Se trata de una de las colecciones privadas más importantes del mundo.
Ciento sesenta obras de las quinientas que forman parte de la colección de arte de
Juan Abelló y Anna Gamazo - aproximadamente un 30 por ciento- pueden verse por primera vez en
CentroCentro Cibeles en una exposición que resume cinco siglos de arte.
La estigmatización de San Francisco, de
El Greco, da comienzo al recorrido como un guiño al cuarto centenario de la muerte del pintor cretense para dar paso a una sala dedicada a dibujos y pinturas que retratan la cotidianidad del Madrid del siglo XIX, entre las que destaca una acuarela y lápiz sobre papel de David Roberts del altar mayor de la Colegiata de San Isidro.
Los siglos XV y XVI están representados por óleos como
Virgen de la leche, de Cranach el Viejo, o
Bautismo de Cristo, de
Juan de Flandes, así como por dibujos de Alonso Berruguete y Diego de Siloé. Interesa prestar atención en esta sala a unas pinturas religiosas que fluctúan entre el rigor románico y bizantino y las nuevas propuestas compositivas, de perspectiva y de creación de espacio del Renacimiento.
La huella del naturalismo es posible encontrarla en
La familia de la Virgen (1630-1635), de
Zurbarán, en la que los padres de la Virgen han sido tratados por el pintor con un realismo alejado del halo celestial con el que los pintores precedentes habían representado a las figuras religiosas.
Zurbarán y
José de Ribera son dos de los artistas incluidos en la sala dedicada al naturalismo, en la que también han sido expuestos dibujos de
Alonso Cano y Murillo. El dibujo, pues, tiene en esta exposición un papel preponderante, lo que denota las preferencias de los propietarios de la colección siendo, además, esta disciplina una de las más interesantes de observar, ya que es en ella en donde residen las claves del proceso creativo de sus autores.

Las
vedute italianas de Canaletto y Guardi, un género afín al paisajismo que era muy apreciado en el siglo XVIII como objeto de recuerdo para viajeros extranjeros, comparten sala con tres retratos de
Goya: uno a lápiz de Josefa Bayeu, su mujer, y dos óleos de sus consuegros. Su cuñado y mentor Francisco Bayeu también tiene su espacio con
Alegoría de la virtud y el honor, así como Luis Meléndez, pionero del bodegón en España.
El
siglo XIX es una de las etapas pictóricas mejor representadas por la selección de obras reunidas, entre las que figuran ejemplos de la atracción que despertó el orientalismo en los artistas de la época, como es el caso de
Fantasía árabe, de
Fortuny. Si bien, son también años de profundos cambios compositivos y técnicos al plantearse la ruptura con el academicismo imperante e irrumpiendo, por tanto, propuestas como el impresionismo, entre cuyos pioneros en España está
Darío de Regoyos, presente en la muestra con un paisaje que parece anunciar el puntillismo.
De Regoyos, sin embargo, no goza de la fama de otros grandes de la pintura española del siglo XIX como
Sorolla, Joaquín Mir y Rusiñol, quienes dan paso con sus obras al carboncillo y pastel sobre papel
Después del baño, de
Degas, y al retrato
Mujer en un café de Toulouse-Lautrec al tiempo que el recorrido cita al posimpresionismo con tres obras de Bonnard y el dibujo
Cabeza de una campesina de Van Gogh.
Ya en el
siglo XX, una escultura de una cabeza firmada por
Modigliani, cuya factura remite indudablemente a formas primitivas, y una pintura del universo imaginario de Chagall anuncian el comienzo de las vanguardias, entre cuyos primeros representantes está el fauvista Matisse y entre sus principales revolucionarios
Picasso y Braque, padres del cubismo y artífices de la simultaneidad de la visión y la ruptura del espacio. No extraña, por tanto, que la colección de Abelló y Gamazo cuente con obras del prolífico pintor malagueño que recorren su trayectoria hasta llegar a las puertas de su muerte con la obra
Busto, fechada en 1971, dos años antes de fallecer.
De 1942 datan
Rostro invisible, de Dalí, y
Mujeres, pájaros y estrellas, de
Miró, con quienes el recorrido repasa el surrealismo no sin antes citar el expresionismo con dos obras de Klee o Munch, y la abstracción a través de un dibujo de Kandinsky.
El informalismo de
Dos manchas simétricas, de Tápies, y
Humboldt en el Orinico, de Millares, ambas de los años 60, ponen el acento en un periodo dominando por el expresionismo abstracto, como demuestran otras piezas reunidas, véase
Homenaje a Picasso (1974), de Miró, y
Negro, rojo, negro (1968), de
Rothko.
La nueva figuración de la obra de
Francis Bacon da por concluida la exposición dando protagonismo a uno de los pintores más cotizados en el mercado del arte. Del artista estadounidense han sido incluidas cuatro obras: una temprana composición fechada en 1933, tres estudios para un retrato de Peter Beard y un estudio para un retrato, ambas de la década de los 70, y un tríptico de gran formato, de 1983, en el que el artista explora la angustia que aflige a un individuo oprimido por un espacio dominado por la fuerza expresiva del color rojo.
Información sobre la exposición:Lugar: CentroCentro Cibeles, sede del Ayuntamiento de Madrid.
Fechas: del 2 de octubre al 1 de marzo.
Horario: de martes a domingo de 10:00 a 20:00 horas.
Entrada: 6 euros (gratis primeros martes de mes)