TRIBUNA
La salida del euro de Grecia
miércoles 07 de enero de 2015, 20:26h
El Gobierno de Angela Merkel ha defendido a través de declaraciones reveladas en el semanario “Der Spiegel” la tesis de que Grecia debía salir de la eurozona si Syriza, que representa la izquierda radical a través de su líder Alexis Tsipras, ganaba en los comicios el próximo día 25 de enero. A pesar de que el que PIB griego supone únicamente el 1,84 % de toda la eurozona, no se puede olvidar que la deuda externa del país alcanza ya los 300.000 millones de euros. Alemania posee unos 65.000 millones y España, como cuarta mayor economía de la eurozona, unos 25.000 millones, en torno a un 12 % del total, cantidades que con cierta probabilidad nunca se conseguirán recuperar.
Hay que reconocer que el rescate europeo a Grecia no ha dado los resultados que se esperaban: el paro ha alcanzado al 25%, el PIB ha caído más de un 20% y la deuda pública ha llegado al 175%. La pregunta que está desde hace tiempo sobre la mesa es cómo se puede salir de esta situación límite. Los distintos partidos políticos en Grecia dan repuestas bien distintas a esta cuestión que más que atisbar algo de optimismo lo que creo que generan es todavía más inestabilidad política: el izquierdista Syriza es partidario de abandonar el rescate, apoyado en estos momentos por nada menos que el 30% del electorado, mientras que el partido de Nueva Democracia de corte conservador, y segundo en intención de voto, insiste en la necesidad de seguir con la política de austeridad marcada por Bruselas y Berlín así como proseguir con el fiel cumplimiento de los acuerdos.
El claro tono amenazante de Merkel y de su ministro de Finanzas, Wolfgang Schäuble, ha sido duramente criticado por el presidente de la formación más izquierdista del Parlamento alemán, Bernd Riexinger, e incluso por los socialdemócratas, socios de los democristianos en el Gobierno de gran coalición. No es la primera vez que desde la Unión Europea se presiona a Grecia. De hecho, cuando en 2012 Syriza ya rozó la victoria, la Comisión Europea llegó a preparar un informe para el supuesto de que Grecia saliese del euro.
No perdamos de vista que dos graves guerras mundiales provocaron una alianza franco-alemana a la que luego se sumarían muchos otros países unidos todos ellos por el eje del estado de derecho. Concretamente la CECA (formada en su origen por Francia, Alemania Occidental, Italia, los Países Bajos, Bélgica y Luxemburgo) fue la primera de una serie de instituciones supranacionales que se convertirían en lo que es hoy la Unión Europea.
Tan malo para Grecia sería salirse del euro como para la Unión Europea que Grecia estuviese fuera. No se trata de una cuestión cuantitativa de averiguar quién perdería más sino de índole cualitativa. Todos nos necesitamos para seguir creciendo en libertad, igualdad, justicia y solidaridad que son los valores que vertebran a la Unión Europea. Asimismo la salida de Grecia de la moneda podría sentar un grave precedente para otros países también con serios problemas económicos que, por efecto contagio, podrían sentirse identificados con el país heleno. Pensemos, por ejemplo, en el caso de Portugal.
Los votantes helenos tienen la oportunidad en este mes de frenar con su voto en las urnas el avance del populismo de izquierdas que encarna Syriza de Tsipras, que parece querer conquistar los corazones del electorado a través del juego de las emociones. Cuando hay escasez de recursos, paro y descontento social, qué mejor forma de captar votos puede haber que la promesa de abandonar el camino de la austeridad, prometiendo resultados inalcanzables en términos realistas. La desesperación no se cura con quimeras. Quizás la clave esté en aprender a gestionar mejor nuestras emociones si queremos vivir y convivir dentro de un Estado democrático en el marco de la Unión Europea.
Es cierto que nos faltan educadores morales y “emocionales” tan necesarios para aprender a movernos dentro del escenario que marcan las reglas de la democracia. Qué necesario sería en estos momentos tener a líderes políticos, al modo de Erasmo de Rotterdam o Tomás Moro, que nos invitasen a defender una actitud ético-política desde la responsabilidad moral. Al menos, nos quedan las obras de estos grandes genios del humanismo renacentista europeo para aprender que la paz sólo se consigue desde la unidad de las potencias en el contexto internacional. Recuperemos pues la memoria histórica tan necesaria para entender nuestro presente y marcar el rumbo que nos dirige hacia el futuro. Ya lo dijo Robert Schuman en su Declaración del 9 de mayo de 1950: “La paz mundial no puede salvaguardarse sin unos esfuerzos creadores equiparables a los peligros que la amenazan”.
No seamos ingenuos pensando que ante una situación tan delicada como la que atraviesa Grecia actualmente desde el extremismo político, sea de derechas o de izquierdas, se puede remontar. Lo más importante en momentos de crisis como éste es no perder el vínculo con la Unión Europea, que como organización internacional alimenta valores a los que no podemos renunciar. Inevitablemente, ello exige en el caso de Grecia el mantenimiento de los compromisos marcados por la troika.
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Catedrática de Filosofía del Derecho
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