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EPPUR SI MUOVE

Fantasmas de Halloween

jueves 30 de octubre de 2014, 20:47h
Actualizado el: 17/10/2016 20:01h
Este viernes, niños de toda España van al colegio felices; todo un logro que hay que agradecer a Halloween. Brujas, magos y esqueletos en miniatura llenan las aulas, mientras otros tantos esqueletos, magos y brujas algo más talluditos se preguntarán si estudiaron magisterio para dar clase vestidos de la bruja Avería. Se lo pasarán igual de bien, si no mejor. Pero como cada año por estas fechas, volvemos a la matraca de si Halloween sí, Halloween no, del mismo modo que por Navidad algunos puristas pretenden enfrentar a Papá Noel con los Reyes Magos. Que no hay color, dicho sea de paso: Papá Noel es un anuncio de Coca Cola venido a más, mientras que los Reyes Magos son una tradición preciosa. En fin...

Como católico, valoro en gran medida las festividades de Todos los Santos y Fieles Difuntos. Y no sólo no me ofende Halloween, sino que me resulta hasta simpático. Personalmente, creo que trivializar el miedo a monstruos y fantasmas no le hace ningún mal a los niños; antes al contrario. Y encima se lo pasan bien sin mayores pretensiones.

Si investigamos un poco, vemos que se trata de una celebración que hunde sus raíces nada más y nada menos que en el mundo celta. En la primera noche de luna llena de noviembre celebraban la fiesta de Samhain o “Final de Verano”. Esa noche se encendían hogueras para ahuyentar a los malos espíritus que, junto con los buenos, campaban a sus anchas por el mundo de los vivos hasta el amanecer. Y claro, como las familias pensaban que sus deudos se pasarían por casa, lo suyo era tenerles de cenar, no fuera a ser que vinieran con hambre. Así las cosas, hay quien piensa que cuando hoy los niños disfrazados van de casa en casa diciendo aquello de trick or treat están perpetuando de forma inconsciente antiguos y oscuros rituales paganos.

Algunos creen que Halloween es un americanismo importado que no casa para nada con nuestras tradiciones. Según el diccionario de la RAE, tradición es “toda aquella doctrina, costumbre, etc., conservada en un pueblo por transmisión de padres a hijos”. ¿Qué hay de malo en que venga de fuera? También son foráneos la horterada esa del Día de San Valentín -debería llamarse mejor Día de El Corte Inglés-, o los días de la Madre y del Padre, y no por ello dejan de estar perfectamente asumidos.

Madrid, julio de 1981. Tanto calor hacía que los jóvenes vallecanos que entones estaban participando en las Fiestas del Carmen empezaron a refrescarse con las bocas de riego municipales, mientras otros vecinos empezaban a arrojar agua desde sus balcones. Hoy, la “Batalla Naval de Vallecas” es una de las fiestas más divertidas del verano; toda una tradición. Al igual que las uvas estivales que se toman en el municipio granadino de Bérchules, desde que la Nochevieja de 1994 no pudieran hacerlo por un fallo en el suministro eléctrico. Son tradiciones recientes, curiosas y que no se meten con nadie.

Y qué decir de la fiesta de disfraces por excelencia, Carnaval. La palabra proviene del término italiano carnevale y éste a su vez del latín carnem levare -“quitar carne”-: desde el domingo de Carnaval al Miércoles de Ceniza la gente se lo pasaba en grande antes de empezar la Cuaresma. Y para preservar su anonimato, qué mejor que ponerse máscaras y disfraces. Hoy son otros los tiempos, pero algunas cosas siguen igual: las ganas de divertirse, la necesidad de reírnos de nuestros temores y los fantasmas del fundamentalismo. El papa Francisco ha abierto las puertas de la Iglesia para que entre aire fresco, pero esos fantasmas quieren seguir asustando con sus dogmatismos y sus cruzadas anti Papa Noel, anti Halloween anti todo lo que no huela a rancio. Y esos sí que dan miedo de verdad.

Antonio Hualde

Abogado

ANTONIO HUALDE es abogado e investigador de la Fundación Ortega y Gasset

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