TRIBUNA
Que su 'Yihad' no despierte la nuestra
Alberto Pérez Castellanos
miércoles 14 de enero de 2015, 19:31h
He asistido, como millones de personas, con horror a lo ocurrido en Francia durante los últimos días. La lacra del terrorismo lleva siglos instalada en nuestra sociedad bajo el paraguas de todo tipo de extremismos y, a veces, en connivencia con naciones, partidos políticos, empresas o delincuentes de todo tipo. Es innegable que la aplicación de las leyes es un paso fundamental para frenar las tentativas de estos grupos como los yihadistas de los que, por desgracia, se habla tanto ahora. Sí, es un paso, pero ni mucho menos el más importante.
Como cualquier delincuente que se salta la ley, un terrorista debe pagar por sus crímenes. No hay discusión posible. Robar, secuestrar o matar no son una opción, por mucho que se escuden en objetivos supuestamente honorables. Pero los fanatismos, sean del tipo que sean, no se combaten sólo con policías, militares, fiscales y jueces; y pensar que sí se puede es un grave error que nos puede llevar a cometer los mismos errores que queremos evitar en aquellos que intentan extender el terror entre nosotros
Y no es un error pequeño. Escucho y leo a personas que, llevadas por la ira, el miedo y la venganza, identifican a una religión con la violencia sin recordar que se han producido masacres, persecuciones y represión con la excusa de pelear por lo que cada uno identificaba como la deidad auténtica. En nuestro país se expulsó durante siglos a los que no comulgaban con la fe cristiana, se les obligaba a convertirse y arrepentirse o coger las maletas, y se les torturaba o ejecutaba. ¿O acaso no recordamos que la 'Guerra Santa' no es un concepto nuevo? Lo que ahora se conoce como 'Yihad' es algo que han practicado todas las religiones durante su historia y que algunas han superado, y ninguna lo ha hecho gracias al peso de la ley.
Lo primero que tenemos que tener en cuenta es que para aquellos que tienen en una supuesta misión divina, la única ley que van a atender es la de Dios. Seguro que hay responsables religiosos que tienen en Mahoma a su profeta y que justifican los ataques terroristas, pero son los menos; y en eso nos tenemos que apoyar para buscar el mejor camino para luchar contra los fanáticos más peligrosos. Los primeros que querrán acabar con esta dictadura del miedo son los propios musulmanes. Ellos conviven cara a cara con aquellos que les acusan de no practicar la fe de forma correcta y completa, y son los primeros en sufrir sus ataques. Cada día, decenas de personas que profesan la misma religión que los terroristas mueren o tienen que exiliarse y huir de sus casas. Ellos llevan luchando contra ese fanatismo décadas. Es a ellos a los que tenemos que apoyar y ayudar, no perseguir. Si pensamos que por rezar en una mezquita o celebrar el Ramadán son una amenaza nos convertiremos en extremistas fanáticos que acabarán justificando cualquier acto de venganza.
La lucha policial y el peso de la justicia debe caer bajo estos criminales pero no tenemos que caer en falsas soluciones que nos lleven al 'ojo por ojo'. Para acabar con el extremismo religioso hay que trabajar desde la razón, la normalidad y el respeto. Una guerra abierta contra todo lo musulmán nos restaría esos tres ingredientes. Hay que castigar a los criminales con dureza y con firmeza pero sin que se convierta en una penitencia para los inocentes, algo que podría provocar el efecto contrario y sumaría adeptos a una “Guerra Santa” que se debe desterrar de todas las religiones del mundo.