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ORIENT EXPRESS

El terrorismo en Yemen

Ricardo Ruiz de la Serna
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ricardo_ruiz_delasernayahooes /22/22/28
sábado 11 de octubre de 2014, 19:28h
Actualizado el: 10/12/2014 19:40h
El enfrentamiento entre sunníes y chiíes que está sacudiendo Oriente Medio tiene varios frentes de batalla. Uno de ellos en Siria. El otro es Irak. El tercero –y tal vez el menos conocido- es Yemen. Allí, frente a las costas de África, Arabia Saudí y la República Islámica de Irán luchan por la influencia sobre un territorio que comparte 1458 kilómetros de frontera con el reino de la Casa de Saud y casi 300 con Omán, uno de los principales aliados de Estados Unidos en la región. Del mismo modo que el conflicto sirio y el iraquí llevan la guerra a los confines de Irán y desestabilizan sus fronteras occidentales, el caos en Yemen crea tensiones en la frontera sur de Arabia Saudita, uno de cuyos intereses en la región es la unidad territorial del Yemen.

El 65% de los yemeníes son musulmanes sunníes y el 35% son chiíes de la secta zaidí. En el pasado hubo una próspera comunidad judía hoy desaparecida del país. La división entre chiíes y sunníes se complica por las adscripciones tribales de los líderes, más poderosas que el vínculo de ciudadanía con el Estado. Hasta ahora, los intentos de vertebrar un Estado que integre a sunníes y chiíes han fracasado y Yemen se ha convertido en el campo de batalla de las dos ramas del Islam y sus respectivos valedores en el mundo islámico: Irán y Arabia Saudí. Por si no fuese bastante complicada la situación, el salafismo yihadista crece en el sur del país.

A lo largo del mes de septiembre, los rebeldes Houthi –chiíes de la secta zaidí discriminados durante décadas en el país- avanzaron sobre la capital Saná, derrotaron a las milicias sunníes y a los salafistas de Ansar Al Sharia que trataron de resistir y tomaron la ciudad el 22 del mes pasado. Después, derrocaron al primer ministro, ocuparon el Ministerio de Defensa, la televisión pública y el banco central. El presidente Abou Rabbu Mansour Hadi tuvo que firmar el acuerdo que los rebeldes dictaron y que Naciones Unidas auspició. Así, el presidente aceptaba nombrar un nuevo primer ministro, una reducción del precio de los carburantes y cierta descentralización del poder.

Los Houthi llevaban sublevados desde 2004 y hasta 2010 libraron una guerra despiadada contra el régimen de Ali Abdulah Saleh. Entonces, llegaron las llamadas “primaveras árabes” y el presidente fue el tercero en caer después de Ben Ali en Túnez (2010) y Mubarak en Egipto (2011). Fue la ocasión que los Houthi estaban esperando para participar del poder que los discriminaba por ser chiíes. Con el apoyo iraní, los Houthi continuaron la rebelión so pretexto de los elevados precios del combustible, la corrupción y los malos gobernantes. Es cierto que el gobierno de Mohamed Salem Basidwa era ineficaz a la hora de acometer el problema del paro o de reactivar la economía. Sin embargo, el problema es más profundo. Los rebeldes actúan apoyados por Teherán y su agenda –que muchos yemeníes podían compartir- está subordinada a los intereses de la Revolución Islámica iraní.

Así, la caída del gobierno de Salem Basidwa y el creciente poder de los Houthi ha roto el consenso básico que propició la caída de Saleh en 2011 y ha reabierto los enfrentamientos interreligiosos entre sunníes y chiíes. Aquéllos temen la venganza de éstos.

Frente a la rebelión Houthi, se alza el terrorismo de Al Qaeda en la Península Arábiga. Desde su nacimiento, la organización terrorista ha sido muy activa en la región. No se debe olvidar que la propia familia de Bin Laden es originaria de Hadramaut, una región fronteriza entre Arabia Saudí y Yemen. En el puerto yemení de Aden, el 12 de octubre de 2000, dos terroristas suicidas atentaron contra el destructor USS Cole y mataron a 17 marineros. Antes, el 3 de enero de 1999, habían intentado atacar el USS The Sullivans. Durante casi 20 años grupos como la Yihad Islámica de Egipto, el Grupo Combatiente Libio, el Grupo Islámico Armado argelino y Hamás, entre otros, tuvieron una presencia notable en el país y miles de yemeníes fueron a combatir en Afganistán y se unieron a los talibán o al propio Bin Laden. Hoy, Yemen es uno de los bastiones de Al Qaeda en la Península Arábiga contra quien los Estados Unidos libran una guerra tecnológica con drones como los que acabaron con Anwar Al Awlaki o Samir Khan, el editor de Inspire, la revista de Al Qaeda. El grupo terrorista es especialmente fuerte en el sur del país, donde opera a través del grupo Ansar Al Sharia, pero tiene capacidad para cometer atentados en todo el país. El pasado 28 de septiembre atacaron la embajada de los Estados Unidos en Saná con cohetes.

Así, el proceso de transición política que comenzó en 2011 con el derrocamiento de Ali Abdulah Saleh está en serio peligro después del atentado suicida del pasado 10 de octubre en Saná, que ha matado a cincuenta personas –entre ellas cuatro niños- y que distintas agencias de inteligencia han atribuido a Al Qaeda. Es el segundo en menos de un mes. El día 29 de septiembre un terrorista suicida vinculado a Al Qaeda en la Península Arábiga atentó con un coche bomba contra un hospital que servía de base a los chiíes. Mató como mínimo a 15 personas.

Yemen es un ejemplo del fracaso de la comunidad internacional a la hora de apoyar los cambios surgidos de las llamadas “Primaveras árabes” y de las consecuencias que los juegos de poder en la región terminan teniendo en uno de sus países. La necesaria ayuda de Irán en la lucha contra el Estado Islámico en Irak ha dado a Teherán impulso para apoyar a los Houthi, que ahora controlan Saná y pueden crear un foco de tensión religiosa en la frontera sur de Arabia Saudí. Hace pocos días, la periodista galardonada con el Nobel de la Paz 2011, Tawakkool Karman, denunciaba en Twitter y Facebook que un grupo de Houthi habían asaltado su casa después de la firma del acuerdo que impusieron al gobierno.

La lucha entre Al Qaeda en la Península Arábiga y los rebeldes Houthi tiene una víctima clara: el pueblo yemení, que está pagando en muertos y sangre la lucha entre los chiíes y los salafistas yihadistas de Al Qaeda. Unos controlan Saná y sus alrededores y los otros son fuertes en la región sureña de Abyan. A la violencia de unos sucede el terrorismo de otros mientras Yemen va descendiendo al caos.

Ricardo Ruiz de la Serna

Analista político

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