Asier Mensuro y
Luis Gasca son los autores de
La pintura en el cómic (Cátedra), un libro concebido como un “ameno manual” que aborda la influencia del arte en las historietas de viñetas a través de tres vías de estudio: la apropiación de la iconografía de arquetipos procedentes del mundo de la historieta por parte de la pintura, sobre todo a través de representantes del
pop art, el análisis de tipos de pintura narrativa de diversas épocas que puedan ser consideradas como un antecedente del cómic moderno, y la investigación iconográfica sobre cómo el cómic se acerca al mundo de la pintura a través de la apropiación de sus obras más conocidas como
La Gioconda y
El hombre de Vitruvio, de
Da Vinci;
Los fusilamientos, de
Goya;
Olympia, de Manet; o
Los jugadores de cartas, de
Cézanne.
Explica
Mensuro que la pintura es un referente que está “muy presente” en los autores de cómic dándose casos de
“convivencia extraordinaria”, como ocurre entre la obra del historietista Mike Mignola y Goya, aunque también los hay que “mimetizan obras concretos en un momento dado” como así ocurre con
La glotona de Toulouse-Lautrec en la portada
Secret Avengers, de Joe Quinones.
El recurso de
citar obras y artistas reconocibles por el gran público invita a pensar en el cómic como un medio narrativo de fácil asimilación. Mensuro responde: “Cada vez que me preguntan sobre esta cuestión, me acuerdo de las tiras de cómic de la prensa estadounidense, que supusieron el primer
boom mediático de la Historia del cómic y pasaron a incluirse en los periódicos por la creencia del magnate William Randolf Hearst de que su contenido visual y narrativo permitía entender una parte del periódico a los inmigrantes que no hablaban inglés”.
Pero, ¿en qué momento el cómic comenzó a ser valorado como
disciplina artística? Mensuro dice que "en Francia y Bruselas fueron pioneros en esta reivindicación mientras que en España, el
boom del cómic adulto es posible situarlo en los años 80, aunque hubo posturas encontradas, incluso dogmáticas, sobre lo que era o debía ser un cómic, algo que hoy está más que superado”.
Los historietistas creen en las cualidades artísticas del medio en el que trabajan. Así lo cree este historiador, quien apoya su argumento en las
viñetas con las que los dibujantes homenajean a aquellos maestros de la pintura que les han influido. “Muchos autores se han considerado
dibujantes y pintores como aquellos que graban o pintan en lienzo solo que, en su caso, el producto final es un cómic. Los hay, incluso, que han combinado el
noveno arte con su presencia en galerías de arte, como Ceesepe: ilustrador habitual de revistas como
El víbora y también uno de los pintores más carismáticos de la movida madrileña”.
Sobre cómo han influido las nuevas tecnologías, este experto cree que han supuesto "una
pequeña revolución”, pues han permitido "mejorar los medios de impresión, abaratar los costes y utilizar programas digitales con los que se pueden conseguir efectos concretos como emular el estilo pictórico de
Monet o Van Gogh”.
Antaño, por contra, “la imitación del
color, luz y texturas era mucho más compleja a la hora de imprimir, por lo que los dibujantes optaban por citar a los grandes maestros
del dibujo y no tanto a los del color debido a su resultado mediocre”.
Los autores Juan Díaz Canales y Juanjo Garnido resultaron ganadores el pasado 11 de noviembre del
Premio Nacional del Cómic, correspondiente a 2014, por su obra
Amarillo de la serie
Blacksad “por ser un tebeo de calidad sin fronteras, cargado de referencias culturales y con una óptima ejecución”.
Sobre la concesión de este galardón, Mensuro considera que se trata de un gesto institucional “tardío” a una “carencia evidente” que había que enmendar. “Si hay premios nacionales ligados a las disciplinas creativas que van más allá de las artes clásicas, no tenía ningún sentido que el cómic quedase excluido, sobre todo teniendo en cuenta que es
una de las principales y más originales manifestaciones artísticas del siglo XX y XXI”.

El cómic, añade, “goza de una
notable aceptación en España, sobre todo entre los que rondan los 30 y 40 años, a partir de la generalización del cómic adulto en los 80”. Antes de esa década, las historietas de viñetas “solían dejarse de leer tras la adolescencia, pues se consideraban un producto infantil y juvenil”.
A juicio de Mensuro, el cómic ha evolucionado en dos aspectos. Por una parte, el lector y autor de cómic ha dejado de ser mayoritariamente masculino “proliferando un notable número de cómics de autoría femenina” y, por otra, el
coleccionismo ha abierto sus puertas a esta disciplina llegando a alcanzarse grandes sumas de dinero por ejemplares como la primera edición de
Superman. “Muchos dibujantes de cómic venden sus planchas originales en galerías especializadas”, lo que lo convierte en un negocio “lucrativo”, en el que algunos autores “ganan ya más dinero con la venta de sus originales que con los derechos de autor recibidos por la publicación de estas mismas obras”.