“No se le puede pedir al pueblo que defienda la democracia cuando tiene hambre”. La frasecita de marras, tramposa y peligrosa a partes iguales, tiene sin embargo un poso de verdad: el que se refiere a esa justicia social que tanta falta hace en América Latina. Y fue pronunciada por uno de los tipos más dañinos de la reciente historia del continente: Hugo Chávez. El, al menos, sabía leer y escribir -y poco más, la verdad-, aunque tampoco para tirar cohetes. Su sucesor, Nicolás Maduro, ha aprendido anteayer. Quizá por eso le da tantas patadas al diccionario y hace cada día un homenaje a la estulticia. Y pese a todo, hay quien quiere parecerse a él.
No es la primera vez que se colapsa la morgue de Caracas. En ocasiones puntuales ha sido tal el número de muertes violentas en la capital venezolana -por lo demás, una de las tres ciudades más peligrosas del mundo- que no ha habido sitio material para alojar a tanto muerto. Es sólo uno de los múltiples “logros” de la revolución bolivariana. Pero hay más. Siendo Venezuela uno de los principales productores de petróleo a nivel mundial, recientemente ha tenido que importar dos millones de barriles. ¿Por qué? Pues porque cuando Chávez llegó al poder laminó a ingenieros, técnicos y operarios cualificados y colocó en su lugar a “los suyos”…lo que viene siendo colocar a alguien como Ana Mato al frente de Sanidad pero en versión caribeña. ¿El resultado? La industria petrolera a pique.
En el país falta de todo. También papel higiénico; según Maduro, “por culpa de la oligarquía y el imperialismo”. No es broma, lamentablemente. El desabastecimiento de bienes de primera necesidad es tan grande que han tenido que implantarse cartillas de racionamiento. Las principales empresas han huido del país, ante la inseguridad jurídica -y de todo tipo que existe-, y más del 90 por ciento de lo poco que hay se importa. Pero nada de esto se publica en Venezuela. Entre las libertades que ha cercenado Maduro está la de prensa, cerrando todos los medios independientes e implantando una férrea censura al más puro estilo cubano. Cubanos son los comisarios políticos que larvan la mayor parte de instituciones, y cubanos son también los “asesores” de los círculos bolivarianos, una suerte de matones del régimen que funcionan como las SS pero en cutre.
En Venezuela había dos partidos a cual más corrupto, uno progresista y otro conservador. ¿Les suena? Tanta era la corrupción que el 1992 un militar, Hugo Chávez, se dio a conocer con un fallido golpe de estado. Fracasó, pero sus soflamas anti sistema y contra “la casta” empezaron a hacer mella en una sociedad harta de tanto mangante. Y así, en 1999, Hugo Chávez se hizo con el poder de forma democrática. Esa sería la última vez que respetaría la ley. El pueblo venezolano se dio cuenta de su error demasiado tarde. Aumentaron la pobreza, la corrupción, la inseguridad y el descrédito de las instituciones. Todo fue a peor. Hoy Venezuela se lamenta amargamente de la suerte que ha corrido. Ojalá España no tenga que hacer lo mismo el año que viene. Lo que ha habido es impresentable, pero lo que puede venir es un auténtico desastre. ¿Podemos mejorar, o realmente queremos ser Venezuela?