TRIBUNA
La casta del verbo poder
lunes 08 de diciembre de 2014, 19:51h
El verbo “poder” se ha puesto de moda conjugado en primera persona de plural: “podemos”. Da título a una nueva organización política así designada. Es verbo modal. Necesita de otro en infinitivo que lo complementa y otorga en realidad carga semántica al conjunto: “podemos reír, cantar, jugar”, etcétera. Su valor modalizante persiste incluso cuando no lo acompaña un infinitivo, como en “podemos (con) todo”. Oculta entonces un verbo implícito: “podemos cargar (con) todo”. Y así sucesivamente. No sobrepasa una declaración volitiva, un acto de voluntad que afirma la potencia respecto de algo que el infinitivo deja también en el aire. No ha llegado aún a término, como su nombre indica. Es campo abierto. Horizonte despejado. Implica transcurso que ha de llenar el ejercicio práctico de la intención prevista conforme a un objetivo deseado. Del dicho al hecho, un gran trecho.
Como tal modal, “poder” presupone una opinión o doxa en términos fenomenológicos. Va girando poco a poco según las intenciones y expectativas que acumula en el intervalo de realización según el infinitivo complemento. Debajo, o encima, hay una consideración previa, aunque la gramática la exponga normalmente en segunda posición. Cabe asimismo antepuesta: “Con todo eso, podemos, sin duda”, por ejemplo. Su fuerza locutiva resulta de la raíz y del sufijo ” –mos”. Contiene aquélla, en su forma latina, “potis, pote”, la potencia del dominio, posesión: ser dueño de. Y la terminación “-mos” añade la acción plural, conjunta. Designa valores semánticos de poderoso, potestad, potente, potencia. En latín era realmente un predicado, pues se unía al verbo ser (sum), “potes sum”: soy capaz, potente. De ahí surgió en la Edad Media, por una serie de transformaciones fonéticas, el verbo vulgar “potere”, actual “poder”.
Lo curioso del uso del verbo en la acción política de hoy es que se asocia, como eslogan, a ejercicio del poder contra la “casta” o apodo del conjunto de la política oficial del Estado español. Es decir, Gobierno, oposición, agentes sociales, mundo financiero, empresarial, etcétera también. La base semántica del verbo “poder” en primera persona de plural, “podemos”, sería entonces el impulso incoativo contra la representación democrática del uso y abuso de una forma política desde, según manifiestan sus líderes, el año 1978. Fecha de la proclamación de la Constitución española por sufragio universal, democrático. Ese ciclo de treinta y seis años sería el referente de la “casta” y causa de los males que nos afectan ahora mismo, especialmente la corrupción, el paro ingente y la indolencia generacional de la juventud. La palabra “podemos” funcionaría como talismán de arrojo juvenil y apertura de futuro. Recupera el significado de capaz, “ut pote” en latín: como (según) es posible, pueda.
Con este valor semántico y metafórico ha suscitado y suscita en gran parte de la población española una esperanza política curiosa. Ha abierto una expectativa de cambio de rumbo contra la “casta” y en tensión infinitiva. Cabe ahí cualquier determinación adecuada al momento, circunstancias y expectativas de futuro: “podemos + infinitivo”. El signo más (+) indica aquí el efecto praxis en teoría marxista. El contenido de la fórmula obtenida se interpreta según la práctica de la acción indica en cada situación concreta. Lo que hoy es A puede ser mañana B sin ningún problema, pues alguna razón interna, o externa, habrá indicado o decidido tal cambio. Así opera la función dialéctica, un elemento ante o contra otro. Por eso resulta importante en tal estrategia definir los polos de la oposición, adivinar el litigio interno entre las clases sociales, por ejemplo. Y analizarlo para resolver la tensión creada y dar paso a otro estadio o momento resolutivo. En tal concepción filosófica, sociológica, histórica y materialista de la realidad el proceso así iniciado concluye en la organización comunista del Estado. Un sistema sustituye a otro, B a A (o A por -A), pero en este caso, y según tal teoría, el ciclo concluye ahí, pues ya inscribe en su dinámica la fuerza o potencia operativa que lo transforma anulando continuamente la posible tensión originada.
Sirva este resumen sucinto como trasfondo de la praxis que el verbo “podemos” implica en la situación actual de la política española.
Sucede, no obstante, que la raíz más primitiva que conocemos de este verbo, en el indoeuropeo (*poti), designaba al jefe de un grupo, fuera éste un clan, familia, tribu, es decir, la “casta”. No salimos, pues, de la raíz. Lo que hoy creemos metáfora, fue metonimia y, un poco más allá –minucia el tiempo transcurrido–, pura referencia objetiva. Realidad soberana.
Ironía de la Historia. El análisis filológico y lingüístico de este segmento social de la vivencia política de España se presta a derivaciones y corolarios que chirrían en los ojos. Y todo (¡santos Hegel –no lo creiría–, Marx, Lenin, Stalin con su manual de resumen leninista!) en nombre de la Universidad... española. Nunca prestó tanta atención nuestra sociedad al fenómeno universitario. Otra casta. Más ironía, si cabe.
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Filósofo, Catedrático de Lingüística y escritor.
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