Cerrado el escrutinio electoral en Grecia, los comicios legislativos de este pasado domingo en los que se ha impuesto la coalición de izquierdas
Syriza dejan al país heleno en una encrucijada en la que entran en juego varios factores políticos, económicos y sociales.
Una vez confirmado un nuevo Gobierno de coalición gracias a la alianza de los radicales de izquierda con los
independientes nacionalistas de ANEL, el próximo primer ministro heleno tiene como primera misión
formar un Gabinete que contente a sus socios de alianza y transmita confianza a una sociedad hastiada con la clase política y, a su vez, lidiar con un escenario internacional muy escéptico con sus proclamas populistas.
Por lo pronto, es momento de meter el bisturí en los resultados de ayer.
El intrincado sistema electoral griego 'falsea' en cierto modo los datos electorales definitivos. Si bien Syriza ha estado muy cerca de lograr la mayoría absoluta en el Consejo de los Helenos, el Parlamento nacional, lo cierto es que obtuvo el 36 por ciento de los votos, muy lejos del 50 por ciento en el que se cifra la mitad matemática.
Esto se debe a que la Constitución griega contempla un
bonus de 50 escaños para el partido que obtenga un mayor número de votos en las elecciones en base a un procedimiento llamado democracia corregida. Un modelo muy similar se aplica en Italia, aunque en el país transalpino no se contempla esta asignación extra.
Con esto en cuenta, llama la atención que los conservadores de
Nueva Democracia, liderados por el hasta ahora primer ministro
Antonis Samaras, sólo hayan cedido tres asientos de los que concede el censo, que se suman al medio centenar que deben traspasar al no ser la fuerza más votada.
Es decir,
el descalabro de los conservadores no es tal si se mira con detenimiento el escrutinio: en 2012, Nueva Democracia cosechó el 29,66 por ciento de los votos que le bastó para gobernar; en 2015, el 27,81 por ciento,
apenas 1,85 puntos menos, que se traduce en un un 17,66 por ciento menos en cuanto a parlamentarios.
Por tanto, el presunto hartazgo de los griegos con la clase dirigente no es como se ha vendido desde la izquierda, al menos con los conservadores. Sí es cierto que las fuerzas tradicionales, Nueva Democracia y, sobre todo, Pasok, se han dejado un buen número de asientos electos en estos comicios, hasta 23 entre ambos, pero
el éxito de Syriza se ha cimentado sustancialmente en el trasvase de votos desde los socialistas a los radicales y no tanto por el descalabro de la derecha, que hasta ahora ostentaba el poder.
Especialmente sangrante es la debacle de los socialistas del Pasok. Después de tres décadas en la primera línea de fuego, la formación ahora liderada por
Evangelos Venizelos ha pasado de gobernar en mayoría en 2009 a ser, junto con ANEL, el partido con menor representación de la Cámara. Las luchas intestinas que llevaron a la salida del partido del ex primer ministro
Yorgos Papandreu y un discurso falto de conexión e ideas les han llevado al ostracismo parlamentario.
Con esto en mente, de los 250 escaños en juego este domingo, la alianza ganadora, la formada por Syriza y los Griegos Independientes de ANEL, suma
112 asientos electos, de los que 99 los aportan los radicales de ultraizquierda.
Primer asalto: la TroikaPor otro lado, la inexperiencia de Syriza en cuestiones de gobernabilidad provoca que el nuevo Ejecutivo nazca rodeado de un
halo de incertidumbre dentro y fuera de Grecia.
Uno de los mantras más repetidos por Tsipras a lo largo de estas semanas de campaña electoral ha sido el de
romper con la élite política que se ha repartido el poder desde la caída de la conocida como dictadura de los coroneles en 1974. Para prueba, su primer gesto contra lo que él llama "la tradición oligarca": será
el primer ministro griego que no jura el cargo ante al arzobispo ortodoxo de Atenas, la máxima autoridad religiosa del país.
Queda por ver qué concesiones hará Tsipras a sus nuevos socios de gobierno en cuestión de carteras ministeriales, unos socios que se encuentran en el extremo opuesto del espectro ideológico y a los que
sólo les une su animadversión por la Troika y por sus medidas de austeridad que, a su juicio, han sumido al país en la absoluta quiebra. De hecho, ANEL está encabezado por
Panos Kamenos, un antiguo militante de Nueva Democracia, ahora el primer partido de la oposición.
Kamenos, que se especula con que podría obtener la
cartera de Defensa, no esconde su ideología y en campaña se ha mostrado en contra del aborto y muy beligerante con la postura griega en lo tocante a la división de Chipre y a la disputa del país heleno con la República de Macedonia por el nombre de ésta última, que comparte con una región septentrional del estado.
Panos Kamenos (izquierda) y Alexis Tsipras (derecha), durante su encuentro de este lunes en el que han sellado el pacto de gobierno. Foto: Efe
Pero será con la Troika con quien tendrá Tsipras su primer envite serio a lo largo de febrero.
El día 28 del próximo mes finaliza el plazo para que el país heleno haga frente al pago de la gigantesca deuda adquirida con los socios europeos, que han inyectado en su 'hermano' del este la friolera de
240.000 millones de euros.
El nuevo primer ministro ya ha dicho que todos los pactos y plazos a los que se comprometió su antecesor, Antonis Samaras, son
papel mojado y que está dispuesto a sentarse a la mesa de negociación siempre y cuando
se empiece desde cero.
Por su parte, la Troika ya ha advertido a Tsipras de que no está dispuesta a hacer concesiones y que Grecia se debe ajustar al calendario de pagos fijado "en nombre de la igualdad de trato", según ha señalado este mismo lunes
Christine Lagarde, directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI). Una línea en la que también se ha manifestado el francés
Pierre Moscovici, comisario para Asuntos Económicos y Financieros de la Unión Europea.
Este pulso entre unos y otros podría acabar con Grecia
fuera del euro, un extremo que sólo respalda el 15 por ciento de los helenos. En caso de que esto sucediera, el país heleno se quedaría
fuera de los sistemas tradicionales de crédito con los que ha venido financiándose las últimas décadas y se vería abocado a contemplar otras vías, como
Rusia o China, expectantes y ansiosos por ampliar sus áreas de influencia, esta vez a las puertas mismas de la eurozona y dentro incluso de la Unión Europea.