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TRIBUNA

Corrupción de mayores

sábado 24 de enero de 2015, 18:56h

"Un zafio generoso siempre será mejor que un egoísta bien educado. Un hombre honesto, pero descortés, siempre será mejor que un canalla refinado". André Comte-Sponville.

Un amigo me contaba que al entrar en el aseo de un hospital de Madrid vio un cartel que animaba a los 'caballeros' a orinar sentados. El cartel estaba en inglés y consistía en un dibujo muy elocuente -un hombre sentado en el w.c.- junto con un enlace a una web llamada www.pissitting.org. Ignoro si se trata de un movimiento cívico, una campaña publicitaria o una iniciativa social, pero me parece una idea estupenda. A veces, una persona va a un baño público, hace sus necesidades (las que sean) y es capaz de dejarlo en peor estado del que se lo ha encontrado. ¿Qué no sería capaz de hacer si tuviera ocasión?

Supongo que está en la naturaleza humana ver la paja en el ojo ajeno antes que la viga en el propio. Puede que sea una cuestión de supervivencia o de costumbre pero en ningún caso eso justifica la falta de civismo y urbanidad. Todos sabemos que está mal colarse cuando hay gente esperando, coger dos trozos de tarta cuando tocamos a uno o hacernos los locos a la hora de pagar la cuenta.

Hoy en día, la recompensa material parece el objetivo más deseado. El eslogan del Euromillones nos anima a jugar porque “la libertad es el premio”. Hace no muchos años, el reconocimiento y la solidaridad popular estaban bien valorados y animaban a aquellos que querían dedicarse a lo público. La moralidad, el saber hacer y el conocimiento fueron una meta a lograr en la antigüedad, pero en actualidad la meta más codiciada es el dinero (también el prestigio, pero no sin dinero). Lo que hagas, cómo lo hagas y a costa de quién lo hagas, no importa si logras el objetivo, todo lo demás será obviado, olvidado y hasta perdonado. Nos puede parecer que la idea siempre estuvo ahí, y desde luego hay mensajes que invitan a conseguir el beneficio material por encima de todo, por supuesto bajo la bandera del bienestar social, del bien común, de la solidaridad y de la libertad. Parece que ser cívico, generoso y honrado no tiene premio. No esperen recompensa material alguna, no la hay.

En un mundo de intereses materiales la corrupción de (los) mayores es más habitual de lo que parece. No hablo de la corrupción política, de la empresarial o de las mafias. Tampoco me refiero a no pagar o cobrar facturas sin IVA (o no cobrarlo para evitar ser fiscalizado), trabajar mientras se cobra el subsidio por desempleo, no declarar el alquiler de una vivienda, ni la corrupción derivada de la codicia o de la triste necesidad. La corrupción de la que hablo tiene que ver más con lo humano, con otros niveles de corrupción que ponen de manifiesto la mala conducta o la degradación de las personas.

En el nivel social más básico, el que tiene que ver con los cercanos, aprovecharse en exceso de la buena voluntad de familiares y amigos para sacar un provecho material o por puro egocentrismo establecer relaciones de una sola dirección (pedir y nunca dar) es una forma de corrupción. Si aumentamos el radio de influencia social y el nivel de ceguera (o egoísmo, según se mire), y en nuestras relaciones laborales o en la comunidad más cercana no colaboramos, entorpecemos y atacamos al prójimo, entonces somos unos corruptos, así de simple. Si nos escaqueamos en el trabajo, pretendemos estar enfermos y hacemos trampas para ganar más… estamos también corruptos. Si en la comunidad de vecinos dejamos de cumplir las normas acordadas por todos, maltratamos las zonas comunes, no pagamos el recibo de la comunidad y no cumplimos las reglas básicas de urbanidad y respeto, somos unos corruptos.

A una escala más global, en la que el anonimato es un refugio para muchos, ser poco cívicos a la hora de conducir o viajar y ser un descuidado, sucio o, peor aún, destructivo a la hora de utilizar cualquier servicio o establecimiento público es un acto de corrupción. Cualquier acto de desprecio, maltrato o desconsideración hacia otro ser humano o animal y la falta de respeto hacia el planeta y la naturaleza que nos rodea son actos de corrupción, lo dicho, de mayores. Hoy en día puede que no ser corrupto no tenga recompensa. ¿O quizá sí?

Hay quienes dan con alegría y esa alegría es su premio”. Khalil Gibran

Nacho López

Asesor Financiero

NACHO LÓPEZ, dedicado al mundo de la banca de inversión y comercial, al mercado de capitales, al análisis y al asesoramiento bursátil, ha trabajado en los principales bancos españoles y en otros internacionales de primera línea.

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