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TRIBUNA

¡Es de Lope!

Natalia K. Denisova
lunes 08 de diciembre de 2014, 19:49h

Si un día se le antoja pasear por las afueras de Madrid del XVI, hoy conocido por el Barrio de las Letras, es imprescindible pasar por la calle de Cervantes. Yo diría que es obligatorio. Siempre es grato asomarse a la casa número 11, donde vivió el gran poeta Félix Lope de Vega. Gracias a esta casa podemos sumergirnos en la intimidad del Poeta, ver dónde rezaba, dó charlaba con su amigo Alonso de Contreras, dónde comía y dóescribía... aunque esto último lo hacía en cualquier lugar con igual excelencia porque siempre llevaba consigo un cuadernillo. Precisamente, uno de ellos podemos ver en la exposición organizada por Real Academia Española, la Consejería de Empleo, Turismo y Cultura, Dirección General de Bellas Artes, del Libro y de Archivos, en su casa de la calle Cervantes de Madrid.

Ese cuadernillo y muchos otros manuscritos de Lope se encuentran en una sala precedida por el célebre retrato anónimo del poeta. Da la sensación de que el poeta sigue con su mirada a cada uno de los visitantes. Una de las delicias que nos regala la muestra dedicada a la escritura, es poder hojear una edición facsímil del cuaderno lopezco, llamado Códice Durán. Ahí vemos que escribía cómo y cuándo... En realidad, escribía cuando le daba la gana: los trozos de obras se pelean entre sí para ocupar la página en blanco, a veces van del pie a la cabeza y otras veces al revés.

No obstante, un poeta, un escritor, un filósofo, no es solamente una imagen que queda retratada, ni las páginas de sus obras, es también un hombre. Lope fue, en efecto, todo un hombre. Un hombre extraordinario: poeta, sacerdote, secretario...sin hablar de su vida sentimental ya que las mozas suelen ser las que más tiempo le devoran. Pues, Lope no pudo evitar lo que acosa a todo hombre: los quehaceres cotidianos, que roban el tiempo y la energía, a veces fastidian, a veces inspiran. En esta exposición podemos ver sus cartas y testamentos, "poderes otorgados" y "escrituras de las ventas", todos de su puño y letra. Es curiosa la letra del poeta, con perdón de especialistas y grafólogos, las palabras y las letras tienen la coletilla que rompe el orden y es más que un adorno, es una rebelión contra una línea uniforme. Su letra es plástica y cambiante, fluye y cambia, confirmando las palabras de Juan Pérez de Montalbán: "Aun la pluma no alcançaua a su entendimiento, por ser mas lo que él pensaua que lo que la mano escriuia".

Nunca ha sido fácil publicar las obras y los beneficios no han sido grandes para el autor, ni siquiera para el Fénix de Siglo de Oro. Los documentos manuscritos y primeras ediciones vienen acompañados con las magníficas explicaciones sobre el proceso de la venta de comedías, su puesta en escena y las exigencias del público. Autor de comedías, no precisamente el dramaturgo, sino el director en los términos de hoy día, podía introducir los cambios que se le antojasen en la obra, abreviarlo y quitar los personajes. Quizá por esto Lope de Vega no prestaba mucha atención a sus comedías, pero sí a sus obras líricas, poemas y versos.

Al salir de la exposición muchos dirán "Es de Lope", como lo diría su vecino don Miguel de Cervantes. Sin duda, es un acierto dedicar a Lope de Vega una muestra final de las actividades conmemorativas del III Centenario de la RAE. Escribir es continuar la tradición y si olvidamos las raíces, nos perdemos en la búsqueda afanosa de la originalidad fútil.

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