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Y DIGO YO

¿Hasta dónde llega la desobediencia de Mas?

Javier Cámara
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javiercamaraelimparciales/12/12/24
jueves 02 de octubre de 2014, 20:01h
Actualizado el: 10/03/2014 00:47h

Mas dice que el proceso para celebrar la consulta sigue adelante. Con él, el Parlamento catalán demostró su desobediencia total al Tribunal Constitucional al votar la composición de la Junta Electoral. Mas juega con fuego porque eso es ilegal. Pero parece que no le importa. Dice que es la hora de dar la batalla jurídica.

Bien está presentar alegaciones para defender la legalidad de la ley de consultas autonómica y del decreto de convocatoria si así se entiende, pero no se puede desafiar al Gobierno y al Constitucional, que ordenó la suspensión total del proceso soberanista, con la designación de la junta Electoral. La Abogacía del Estado ya lo está estudiando.

Pero, por otra parte, muchas personas, miles de convencidos, salen a la calle y reivindican su derecho a decidir a pesar de que se les ha explicado hasta la extenuación que no puede ser, que no tiene cabida la medida en el ordenamiento jurídico, que la Constitución no lo permite. Es difícil saber si salen aborregados por ignorancia de la realidad o por no dar el brazo a torcer ante lo que ya consideran un reto o una lucha.

Lo que está claro es que el presidente de todos los catalanes, el de los que quieren la independencia y el de los que no, empecinado en un objetivo irreal, sigue enviando mensajes equivocados a la ciudadanía que pueden tener consecuencias muy graves entre los que quieran seguirlos.

Y digo yo: ¿Hasta dónde puede llegar la insumisión de Artur Mas? ¿Hasta cuándo seguirá el presidente de la Generalidad con el doble discurso? ¿Hasta cuándo van a seguir con manifestaciones reivindicativas de algo ilegal? ¿Se hará Mas responsable de lo que le pueda ocurrir a personas que, haciéndole caso, cometan algún delito?

Es difícil prever hasta qué punto podrá tensar la cuerda Mas y cuánto tiempo aguantarán sus seguidores en las calles, pero se tienen que preparar mental y físicamente porque el Tribunal Constitucional ya ha avisado de que necesitará varias semanas para resolver sobre suspensión de la consulta soberanista. Lo que todos esperamos es que no se llegue a la violencia ante el inevitable sentimiento de fracaso y frustración.

Mas dice a Rajoy que hay que pactar, que si no es un inmovilista, pero sus posturas separatistas no se tocan, es decir, es él el que no se mueve de sus posiciones. Al final, da igual lo que se negocie, lo que se acuerde, lo que se trate o pacte, los nacionalistas no van a estar contentos. Seguirán pidiendo y pidiendo hasta conseguir sus objetivos por agotamiento y si es así, después, al día siguiente, seguirán pidiendo.

Y vuelvo a decir yo: ¿Se convocarán finalmente las elecciones? ¿Qué va a hacer ERC después de destruir CiU? Y lo más importante, ¿cómo va a reaccionar la calle cuando se dé cuenta de que Mas les ha engañado?

Difícil escapatoria la del president, al que probablemente no le quede otra salida que asumir su fracaso adelantando elecciones, hundiendo con ello a CiU y elevando casi a partido de Gobierno a los hasta ahora socios de ERC. Con ello se conseguirá una radicalización del discurso catalán o todo lo contrario, es decir, cansancio, aburrimiento y hastío.

Mas lo pagará caro. En el mejor de los casos se olvidarán de él y, por supuesto, no pasará a la Historia como el presidente de la Generalidad que llevó a Cataluña a la independencia o, en el peor de los supuestos, le correrán a gorrazos hasta… ¿Liechtenstein?

Javier Cámara

Periodista

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