Las políticas de estímulo fracasan en Japón
Daniel Villagrasa
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martes 18 de noviembre de 2014, 13:57h
Actualizado el: 19/11/2014 11:48h
Abe convocará elecciones anticipadas y retrasa la subida del IVA. Por D.V.
El primer ministro japonés, Shinzo Abe, anunciaba este mismo martes que convocará elecciones anticipadas, después de que la economía nipona haya recaído en la recesión en el tercer trimestre. Japón se ha convertido en un símbolo para las medidas de estímulo de corte keynesiano para hacer frente a la crisis, de manera que su caída en desgracia es un acicate para los partidarios de medidas de austeridad de corte liberal, frente a los partidarios de estimular la economía desde el sector público.
Abe ha dado nombre a las políticas económicas japonesas: Abenomics en inglés, Abenomía en castellano, la heterodoxia de las mismas era inédita. Tras décadas de estancamiento, el Gobierno japónes se marcó como objetivo crear inflación, de manera que el yen perdiera valor y, por tanto, se desincentivara el ahorro frente al consumo. Para ello, el país del sol naciente se dispuso a duplicar la masa monetaria del país en apenas dos años. Además, se emprendió una política de gasto público y una serie de reformas estructurales para mejorar la competitividad.
Por el momento, el resultado de este gigantesco esfuerzo ha sido dos trimestres consecutivos de crecimiento negativo, a pesar de que el plan se encontraba todavía en su fase expansiva y no se había acometido la subida del IVA, prevista para 2015, con la que el Gobierno esperaba recuperar parte de la ingente cantidad de dinero introducida en la economía. De hecho, Abe anunciaba que la subida de impuestos se retrasa hasta 2017.
A pesar de todo, Abe ha defendido sus políticas económicas este martes. Por el momento, los mercados respaldan al primer ministro japonés. De hecho, según Bloomberg, los inversores del mercado de renta variable japonés han ganado un billón de dólares en acciones de compañías niponas, y, si la ‘abenomía’ sigue adelante, se enriquecerán todavía más.
Un viejo debate
El debate es tan antiguo como las tempranas medidas que los gobiernos tomaron para hacer frente a la crisis económica, pero en los últimos tiempos ha alcanzado el paroxismo: ¿Qué deben hacer los gobiernos frente a la crisis económica? ¿Austeridad para contener el endeudamiento? ¿Estímulo para propiciar el consumo? ¿Keynesianismo, liberalismo?
EEUU, durante los coletazos finales del Gobierno Bush y a lo largo de la legislatura de Obama, ha sido un entusiasta de las medidas de estímulo, y la Reserva Federal (Fed), el banco central emisor del dólar, ha inyectado billones de dólares en la economía, y su anterior gobernador, Ben Bernanke, se ganó el sobrenombre de ‘Helicóptero Ben’, porque los observadores económicos lo imaginaban lanzando dólares y dólares desde su aeronave –ese helicóptero de liquidez que invocaba Milton Friedman-.
El resto de los principales bancos centrales del mundo siguieron a la Fed. ¿Todos? No, en Frankfurt, el Banco Central Europeo (BCE) se decidía por la ortodoxia, a contracorriente, y el debate ofrecía en la eurozona su cara más dura. Tratando de esquivar las reticencias de Alemania, la principal economía del euro, el presidente del BCE, Mario Draghi, ha introducido ciertas políticas de estímulo para propiciar el deshielo del crédito bancario en Europa.
La enconada discusión se mantiene en tertulias y debates, mediáticos o no. Los tropezones de una y otra tendencia –el Japón abenómico ha caído en la recesión, pero la Europa de la austeridad, ahora matizada, se ha quedado al borde, al crecer un escaso 0,2% en el último trimestre- azuzan a tertulianos y expertos. Por el momento, parece que nadie ha encontrado la varita mágica.