www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

TRIBUNA

Empecinamiento federal

Alejandro Muñoz-Alonso
lunes 08 de diciembre de 2014, 19:53h
Actualizado el: 12/08/2014 20:24h

“Resulta difícil entender por qué el PSOE –sumido en esa deriva política, ideológica e intelectual que nadie sabe dónde le va a llevar, se empeña en aferrarse a la idea federal como solución para todos los problemas de España”. Así empezaba el artículo que publicábamos en “El Imparcial” hace poco más de un año, exactamente el 7 de octubre de 2013 comentando el documento aprobado en el mes de julio anterior, en Granada, por el Consejo Territorial de ese partido que se titulaba “Hacia una estructura federal del Estado” . En nuestra opinión, ese texto- escribíamos- “está lleno de contradicciones, de afirmaciones gratuitas y plagado de inconsecuencias”. Después de afirmar que “el modelo autonómico español ha sido un éxito” y subrayar que tenemos “un Estado de claro corte federal porque se ha desarrollado de manera creciente desde los principios del federalismo”, el documento aquel dedicaba varias largas páginas a describir los problemas actuales del modelo autonómico, unos bien diagnosticados, otros no tanto, para concluir proponiendo una reforma constitucional sobre la base de que “el federalismo debe ser el modelo definitivo de nuestra organización territorial”. En suma, el mantra que ahora repite, con ocasión y sin ella, ese líder en agraz que es Pedro Sánchez.

Yo me preguntaba en aquella ocasión, “¿en qué quedamos, somos federales o no lo somos?” A lo mejor se trata simplemente de una cuestión de nombres y es que la palabra federal ‘les pone’. Aunque todo hace pensar que detrás de la palabra hay planes no del todo expuestos”. Y tanto que los había: Era patente el intento de atrapar, de la manera más sólida posible, al PSC, su socio catalán, cada vez con más veleidades de desasirse del garfio de Ferraz, retomando para ello la gastada y desenfocada idea del “federalismo asimétrico”, que puso en danza hace años Pascual Maragall. Todo ello a partir de un análisis total y absolutamente equivocado de la “cuestión catalana”, en la ingenua idea de que la supuesta solución federal haría saltar de gozo a los separatistas que, mágicamente, se sentirían plenamente encajados en la España constitucional. De un mal diagnóstico necesariamente se derivan unas “soluciones”, que no lo son. Y lo peor de todo es cuando esas pretendidas soluciones no sólo no arreglarían nada sino que generarían muchos más problemas. Ese el caso del federalismo del PSOE.

Hace poco un político inglés decía que la palabra “federalismo” tenía tantas acepciones como letras y posiblemente se quedaba corto. Por lo que se oye a los socialistas y, sobre todo, a su líder, se trata de reconocer las “singularidades” de algunas comunidades autónomas (léase Cataluña) y eso más que a federalismo suena a una fórmula confederal, que es algo total y radicalmente distinto. Sería instructivo para ellos que estos social-federalistas leyeran el debate que hubo en el tramo final de la Unión Soviética, entre agosto y diciembre de 1991, cuando se discutía si el proyecto de “Unión de Estados Soberanos”, que propugnaba Gorbachov, debía ser federal, como él quería, o confederal. Al final no fue ni una cosa ni la otra y cada una de aquellas repúblicas tiró por su lado y lo que podríamos llamar “funeral de Estado” de aquella URSS se celebró el día de Navidad de 1991.

Parecen ignorar que un Estado federal se basa en la soberanía inicial y residual de sus componentes y que, por lo tanto,se parte no tanto de una única soberanía nacional –como ha sido la tradición española desde 1812 - sino de algo así como un “pacto entre territorios”, como lo fue la Convención de Filadelfia de 1787 que redactó la Constitución de los Estados Unidos. Ahí se basó el intento de secesión de la Confederación del Sur en 1860 que, como es bien sabido, fue reprimido con una sangrienta guerra civil. “Si soy soberano, me marcho cuando quiera…y si se hunde el mundo, peor para él”.

Aunque también lo ignoren, el principio de la autonomía, que inspira nuestra vigente Constitución, es mucho más flexible que el principio federal, y por eso fue un acierto, aunque las minorías separatistas no ocultaron su designio de “reventarlo hacia adelante”, como dijo alguno, para acercarse y lograr la ansiada independencia, en ruptura de una elemental lealtad institucional, que ellos no han practicado nunca. Nunca. Sólo los ingenuos –que los hay- pueden pensar que unos modosos nacionalistas totalmente opuestos a la secesión y amantes de España, se habrían vuelto de pronto independentistas. Como en aquel cuento infantil del lobo que enseña la pata enharinada bajo la puerta para engañar a los tres cerditos, los nacional-separatistas han estado mostrando su pata astutamente enharinada con la supuesta desinteresada ayuda a la gobernabilidad del Estado, desde el inicio mismo de la Transición. Pero ahora sus garras han quedado blanqueadas…como los capitales que llevan a los paraísos fiscales.

