos castellanos.

“¡Retroceda esta gente tan ufana y tan soberbia!” No lo digo yo, lo dicen Els Segadors, y a uno no le duelen prendas por reconocer que detectaron muy pronto uno de los pecados capitales típicos de los españoles (aunque ya se sabe que amamos los siete). Sin embargo, tampoco se me caen los anillos por señalar que los pecados capitales se contagian más rápido que el ébola, y que basta con ver las comparecencias públicas de Artur Mas o de Francesc Homs para darse cuenta de que el contagio está hecho.

Pau Claris aguantó solo seis días con la República independiente (el récord hasta la fecha) antes de proclamarse sumiso al rey Luis XIII de Francia, monarquía con la que España estaba en guerra por treinta años. Al final españoles y franceses pactaron y catalanes se quedaron con un palmo de narices y, para más inri, sin el Rosellón, sin el Conflent, sin el Vallespir y sin una parte de la Cerdaña. Salieron perdiendo.

Los siguientes molt honorables independentistas en proclamar el Estado catalán fueron el andaluz José García Viñas y el francés Paul Brousse. A estos les pasa como al gallego Antonio de Villarroel, héroe junto al mitificado Rafael Casanova de la defensa de Barcelona el 11 de septiembre de 1714, que por sus orígenes lejanos no han entrado a formar parte del firmamento de la estelada. Fue en los primeros meses de la desastrosa I República, concretamente el 5 de marzo de 1873, la aventura duró dos días y terminó con un trueque de catalanes en la presidencia de la República: Figueras dio paso a Pi y Margall.

Si con la I, una, con la II, dos. Dos tazas, como se diría hoy. La II República, al menos el doble de desastrosa que la I, se estrenó con proclamación de la República Federada Catalana. El visionario: Francesc Macià, líder de ERC, antecesor en el cargo de Lluis Companys, de Carod-Rovira y de Oriol Junqueras, entre otros. En pocos días los prohombres republicanos le metieron en la vereda de la Generalitat. Salieron ganando provisionalmente: un año más tarde tenían su primer Estatut, el de Nuria. Pero en la II República todas las felicidades duraban poco.

Y aprovechando que la revolución pasaba por Asturias, al día siguiente, 6 de octubre de 1934, Lluis Companys proclamó por cuarta y última vez, por lo menos al cierre de esta columna, el famoso Estado catalán. Esta cuarta fue la más efímera y a la vez la más violenta, trágica y virulenta de las proclamaciones. Estado de guerra, combates nocturnos de los Mossos de Esquadra contra el ejército de la República, al menos cuarenta y seis finados, todo el gobierno catalán detenido a la mañana siguiente… Y la tragedia en diferido del temerario de Companys, que una vez en su exilio en Francia fue capturado por la Gestapo, entregado a las autoridades del nuevo régimen franquista y fusilado en Montjuic el 15 de octubre de 1940.

Con estos tristes precedentes, a veces patéticos y a veces trágicos (o tragipatéticos), lo normal es pensar que habrá una quinta proclamación de la República catalana, dado lo poco propensos que somos los españoles al sentido común y al respeto a la ley. Lo único que me consuela y estimula es que, si Dios quiere, este observador político sí que estará aquí, esta vez, para observarlo. “¡Ya es hora de estar alerta! ¡Afilemos bien las herramientas! ¡Que tiemble el enemigo!” No lo digo yo, lo cantan Els Segadors.
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