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EPPUR SI MUOVE

Lo último sobre el ébola

jueves 09 de octubre de 2014, 20:43h
Actualizado el: 10/09/2014 23:37h

Decía Einstein que “hay dos cosas infinitas: el universo y la estupidez humana; y del universo no estoy seguro”. No hay más que ver si no la ola de miseria y estupidez que se ha apoderado de muchos a raíz del caso de de la enfermera contagiada por Ébola. El último en subirse al carro es el consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid, que ayer poco menos que culpaba a la enfermera del Carlos III de todo tipo de negligencias por culpa de las cuales se habría contagiado. Al mismo tiempo, los sindicatos y la izquierda echaban la culpa al Gobierno, y las redes sociales se llenaban de comentarios miserables sobre lo malo que había sido traer a dos misioneros españoles a ser tratados en su país, España. ¿Si fueran miembros de alguna ONG se habrían quejado también?

Misioneros y personal sanitario siguen con su impagable labor en África. Siempre lo han hecho. No luchan sólo contra el Ébola, sino contra otras enfermedades y, especialmente, la pobreza y el hambre. Ocurre que éstas últimas no son tan contagiosas, y quizá por eso Occidente tiende a ignorarlas. Pero claro, cuando el bicho del Ébola viaja hasta el primer mundo, ahí sí que saltan todas las alarmas. Alarmas que, dicho sea de paso, tienen a veces más de alarmismo que de veracidad. En 2009, la OMS alertó de que una tercera parte de la población mundial podría estar afectada por la gripe AH1N1, más conocida como “gripe A”. La entonces ministra de Sanidad, Trinidad Jiménez, anunciaba que el Gobierno había encargado 37 millones de dosis de vacunas al precio de 266 millones de euros. Un año después, apenas 3 millones se habían vacunado. Se guardaron unas pocas, otras se donaron y el resto se destruyeron. Fin de la historia.

Por otra parte, la ministra de Sanidad sabe tanto de medicina -es licenciada en políticas- como un servidor de hacer punto de cruz. Sí sabe, en cambio, de laminar la sanidad pública, eso en lo que son expertos sus compañeros de la Comunidad de Madrid. El primer misionero infectado por Ébola, el padre Pajares, fue ingresado en un hospital que estaba siendo desmantelado -el Carlos III- por culpa de los recortes. Sus trabajadores, sumamente cualificados, fueron diseminados por toda la Comunidad, al punto de que en el momento de ingresar al enfermo hubo que recurrir con métodos que rozan la coacción a personal de La Paz al que apenas sí se había formado. Tampoco los medios eran los más adecuados, y el protocolo -ayer mismo se cambió- era manifiestamente mejorable.

¿Qué pasará a partir de ahora? Nadie lo sabe a ciencia cierta. Pero ha sido todo un descubrimiento ver cómo el virus del Ébola era capaz de retratar a tanto miserable. Soy el primero en denunciar a quienes intentan lucrarse a costa de la salud de los demás, y me parece igual de malo que el Ébola prostituir la sanidad pública con privatizaciones indecentes. Pero tampoco es de recibo hacer demagogia a costa de ello sólo por resentimiento político. Luego están los que se manifiestan para que no sacrifiquen al pobre perro de la enfermera -ojalá pudiera salvarse el pobre animal, que no tiene culpa de nada- pero nada dicen de ese asesinato ruin de miles de seres humanos en pequeñito que es el aborto. Ninguno de ellos se contagiará, porque están ya tan enfermos de odio que no les cabe un solo patógeno más.

Antonio Hualde

Abogado

ANTONIO HUALDE es abogado e investigador de la Fundación Ortega y Gasset

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