El malo de la película siempre es el mismo
lunes 19 de mayo de 2008, 21:07h
Cuando nuestros más granados periodistas de fondo se aplican a considerar lo que hace -o no-, en qué consiste -o no-, la política de España en el Estrecho de Gibraltar y “aledaños”, la sombra alargada de Rebeca (Marruecos) se proyecta inexorablemente sobre el panorama en entredicho.
Con Túnez o Mauritania, existe el principio de la “lenidad” de estos dos países magrebíes, (e incluso, si se me apura, con Argelia). A ellos cabe ignorarles, e incluso, ser indulgente cuando yerran, como si se tratara de algún pecadillo que pudieran cometer en el ejercicio de su proyección exterior.
Ahora bien, en lo que concierne a Marruecos, poco -cuando no nada- cabe intentar explicarse desde dentro de la historia pasada y presente de nuestro vecino territorial por excelencia. Como si Marruecos estuviera desposeído de ella y fuese un país sin memoria histórica.
Porque parece como si cada decisión u omisión procedente de Rabat fuese sólo concebida para dañar los intereses de Madrid. “Todos mis males proceden de Londres”, o algo muy parecido, escribió Napoleón Bonaparte en el diario que redactó durante su remoto destierro en Santa Elena. La frase del emperador podría fácilmente volcarse en España del siguiente modo: “Todos nuestros males proceden de Rabat”.
Voy a referirme a dos botones de muestra periodísticos que son representativos de una cierta maurofobia ancestral que anida, involuntariamente, en columnistas -y de fuste, además-.
El primero de ellos se debe a la pluma de mi colega y, sin embargo, amigo Florentino Portero (ABC, 24 de abril, 2008). En su tercera de ABC, Florentino cree y dice que allí donde (Marruecos) ha presionado (por ejemplo, en aguas del Estrecho), se ha cedido. Suponiendo que el aserto correspondiera a la realidad de lo que viene sucediéndole a Madrid al sur de Tarifa, cabría recordarle que ocurrió otro tanto durante los años dorados -e incluso, los ominosos- del ciclo político marcado por la presidencia de Felipe González, por no hablar de los dos mandatos que compitieron a J. M. Aznar, que también estuvieron marcados por el factor Marruecos.
Permítasenos lanzar la pregunta retórica de ¿por qué ha sido así? Pues porque, como en cualquier escenario de vecindad geofísica, histórica y cultural real, no todo son allí panales repletos de rica miel, ni jardines de Epicuro. El peso de la historia es así de grávido (¡qué le voy yo a subrayar a mi competente colega, que él ignore sobre el “peso de la historia” en el transcurso de las relaciones internacionales!). Pesa, deforma... y es reversible.
En cuanto al segundo botón de muestra, se trata de una columna de opinión que ha publicado el no menos conocido Baltasar Porcel no hace mucho (La Vanguardia, 15 de abril, 2008).
Aunque las líneas de Porcel en esa columna son un pretexto para poner a caldo a tirios y a troyanos (en particular si esos contendientes son clasificables como catalanes/catalanistas de izquierda), no deja Porcel de remitir en su columna al equívoco -y feudal- reino de Marruecos. Ello con motivo de una ofrenda floral que el presidente del Gobierno de Cataluña -secundado por Carod Rovira- han hecho recientemente en la tumba rabatí del fenecido Hassan II. Vivir para ver.
No todo el mundo tiene que saber de historia, ni tampoco de historia de las relaciones internacionales. Ahora bien, moverse obsesivamente en torno a unos cuantos tópicos y contribuir a su cultivo, no nos parece un ejercicio sano, ni esclarecedor, del zigzagueante proceso que acerca y distancia a los países y a los pueblos según sople el viento predominante.
|
Historiador. Profesor emérito (UNED)
VÍCTOR MORALES LEZCANO es director del Seminario de Fuentes
Orales y Gráficas (UNED) y autor de varias monografías
sobre España y el Magreb
|
|