Una muestra de dibujos organizada por la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y la Fundación MAPFRE es digna de visitarse para ver los paisajes inspirados por las ciudades de España del conocido viajero inglés, Richard Ford, considerado uno de los principales hispanistas de su tiempo, que llegaron a España, un país desangrado por la guerra contra el ejército napoleónico. Hay dibujos de destacada calidad, admirables, pero, según algunos estudiosos, los de su mujer, Harriet Capel, son más profesionales y maduros. Fácil parece superar las obras de Ford, sobre todo, donde intenta retratar la realidad de la calle, los tipos populares, la fiesta de los toros o el entierro de Fernando VII. Aparte de las deficiencias puramente técnicas, algunas imágenes dan la impresión de ser algo artificial, no retratan la España del 1830, sino las fantasías románticas propagadas por literatos. La Alhambra de Ford, por ejemplo, sigue siendo el refugio de los moros de los cuentos de Washington Irving.
Además de las obras pictóricas, los organizadores no podían prescindir de la mención y de alguna que otra cita delManual para viajeros por España y lector en casa (A Handbook for travellers in Spain and readers at home). Reza un escaparate: "...este curioso país, que oscila entre Europa y África, entre la civilización y barbarie". He ahí, otra vez, el tópico decimonónico en todo su esplendor. "La forma cuadrada del país y la situación central de la capital presentan muchos obstáculos" para efectuar un gran recorrido. Entonces, ¿el hexágono francés con París en centro es casi tan inhóspito para viajeros como un bosque tropical?
Hablamos de un autor que con su Manual..., escrito diez años después del viaje, consiguiótanto éxito que hasta hoy este libro estáconsiderado uno de los mejores de su genero. Abrimos sus páginas y nos encontramos con la advertencia de que estádestinado sólo para el público inglés. ¿Por quérazón esas cautelas? Recordemos que Ford tuvo que retirar la primera tirada del libro por insistencia de su amigo Addington, ministro plenipotenciario de Gran Bretaña en Madrid. Addington censuróseveramente el contenido, especialmente allídonde Ford pintaba con rara malicia y saña a España y a los españoles. Resulta que el señor Ford, que durante tres años viajópor España vestido de "majo serio" y montado sobre una jaca cordobesa, no deja ni una página de las 1074 sin dedicar una pulla feroz contra los españoles; tampoco es fácil encontrar un elogio no atemperado por un sarcasmo. No le parecía digno a este gentleman de elogiar algo que no fuera inglés. De hecho, negaba hasta la actuación militar española en la Guerra de la Independencia contra Napoleón. El colmo. Señor Ford tuvo más cara que espalda, pero todavía se le considera un estudioso serio. De risa.
Las primeras impresiones de las cartas de Ford son más benévolas para España y españoles que lo que leemos después en el Manual... Esta metamorfosis se debe a sus abundantes lecturas realizadas después de regreso a Inglaterra en 1833. No hay cómo leer sobre la inmensa cultura española para enterarse de lo que no fue capaz de ver directamente; en una carta explica su decisión: "Mi mujer estáa menudo sola, [...], y mis hijos, en edad tan decisiva para su crianza, se están haciendo paganos y españoles...; también es hora de que yo vuelva a vivir limpiamente, como un gentleman..." Se establecióen Exeter, lejos de Londres, donde señor Ford pescótodos los tópicos posibles sobre España en la literatura del XIX. Bueno, no podemos negar que su fantasía también fue bastante fecunda, por ejemplo, atribuyóla abundancia de nombres marianos al uso "tan extendido entre los antiguos egipcios, del nombre de Osiris" e insistióque la costumbre de bautizar a los niños con nombres de los santos proviene de los musulmanes. Llama a España "país de hambre", al mismo tiempo que disfrutaba de la comida del Quijote, o sea recibía con frecuencia los envíos de los vinos, jamones y chorizos ibéricos. Ford era todo un personaje: llegó a tener fama de mayor estudioso del pueblo primitivo, pero, desgraciadamente, no se dio cuenta que el primitivo era él.
No olvidemos que redactóel libro casi diez años después del viaje, actualizóla información sobre lugares visitados, convirtiendo los informes de sus conocidos en sus propias "impresiones". Como en algunas de sus pinturas, en el libro podemos apreciar una visión de España y de los españoles ahistórica, burda y grosera, como si el peninsular no se hubiera transformado desde los tiempos de los iberos. En fin, todas las "teorías" de su Manual... sobre el carácter nacional destacan por su falta de lógica y rigor histórico: describióla España fernardina negando la España real, pero, lo que es peor, le negóa España la posibilidad de cambiar sus malas costumbres e ideas. Vean, pues, los dibujitos y acuarelas de Ford con cierta displicencia; admiren los pocos que se exhiben de su mujer; y pasen ampliamente del Manual para viajeros por España.