Aunque aparte del citado documento de Granada, los socialistas no han especificado cuál es su idea del federalismo, entre líneas se percibe bastante hacia dónde les gustaría ir. Se trata de romper la igualdad esencial entre territorios que, en definitiva, supone echar por la borda uno de los principios básicos de nuestra democracia, el de que todos los españoles son libres e iguales en derechos. Y, podríamos añadir, también en deberes. Si se llegara a reconocer que alguna comunidad autónoma es tan distinta de las demás que –aparte de los llamados “hechos diferenciales” que reconoce el bloque constitucional vigente- necesita ser tratada de una manera específica, se estarían sentando las bases para una secesión futura que no tardaría en llegar. La integración de Cataluña, a través de la Corona de Aragón, en el Reino de España, que ha durado más de cinco siglos y a lo largo de regímenes y sistemas diversos, habría llegado a su fin.

Aunque el tema es muy complejo y exigiría muchas más páginas, me voy a detener en otro de los rasgos más significativos del proyecto socialista, la supresión del Senado sustituido por una Cámara de Representación Territorial “que toma como modelo de referencia el Bundesrat o Consejo Federal alemán” (cito el documento de Granada). Expliqué por qué esto es una muestra de supina ignorancia histórica y constitucional en el artículo de octubre de 2013 al que me he referido al principio y ya me cuesta repetirlo. Vale la pena recordar que el actual Bundesrat alemán es una copia de la Cámara del mismo nombre del II Reich, el que se creó en 1871 cuando la primera unificación alemán y que, de hecho, era una confederación, con un rey de Prusia, que era también emperador y otros reyes y príncipes en Baviera, Wurtenberg…etc. Una improvisada readaptación del fenecido Sacro Imperio Romano-Germánico que nada tiene que ver con este viejo Estado que es España.

Les recomiendo la lectura del libro de un profesor metido a político y que ya se ha marchado escaldado, don Francisco Sosa Wagner, cuyo título es El Estado fragmentado. Analizaba este profesor en el libro citado las contradicciones internas del sistema federal alemán, a causa del peso excesivo de los länder en la formación de la voluntad política del Estado y en la función legislativa, a través de su presencia en el Bundesrat. Porque hay que recordar que esa Cámara no está elegida por los ciudadanos sino por los gobiernos de los länder que, no solo quitan y ponen a sus representantes en la misma a su antojo, sino que bloquean en cuanto les da la gana el funcionamiento normal del Estado, porque a veces impiden hasta la aprobación de una simple ley. Hace pocos años –me la explicaron en el mismo Bundesrat- una pequeña reforma ha suavizado esa penosa situación pero sigue sin ser satisfactoria. Que ahora los socialistas quieran “bundesratizar” al Senado de España, a pesar del fracaso de esa fórmula en Alemania, dice mucho –más bien todo- de la indigencia intelectual y constitucional del PSOE de Pedro Sánchez.

El tema no es nuevo y yo ya me había ocupado de él en otras ocasiones. Una de ellas –comentando, precisamente, el libro del citado profesor- hace casi ocho años, en febrero de 2007. Anticipando lo que ahora estamos viendo, Sosa escribía que con los estatutos de segunda o tercera generación, España “se acabará tintando de elementos confederales”. “Están ya puestas todas las piezas –escribía por mi parte- que permitirán llegar al supuesto derecho de autodeterminación cuya proclamación directa o indirecta (piensen en el famoso ‘derecho de decidir’) sería, como reconocía el propio Sosa “proclamar el derecho de secesión”. Decía este profesor que “España no se rompe. Pero el Estado se fragmenta”. Yo me preguntaba entonces, un tanto irónicamente, si todo eso que ya acariciaban los socialistas, formaba parte de la “ampliación de derechos”, con que se lellenaba la boca, tan a menudo, a Zapatero.

En aquellos años del zapaterismo se caminaba hacia una España, si no rota, sí unida sólo por frágiles tiras de papel celo. La actual propuesta socialista nace muerta y sin futuro porque el actual Gobierno tiene las ideas claras y sabe que, en política, es irresponsable jugar a la ruleta rusa.

Alejandro Muñoz-Alonso

Catedrático de la UCM

ALEJANDRO MUÑOZ-ALONSO es senador del Partido Popular

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (4)    No(0)

+
0 comentarios