Este febrero ha comenzado, como en cada verano austral, una versión más del Festival Internacional de la Canción de Viña del Mar, en Chile. Se trata de un evento de larga historia y donde han participado artistas valiosos de diversas partes del mundo, algunos de los cuales han saltado a la fama en el escenario de la Quinta Vergara, mientras otros han consolidado su presencia en América Latina o en los países de habla hispana.
Una de las novedades en la inauguración del 2015 fue una puesta en escena muy singular. Fueron apareciendo uno a uno algunos de los poetas más destacados de la historia de Chile. En primer lugar apareció Gabriela Mistral, Premio Nobel de Literatura en 1945, maestra de escuela y de poesía sencilla y profunda, de quien se recordó su poema "Miedo": "yo no quiero que a mi niña/golondrina me la vuelvan... yo no quiero que a mi niña/la vayan a hacer princesa... yo menos quiero que un día/me la vayan a hacer reina". De fondo una imagen que recordaba a la escritora y una voz emotiva que recitaba algunos de estos versos.
A continuación fue el turno de Pablo Neruda, seguramente el más universal de los autores chilenos, Premio Nobel de Literatura en 1971, a quien muchos consideran como uno de los principales poetas de habla española de todos los tiempos. La voz nasal y melancólica del poeta recitaba de fondo el "Poema 15", uno de los más recordados de su libro juvenil "Veinte poemas de amor y una canción desesperada": "Me gustas cuando callas/porque estás como ausente..."
Posteriormente aparecieron los dos últimos homenajeados, ambos poetas galardonados en su momento con el Premio Cervantes: Gonzalo Rojas (2003) y Nicanor Parra (2011). Rojas apareció primero con "¿Qué se ama cuando se ama?", con esa voz rebelde que se interrogaba sobre el amor, la mujer y la muerte: "Me muero en esto, oh Dios, en esta guerra/de ir y venir entre ellas por las calles, de no poder amar /trescientas a la vez, porque estoy condenado siempre a una,/a esa una, a esa única que me diste en el viejo paraíso".
Finalmente fue el turno de Parra, el gran poeta chileno vivo, quien acaba de celebrar el 2014 sus cien años de vida. Así se pudo escuchar una vez más "El hombre imaginario", ese poema lleno de genialidad y que se nutre de la realidad e la imaginación literaria: "El hombre imaginario/vive en una mansión imaginaria/rodeada de árboles imaginarios/a la orilla de un río imaginario... Todas las tardes imaginarias/sube las escaleras imaginarias/ y se asoma al balcón imaginario/a mirar el paisaje imaginario".
La puesta en escena culminó de manera emotiva con una lluvia de papeles con poemas sobre la Quinta Vergara, y una voz de fondo que recordaba -sin duda con algo de patriotismo, pero también con sentido de la realidad, que Chile es "un país sembrado de poetas". No siempre fue así: durante el siglo XIX la novela parecía conquistar las letras de este país que comenzaba a organizarse bajo formas republicanas y quería ser parte del concierto mundial. Pero también es verdad que se trata de una sociedad que había nacido con la poesía heroica de Alonso de Ercilla, quien dejó como herencia las letras españolas de una obra épica imperecedera. Asimismo fue a fines del siglo XIX cuando el gran poeta nicaragüense Rubén Darío gastó algunos años de su juventud precisamente en Chile, donde publicó Azul, uno de sus grandes libros, dejando una huella imborrable que sería recogida en el siglo XX por otros escritores.
Sin embargo, la poesía, o la literatura en general, no viven en la actualidad su mejor momento, como ilustran las ventas de libros, la misma lectura o la enseñanza literaria. Contar con grandes talentos poéticos, galardonados internacionalmente, podría llevar a vivir de las glorias pasadas y no de la permanente capacidad de renovar las letras, de motivar a la sociedad a leer y recitar poemas, a los jóvenes a escribir y desarrollar sus talentos, a proyectarse como en su tiempo lo hicieran Mistral y Neruda, Rojas y Parra, y también Huidobro y otros tantos escritores.
Para ello es preciso leer, leer por gusto y con pasión, acercarse a los autores con ganas de conocer y sentir, gozar y compartir. Como en todas estas cosas el gusto personal es muy relevante, así como los consejos recibidos y el acceso a las obras, que hoy prácticamente es universal. Pero vale la pena gastar horas de juventud y de madurez leyendo a Miguel Hernández o San Juan de la Cruz, a García Lorca y a Octavio Paz, a Rafael Alberti y Borges. Y por supuesto a escritores de otras lenguas que han honrado la hermosa vocación literaria, que han proyectado su idioma hacia el futuro y han permitido que las sociedades recuerden que no son solo dinero y ladrillos, sino también versos y poemas, que el progreso no se mide simplemente por los resultados económicos, sino también por el progreso espiritual, que los países no son conocidos solo por su geografía sino también por sus poetas. Y que cada uno de nosotros podemos hacer de nuestras vidas no solo una gran historia, sino también una colección de pequeños y valiosos versos.
La poesía está llena de misterios
de palabras que vuelan libremente
de recuerdos guardados en los versos.
La vida está llena de poetas
cantores del dolor y la esperanza
solitarios que a todos pertenecen.
La historia nació con los cantores
en la vieja Grecia milenaria
y pasados los años y los siglos
sigue viviendo en los amores
de los poetas vivos y difuntos
escritores de versos desgarrados
bardos fieles cuyos versos inmortales
a la mismísima muerte han derrotado.