Pues, no. No me he alegrado de la muerte del etarra Bolinaga. He condenado y...
Pues, no. No me he alegrado de la muerte del etarra Bolinaga. He condenado y condenaré siempre la espantosa atrocidad por él perpetrada contra Ortega Lara. He condenado y condenaré siempre la vesania de su colaboración en muchos de los asesinatos cometidos por Eta, que colmaron de dolor a centenares de familias españolas y quebraron la integridad física de personas tan admirables como Irene Villa.
Me enseñaron desde niño a odiar el delito. Pero también a compadecer al delincuente. Los delitos cometidos por Bolinaga son especialmente odiosos y su falta de arrepentimiento estremece. Pero es por completo ajeno a mi formación sentir alegría por la muerte de nadie. Tal vez Bolinaga fue excarcelado prematuramente. Ya en libertad, su desprecio por las víctimas del terrorismo etarra subleva a cualquier persona razonable. Pero una cosa es eso y otra muy distinta complacerse con la muerte de un delincuente, por graves que hayan sido sus delitos y asesinatos.
Hay que procurar no perder el equilibrio. Leo con disgusto declaraciones o comentarios, incluso de periodistas habitualmente ecuánimes, en las que se manifiesta regocijo por el fallecimiento de Bolinaga. Respeto todas las posiciones pero no me puedo sumar a la alegría por la muerte de nadie. Odia el delito y compadece al delincuente es lo que me enseñaron desde niño y no he modificado esa idea ni siquiera ante los espantosos crímenes cometidos por los etarras.