Selección, prólogo y traducción de Matías Serra Bradford. Edhasa. Barcelona, 2014. 232 páginas. 15,50 € Por Carmen R. Santos Nacido en una familia pródiga en personajes descollantes, empezando por sus abuelos, el paterno, Thomas Huxley -gran biólogo-, y el materno, Matthew Arnold -un reputado poeta y crítico-, y siguiendo por su padre, Leonard -también biólogo y director de la reconocida revista Cornhill Magazine-, y su madre, Julia -que forma parte del selecto grupo de las primeras mujeres admitidas en la Universidad de Oxford-, el británico Aldous Huxley (1894-1963) estaba destinado a no bajar el listón. Tras recibir una esmerada y exigente educación en las mejores escuelas de su país, tuvo un brillante debut novelístico con Los escándalos de Crome, acogida con entusiasmo por escritores de la talla de Francis Scott Fitzgerald. Así, sin duda, Huxley no solo estuvo a la altura de su familia, sino que la superó al auparse como uno de los grandes clásicos de la literatura del siglo XX. Para muchos lectores, Huxley es prácticamente solo el autor de Un mundo feliz, publicado en 1932, y una de las más célebres distopías, que toma su título con gran sarcasmo del discurso que pronuncia el personaje de Miranda en La tempestad shakespereana. En esta novela, que tuvo un enorme impacto, se dan cita todas las cualidades de Huxley, presididas por una gran inteligencia, una vasta cultura y una fina ironía. Es difícil olvidar esa sociedad feliz, compuesta por personas transformadas en poco menos que autómatas, en la que nos sumerge Huxley, donde los avances tecnológicos han arrasado con las humanidades, y la libertad ha sido enterrada en lo más hondo del baúl de los recuerdos. Antes de Un mundo feliz, que le reportó tanta fama, el autor inglés había dado a la imprenta Contrapunto, obra culmen de la denomina novela intelectual o novela de ideas. La obra es una magistral traslación del contrapunto musical a la literatura mediante la alternancia de acciones simultáneas que avanzan en paralelo. En Contrapunto, Huxley logra poner en pie una historia que, sin apenas acción, repleta de diálogos y agudos soliloquios y conversaciones entre sus personajes -algunos inspirados en figuras reales, como el escritor D.H. Lawrence-, consigue atraparnos con su tan feroz como refinada ironía que pone sobre la mesa las contradicciones individuales y colectivas. Pero, más allá de Contrapunto o de Un mundo feliz, Aldous Huxley cultivó con notables resultados el cuento, pese a que su contribución a este género haya quedado un tanto olvidada. Para recordárnosla, Edhasa ha tenido el acierto de poner al alcance de los lectores españoles esta selección de sus relatos, al cumplirse el cincuentenario de su muerte. Componen el volumen ocho cuentos, escritos entre los veintiocho y los treinta y dos años, que muestran la enorme capacidad de observación de su autor y su habilidad para dotar de reveladores significados a historias aparentemente banales, como sucede aquí, por ejemplo, en “La librería” o en “La familia Claxton”. Especialmente logrados son “El pequeño mexicano” o “Túneles verdes”, en torno a la fascinación que ejerce Italia sobre un grupo de ingleses, en buena medida carentes de vitalidad. Hay que advertir que la traducción incluye numerosos argentinismos que a los lectores españoles les pueden resultar un tanto chocantes. Merece la pena, sin embargo, descubrir o redescubrir al Huxley cuentista.
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