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RELATOS

Julian Barnes: Niveles de vida

domingo 09 de noviembre de 2014, 13:46h
Julian Barnes: Niveles de vida

Traducción de Jaime Zulaika. Anagrama. Barcelona, 2014. 152 páginas. 14,90 €. Libro electrónico: 11’99 €

Por Carmen R. Santos

La prestigiosa revista Granta lanzó en 1983 a un grupo de escritores británicos que se convertirían en nombres de primera línea de la literatura europea. Entre ellos, se hallaba Julian Barnes (Leicester, 1946), autor de una producción marcada por la inteligencia que ha merecido un sinfín de galardones en distintos países como, entre otros, el Man Booker, el E. M. Forster de la American Academy of Arts and Letters, y el William Shakespeare de la Fundación FvS de Hamburgo. Asimismo fue distinguido como Chevalier de l’Ordre des Arts et des Lettres. En España, la editorial Anagrama tuvo la feliz iniciativa de incluirlo en su catálogo, donde podemos encontrar prácticamente todos los títulos de Barnes, quien, si bien despertó el interés de crítica y público desde sus primeras novelas, fue con El loro de Flaubert con la que alcanzó un especial predicamento.

Niveles de vida es una obra tan singular como repleta de atractivos. La forman tres textos a la vez independientes y relacionados entre sí, y en los que aparecen personajes históricos junto a la voz del propio autor compartiendo con nosotros uno de los momentos más trágicos de su vida. El primer relato, “El pecado de la altura”, recurre a figuras existentes que fueron pioneras en los vuelos en globos aerostáticos, como el coronel y aventurero Fred Burnaby, de los Royal Horse Guards, que viajó en solitario en el globo The Eclipse, la gran actriz Sarah Bernhardt y Félix Tournachon, conocido como “Nadar, también fotógrafo y caricaturista. A todos les une su pasión por pasear entre las nubes. Y Fred Burnaby, además, siente otra pasión: la que profesa a Sarah Bernhardt. Así, el segundo relato, “En lo llano”, se centra en la curiosa relación entre el aventurero y la actriz. Burnaby “vio a los dos como pareja, juntando cosas, ensamblando una vida. Siempre se imaginaba a los dos en movimiento. Fred volaba -volaban-alto”. Porque ese “juntar cosas” es el leitmotiv sobre el reposa la reflexión de todo el libro: “Juntas dos cosas que no se habían juntado antes. Y el mundo cambia”.

O “juntar personas”, como se señala en la tercera parte del libro, “La pérdida de la profundidad”: “Juntas a dos personas que nunca habían estado juntas. A veces es como aquel primer intento de acoplar un globo de hidrógeno a otro de aire caliente; ¿prefieres estrellarte y arder o arder y estrellarte? Pero a veces funciona y se crea algo nuevo y el mundo cambia. Después, tarde o temprano, en algún momento, por una razón u otra, una de las dos desaparece”. En “La pérdida de la profundidad”, Julian Barnes aborda el doloroso asunto de la muerte de su mujer -con la que convivió durante treinta años-, la agente literaria Pat Kavanagh -a quien dedica Niveles de vida-, fallecida en 2008, treinta y siete días después de que le fuera diagnosticado un tumor cerebral.

“La pérdida de la profundidad” es una pieza maestra de la literatura de la pérdida, de la literatura de la aflicción, donde Barnes se enfrenta a un hecho insoslayable: “Afrontamos mal la muerte, ese suceso banal y único; ya no la integramos como una parte de una pauta más amplia”. No es la primera vez que el escritor británico trata esta realidad. Aparece, por ejemplo, en la novela El sentido de un final y es hilo conductor en su libro de memorias Nada que temer, al igual que el cuento “Líneas matrimoniales”, de su colección de relatos Pulso, lo protagoniza un viudo que se encuentra en el momento del duelo. Sin desmelenamientos y con una contención que no impide, sin embargo, la emoción, Barnes recorre los sentimientos que se le agolparon tras la muerte de su esposa, así como las reacciones de los demás ante su duelo.

En Nada que temer, confiesa Barnes “No creo en Dios, pero le extraño”. En el amargo trance del duelo, quizá la presencia de Dios, o al menos su búsqueda, pueda ser un consuelo, como sucede en otra soberbia muestra de la literatura de la pérdida, como es Una pena en observación, de C. S. Lewis -publicado también en nuestro país por Anagrama-, que Richard Attenborough llevó al cine en la espléndida película Tierras de penumbra. Para Barnes “la muerte es la muerte” y confiesa: “No creo que volveré a verla. Nunca la veré, oiré, tocaré, abrazaré, escucharé, reiré con ella; nunca más aguardaré sus pasos, sonreiré al oír que se abre una puerta, acoplaré su cuerpo al mío, el mío al suyo. Tampoco creo que volveré a encontrarla en alguna forma desmaterializada”. Hay que asumir que “toda historia de amor es una potencial historia de aflicción”. Barnes lo hace y nos habla a corazón abierto en unas páginas llenas de sufrimiento, pero que son también un canto al amor.

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