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TRIBUNA

Una extraña ausencia (y 2)

José Manuel Cuenca Toribio
viernes 20 de febrero de 2015, 19:54h

En el cuajado elenco profesoral de la hoy más que nunca renombrada Facultad de Ciencia Políticas de la Universidad Complutense con cuya plausible referencia concluía el artículo precedente, figuró un día -con los honores y merecimientos que deben rendirse a los docentes vocacionados y entusiastas en grado sumo cuando no arrebatados por su disciplina-, un prestigioso, no obstante su juventud, estudioso de las ideas, imantado preferentemente por los orígenes de la contemporaneidad hispana y, dentro de ella, por las luchas ideológicas de nuestra muy difícil y tardígrada modernización, de grado tan áspero y tensionado que impidieron una mínima cohesión doctrinal del cuerpo social, sin la que todos los proyectos de convivencia se encuentran ineluctablemente condenados al fracaso o una plasmación quebradiza e infirme.

En tal dimensión, el Prof. D. Javier Varela escribió ha un quindecenio en prestigiosa editorial madrileña un libro de rara fruición y envidiable escritura: La novela de España. Los intelectuales y el problema español. A un siglo de distancia, se reverdecía así un tema axial de la realidad e imagen históricas de nuestra patria, que, tras una corta guadianización, retorna estos días al principal escenario de la política nacional: el reformismo. Programa áureo, imantador de las mejores y más nobles y acendradas energías del pensamiento de estirpe española, que en los dos últimos siglos encontró sus jalones primordiales, en Jovellanos, los tribunos doceañistas –D. Gaspar Melchor no se contó, según es bien sabido, entre ellos y bien que se notó…-, Balmes, Clarín, D. Francisco Giner de los Ríos, Valera, Ganivet, Ortega, Azaña…, y las sumidades que en corto plazo puedan añadirse a tan refulgente cadena (y aunque en la planicie esteparia del presente no se divisen aquéllas, seguro que existen o, tectónicamente, estarán emergiendo con imparable al par que discreto ascenso…)

El autor de la mencionada y de todo punto recomendable obra aspiró -en pos tal vez de algunos de sus autores de lectura cuotidiana y culto perseverante-, consagrada ya la democracia, a seguir su ejemplo, sumergiéndose en las estimulantes aguas de la política activa, militante y partidaria. De manera un tanto sorprendente para sus inclinaciones juveniles y el enfoque de gran parte de sus escritos, la opción conservadora en su cochura aznarista fue la elegida para obtener la alcaldía de un pueblo valenciano. Peripecia accidentada a juzgar por las polémicas corraleñas que suscitara su gestión, noticias confusas que llegan al articulista lo vuelven a situar, a la fecha, en el retorno a sus lares investigadores, en procura acaso de nuevos empeños bibliográficos, que ojalá tangan materialización habida cuenta de la erudición y finura de su pluma.

Por el momento, los dirigentes de Podemos, compañeros y alumnos suyos, en las Facultades de Políticas de la Complutense y la UNED no lo reivindican como uno de sus mentores, con flagrante injusticia por el acervo doctrinal que recibieron de sus palabras y escritos, con frecuencia presentes en los suyos. En el paradigma que se aprestan democráticamente a implantar en la vida española acaso también figure la ingratitud hacia los maestros…

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