TRIBUNA
Juan José López-Ibor Aliño (1941-2015)
miércoles 14 de enero de 2015, 12:26h
Actualizado el: 14/01/2015 22:31h
Hace apenas un mes, el 10 de diciembre de 2014, el Prof. Juan José López-Ibor Aliño ingresaba en la Real Academia de Doctores con un discurso “El lenguaje de la medicina y su mutua integración con otros lenguajes. Un paradigma para la ciencia de consecuencias sociopolíticas” que, en cierta manera, puede considerarse su testamento intelectual. Su vocación de diálogo entre el mundo científico y el humanista y su sana ambición de comprensión de todas las facetas que conforman la realidad de las personas quedó allí reflejado. Un discurso pleno de citas a filósofos, historiadores, políticos, físicos, médicos, en fin, científicos en el pleno sentido del término, que concluía con una reflexión que mostraba también otra de las facetas más distinguidas de su sobresaliente personalidad cuando afirmaba: “La ciencia tiene sus límites y no se puede ser un buen servidor de la misma sin un alto grado de humildad. La ciencia debe descifrar enigmas, pero bueno es reconocer que también hay un ámbito para el misterio, insondable, en el que cobijarnos para ser mejores científicos. De no aceptarlo así, corremos el riesgo de desterrar como científicos a un dios, para erigirnos a nosotros mismos en dioses, señores de la historia, por no decir tiranos de la misma”.
Hijo del célebre psiquiatra Juan José López Ibor y de Socorro Aliño, continuó la labor de su padre con un perfil tan destacado que ha sido, sin duda, una de las referencias de la psiquiatría internacional a finales del siglo XX y comienzos del siglo XXI, como muestran los diferentes honores y reconocimientos que recibió –en España fue numerario de la Real Academia Nacional de Medicina, en Buenos Aires miembro de Honor de su Real Academia-, así como sus responsabilidades en el ámbito de organismos como la Organización Mundial de la Salud o la Asociación Mundial de Psiquiatría. Catedrático de Psiquiatría de la Universidad Complutense, tras sus pasos por Oviedo, Salamanca y Alcalá de Henares, realizó sustantivas aportaciones en el estudio y tratamiento de la esquizofrenia, los trastornos del humor o los trastornos obsesivos-compulsivos, entre otros. Su magisterio clínico hizo que fueran legión sus discípulos –dirigió 39 tesis doctorales-, entre ellos, su hija María Inés –otra López-Ibor que está honrando sobradamente el apellido y lema familiar “fuerte en la adversidad”-, con quien colaboró estrechamente en las últimas dos décadas. Su labor asistencial ha tenido como resultado final el Instituto de Psiquiatría y Salud Mental en el Hospital Clínico –cuyo diseño y organización ha hecho posible que, en la actualidad, atienda un área que comprende más de 600.000 ciudadanos- y la Clínica y Fundación López Ibor, que no solo custodia el legado intelectual y científico de su padre, sino que también es de esperar que a partir de ahora también el suyo propio.
Vinculado a la mejor tradición liberal española, tuvo entre sus referentes intelectuales esenciales a José Ortega y Gasset y Gregorio Marañón –de cuya Fundación fue Patrono-. “Hay que buscar al ser humano en la enfermedad y no solo la enfermedad en el ser humano” fue la cita del Dr. Marañón que escogió para ilustrar en su último discurso que la atención al enfermo deber ser el centro y objeto de atención del médico, aspecto este esencial para comprender la actuación clínica e investigadora del Dr. López-Ibor.
Hombre bueno, feliz al lado de sus hijos y de Sonia, su mujer, siempre encontraba tiempo para los amigos a quienes nos brindaba, además de su afecto, el consejo preciso. De actividad y enorme producción –a la clínica y la Cátedra, añádanse el más de medio centenar de libros que ha escrito en solitario o en colaboración o los más de 400 artículos científicos y dos centenares largos de capítulos de libros-. Sus sesiones clínicas, intervenciones en congresos o conferencias –siempre con referencias humanísticas- resultaban plenas de incitaciones intelectuales y enjundiosas reflexiones. Su tono y ademán sereno, así como el sosiego y sencillez con que exponía sus argumentos, iban siempre acompañados de una colosal erudición que enaltecían la auctoritas que su figura despertaba. El pasado 12 de enero nos dejaba este gran hombre de ciencia español, nos queda la huella imborrable de su recuerdo y legado intelectual.
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Profesor de la UCM
Antonio López Vega es profesor de Historia Contemporánea de la UCM.
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