Cómo adoptaron los artistas estadounidenses el impresionismo es la línea argumental de una exposición en el Museo Thyssen en la que Cassat, Sargent, Robinson o Hassam dialogan con las de los grandes maestros franceses que abrieron una brecha en la pintura retiniana tradicional.
Europa, como escenario de los movimientos artísticos más importantes de la Edad Moderna, era la meca a la que los artistas estadounidenses aspiraban en su proceso de aprendizaje, aunque ni qué decir tiene que Estados Unidos, asimismo, sirvió como refugio para muchos de los europeos que buscaron en aquel país una posibilidad de negocio o un nuevo aire inspirador.
Ya fuera mediante viajes a Europa o a través de la organización de exposiciones en suelo estadounidense, los artistas locales vieron ampliados sus conocimientos pictóricos alejándose de la corriente academicista predominante en su país. A eso se añaden casos excepcionales como la relación de amistad que unió a la pintora estadounidense Mary Cassatt con Edgar Degas o la relación familiar de Berthe Morisot y Édouard Manet, pues eran cuñados.
Tanto Morisot, a quien el Thyssen ya dedicó una exposición monográfica en 2012, como Cassatt son dos de las artistas presentes en la muestra Impresionismo americano. No hay obras de Degas que acompañen a las de Morisot, pero sí de Manet – Amazona de frente, de la colección Thyssen-, en diálogo con El espejo psique, de la propia Morisot, y Joven en el balcón, de Cassatt.
Paisajes de Sargent encuentran su contrapunto en los de Manet y Monet y, en concreto, en los recursos propios del impresionismo, que los artistas estadounidenses emularon como se comprueba, por ejemplo, en la forma de aplicar la pincelada o en el gusto por recurrir a la representación de estanques de agua para entrenar la mano en los reflejos y efectos de la luz.
Un paisaje nevado de Robinson trae a la mente los de Pissarro igual que los almiares pintados con insistencia por John Leslie Breck citan los de Monet. Tampoco faltan temas tan vinculados al impresionismo como las escenas de playa y urbanas, pero no de París, sino de Boston o Chicago.
La última sala reúne obras de Frank Weston Benson y Edmund Charles Tarbell, cuya factura recuerda a Sorolla, sobre todo si se atiende a la importancia dada a la representación de la luz y sus efectos sobre el paisaje y las figuras. Es posible observar en ellas, sin embargo, un nuevo giro hacia el naturalismo por tratarse de pinturas en las que la representación de la impresión de la realidad en un momento determinado cede paso de nuevo a una pintura que cita principios realistas.
Información sobre la exposición:
Lugar: Museo Thyssen
Fechas: del 4 de noviembre al 1 de febrero
Horario: de lunes a jueves y domingos de 10:00 a 19:00 horas / viernes y sábados de 10:00 a 21:00 horas
Entrada: 9 euros