Mi buen amigo Pedro, con pluma de primera y excepcional corazón, me envía estas líneas que, con su autorización reproduzco:
“La Biblia tiene sus enseñanzas y la magia las suyas. Dentro de ellas ocupan un lugar especial las que se producen en los teatros y circos, lugares donde le gustaba actuar a Houdini, un mago sensacional de principios el siglo XX que llevaba a cabo un espectáculo grandioso en el que sus fugas y escapes, generalmente de estanques de agua donde se había introducido cargado de cadenas y candados, constituían un auténtico fenómeno de masas.
Cuando la gente pensaba que moriría ahogado sin poder quitarse las cadenas antes de que sus pulmones estallaran en violenta embolia, aparecía por detrás del escenario con su sonrisa y más tranquilo que un ocho, fumándose un puro y leyendo el periódico…
Nadie sabía cómo lo conseguía pero ahí estaba… vivito y coleando… magia creada con grandes dosis de ilusión y de misterio, que hacía a los mayores volver a ser niños y a los pequeños creer firmemente que el mundo de los adultos sería igual de mágico que el suyo. Ilusiones que permitían a casi todos seguir viviendo una anodina vida cotidiana, creyendo la existencia de fuerzas desconocidas que solucionan lo inevitable y hacen posible violentar la realidad y escapar hacia el éxito, la alegría y el bienestar. Houdini también era experto en dormir a voluntarios y que estos hiciesen todo lo que les ordenaba, por muy difícil, ridículo o peligroso que fuere lo solicitado para sorpresa y regocijo del público que asistía al espectáculo.
Maestros contemporáneos del escapismo son parte de los políticos que dicen que nos gobiernan, y que aplican sus vastos conocimientos de magia en ausencias, silencios, omisiones, escapes, abandonos y manipulaciones que usan continuamente para superar dificultades de su cargo y las propias de su interés particular sin que hasta la fecha se sepa el truco empleado ni su funcionamiento…
Aún más, les gusta ir aumentando el tamaño aparente de sus cadenas y la profundidad de los estanques, en un «más difícil todavía con redoble de tambor»… e incluso para mayor divertimento, se dedican a adornar la ceremonia creando figuras de ilusionismo, algún fuego fatuo e incluso transformaciones físicas y químicas imposibles”.
Nos queda la desagradable sensación de haber sido engañados en el precio de la entrada. Tanto escapismo, tanto mirarse el ombligo, tamaños engaños y abusos extienden un lago de decepción que provocan un mayúsculo distanciamiento hacia el abstencionismo militante y en no pocos la suma a alternativas populistas que se presentan como puras y limpias pero que encierran una nueva forma de totalitarismo caribeño.
La solución no la tenemos nosotros, pobres y despreciables ciudadanos que contemplamos atónitos la falaz interpretación de los intereses generales, sino quiénes deben dar ejemplo (así lo proclaman) de servidores públicos.