NOVELA
Wajdi Mouawad: Ánima
domingo 25 de enero de 2015, 14:04h
Actualizado el: 25/01/2015 16:10h
Traducción de Pablo Martín Sánchez. Destino. Barcelona, 2014. 448 páginas. 19 €
Por Carmen R. Santos
En la vida de Wajdi Mouawad (Beirut, Libano, 1968), la violencia le ha dejado una profunda huella. Precisamente con motivo de su venida a España para presentar Ánima, su última novela, realizó una estremecedora confesión: “Siendo muy joven me enseñaron a odiar a musulmanes, judíos, palestinos, chiítas y sunitas porque no eran cristianos menonitas. Todos vivimos ese odio y era muy normal, por lo que cuando en el periódico leíamos que había muerto un sunita, salíamos a la calle y bailábamos. Así es como se construyó mi identidad: bailando por la muerte de un sunita”. Pero ese odio no es solo patrimonio de la comunidad a la que pertenecía Mouawad, sino que despliega de manera sangrienta en todas direcciones. En el castigado territorio libanés se suceden las masacres: Sabra y Chatila, Damour, Karantina… en una espiral infernal de venganzas y odios seculares. La cruenta guerra civil, que se cobró más de diez mil muertos, provoca que la familia del futuro escritor emigré a París en 1977, y posteriormente se instale en Montreal. En sus tierras de adopción, Mouawad aprendió el valor de la tolerancia y el respeto hacia el otro.
Pero la violencia, como el dinosaurio del célebre microcuento de Monterroso, sigue ahí. Siempre está presente en los ámbitos colectivo e individual porque el mal forma parte de la condición humana. Por eso, Aubert Chagnon, el médico coroner, personaje de Ánima, será su implacable testigo: “Asesinatos de niños, de mujeres, de hombres, cometidos por hombres, por mujeres, por niños, donde todas las combinaciones son posibles. Así es desde la noche de los tiempos. Ya podemos darle vueltas en todos los sentidos, ya podemos practicar la imparcialidad, el amor, el perdón, la ley, la reencarnación, la democracia, las utopías o las religiones, que no hay manera: una mañana de domingo, un hombre, exasperado con su vecino porque no se ponen de acuerdo en quién tiene que quitar la nieve, lo matará a palazos y le destrozará la cara. En medio del gran caos de las almas a la deriva, el coroner es el guardián de los hechos”.
A Wahhch Debch, protagonista de Ánima, un día cualquiera le golpea directamente el horror. En el salón de su casa de Quebéc encuentra el cuerpo ensangrentado de su mujer, Léonie. Ha sido brutalmente violada y asesinada, junto al hijo que esperaba. El asesino se ha esmerado en su “trabajo”, se ha cebado con su víctima y ha destrozado la existencia de Wahhch Debch. Tras el shock inicial toma una decisión: perseguir al sospechoso del crimen por la frontera entre Estados Unidos y Canadá, recalando en reservas indias, en una cacería en la que a veces los papeles de cazador y presa se invierten, y donde la violencia se enseñorea entrecruzándose los planos individual, la historia de Debch, y colectivo, la matanza de Sabra y Chatila.
La novela se nos narra a través de voces singulares, las de un sinfín de distintos animales, perros, gatos, moscas, caballos…, que siguen los pasos de quien llaman “un humano”. Sin duda, la elección de este punto de vista otorga una dimensión original a la obra que podríamos considerar un particular thriller con sus puntos metafísico y poético, al que no le resultan ajenos los postulados de la tragedia griega. Esa tragedia a la que Wadjdi Mouawad ha proporcionado un nuevo impulso en su faceta de dramaturgo y director de escena -también actor-, por la que es más conocido. En la mente de todos está su tetralogía La sangre de las promesas -publicada en español por KRK y representada en nuestro país-, que incluye Bosques, Litoral, Incendios y Cielos. A su brillantez como autor teatral no le va a la zaga su condición de narrador como demuestra en esta sugerente novela.