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PASO CAMBIADO

Mas y Junqueras, los listos y sus listas

José Antonio Sentís
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directorgeneralelimparciales/15/15/27
miércoles 03 de diciembre de 2014, 20:58h

Es probable que muchos catalanes (y algunos de los demás españoles que aún no estén aburridos) se hayan preguntado por qué dos líderes que dicen querer lo mismo, la independencia, tienen tantos problemas en quererlo de la misma manera. Por qué Mas quiere una lista unitaria para abrir un proceso independentista de dieciocho meses y por qué Junqueras quiere listas separadas con propósito común de independencia, pero inmediata.

La explicación puede ser sencilla. Aunque ambos estén bajo los efectos de la alucinación que les dicta que ellos, y solo ellos, juegan esta partida, y no tienen a nadie enfrente; aunque su iluminación endogámica les haga pensar que España ya ha dejado de existir salvo como interlocutora en un acto de rendición; aunque todo esto les empuje, digo, no parecen olvidar otras cosas menos oníricas y más realistas: quién de los dos va a vencer en su particular combate.

Escuchando sus intervenciones en los últimos siete días queda cada vez más claro que el problema para ellos es antes el poder que la independencia. Que el argumento independentista es un instrumento para ver quién logra la hegemonía en Cataluña. Y que, en último término, darán por bien empleado su esfuerzo si alcanzan su mayoría, la de cada uno, aunque no logren esa independencia tan sencilla sobre el papel y tan difícil en la realidad.

Mas quiere una lista unitaria porque neutralizaría a Junqueras y ERC, que quedarían como miembros difuminados en el coro de asociaciones, independientes y demás compañeros de viaje. Y con ese respaldo personal (porque nadie dudaría de ello) podría avanzar o no hacia la independencia, pero lo que tendría seguro es que mandaría él en Cataluña.

Junqueras quiere listas separadas (aunque ambas especifiquen su voluntad independentista) porque confía en que la suya, la de ERC, gane las elecciones. Y, si gana, podría llevar del dogal a Mas (y probablemente quitárselo de encima porque difícilmente el presidente de la Generalidad sobreviviría a su fracaso). Junqueras lograría así un bloque a su servicio, sin que ese bloque se hubiera presentado conjuntamente, sino por separado. Y después podría avanzar o no hacia la independencia, pero lo que sí se habría asegurado es que quien mandaría en Cataluña sería él.

Hace ya tiempo que los “astutos” movimiento de Mas y Junqueras no se juegan en la cancha aparente, la de la fractura del Estado. Ésa es la excusa (y quizá la ilusión, que de ilusiones también se vive). Pero el más idiota sabe que esto de romper una Nación secular y un Estado asentado en el mundo no es una tarea tan sencilla que se pueda resolver con voluntarismo. Sin necesidad de dramatizar, esas cosas suelen conllevar sangre, sudor y lágrimas, y sólo se ganan si se está dispuesto a derramar todo ello.

Mucho más fácil es vencer en una disputa política convencional, en unas elecciones autonómicas. El problema es que hacen falta argumentos para ganarlas, y ambos dirigentes y ambos partidos saben que tienen pocas novedades que ofrecer. ERC, por sus fracasos en los tripartitos y su maximalista falta de seny; y CiU por el clientelismo y ambigüedad que han propiciado que muchos electores le den la espalda. De hecho, ninguno llega al treinta por ciento de intención de voto, lo que es una perspectiva electoral bastante cutre.

A ambos les quedaba solo una gran apelación sentimental, ya que racionalmente solo podían despertar dudas entre los catalanes. Y se lanzaron en tromba, cada uno por su lado, a movilizar pasiones y fobias. Por eso, Mas y Junqueras no han hecho más que intentar demostrar a los catalanes quien tenía más larga la apuesta independentista.

Es irrelevante ya que hayan utilizado a muchos catalanes como carne de cañón de un combate que ellos dirigían cómodamente desde la retaguardia. A fin de cuentas, todo liderazgo exige sacrificios... de los demás. Cuanto más astucia desplegaban Mas y Junqueras, más crédulos necesitaban en sus filas.

Era falso que quisieran ser como Moisés, y renunciar a la Tierra Prometida cuando su pueblo la alcanzara. Ambos quieren ser los que lleguen a la promisión aunque sacrifiquen para ello a su pueblo. Y, por cierto, están en un tris de lograr lo segundo, sacrificios y problemas para los catalanes. Y si no han sufrido más es porque el Gobierno de la Nación, como era su obligación, ha sostenido las cuentas catalanas en sus peores momento. En todo caso, al balcón de la Generalidad sólo puede llegar uno. Y en eso están ambos, en un duelo en el que no quieren hacerse sangre a base de apuntar a cualquier otro lado, aunque sea a sus conciudadanos.

Muchos piensan que ha llegado el momento de explicárselo con rotundidad. De decir (y eso correspondería a Rajoy) que si se quieren pegar entre ellos, que no es nuestro problema; pero que si quieren agredir a otros (y una declaración independentista es agresión, aquí, en Berlín o en Botswana) que sepan clarito cuáles van a ser las consecuencias.

Sin embargo, es probable que no haya que verbalizarlo demasiado. Ni por parte de Rajoy, ni por nadie. En todo caso, por medio de avisos casi burocráticos de la Fiscalía como el que ya se ha producido. Pero sin dramatizarlo. Con el aburrido curso de la ley. Porque Junqueras y Mas ya conocen perfectamente la gravedad del conflicto que despertarían. Y porque los catalanes en su conjunto, los que ahora han sido adoctrinados en el independentismo y los muchos que se han resistido a la propaganda soberanista, no se merecen sufrir más tensión que la ya de por sí enorme que están propiciando sus dirigentes.

Mas y Junqueras se han instalado en su mundo virtual, pero la realidad discurre tozuda. Cataluña, como el conjunto de España, incluso mejor, se va desprendiendo de la crisis. Los inversores no creen en la posibilidad de fractura. Nadie oculta su preocupación, porque es lógico, pero no lleva esta preocupación a la huida, ni a la desesperación. El euro sigue a su manera, Europa está más preocupada de las cifras de Francia o Italia que de nuestro crecimiento. Los empresarios empiezan a crear empleo. El PIB crece, la prima de riesgo está en mínimos y se empieza levemente a recuperar esperanza. En definitiva, no se cree a Mas, ni se cree a Junqueras. Porque si ellos fueran creíbles, España ya habría entrado en caída libre, que el capital es muy miedica.

Por lo tanto, cada uno de ellos tiene que actuar rápido si quiere ganar al otro, antes de que se descubra su gran fraude sobre el independentismo. Lo están haciendo, cada uno con sus listas y sus listos, con sus gestas y sus gestos. Uno poniéndose en una estampita de mártires, y el otro en otra de revolucionarios. Pero, qué le vamos a hacer. Ni una cosa ni la otra. De lo que deberían preocuparse, Mas y Junqueras, es de saber dónde se esconderán cuando los catalanes se den cuenta de que les han engañado como pardillos.

Claro que va a costar algún tiempo reponer la bailaoras de flamenco de los escaparates, salvo que cincuenta mil turistas chinos las pidan, que el negocio siempre será el negocio.

José Antonio Sentís

Director general de EL IMPARCIAL.

JOSÉ A. SENTÍS es director Adjunto de EL IMPARCIAL

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