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En torno al laicismo

William Chislett
sábado 24 de mayo de 2008, 20:36h
Los Gobiernos de Turquía y España tienen muy poco en común – uno lo preside un partido de tendencia islamista moderada (el AKP) y en el otro hay un partido socialista – pero ambos están intentando cambiar la manera en que el secularismo se practica en sus respectivos países. Esto es un tema enormemente complejo y aun más cuando se compara un país musulmán y uno católico, aunque en este caso los dos gobiernos hayan creado la mal llamada Alianza de las Civilizaciones (las alianzas tienden estar en contra de algo y no a favor).

Mientras la religión islámica en Turquía esta subordinada al estado (y administrada por una especie de ministerio) desde que Atatürk creo la República en 1923 y abolió el califato otomano, en España la religión, como en otros países de la Unión Europea en mayor o menor grado, esta separada del estado.

Sin embargo, hay crecientes segmentos de la población turca y española que no están satisfechos con sus sistemas: el turco es muy rígido y nada flexible con la mas mínima señal de religión en la política (de hecho el AKP está en el banquillo de los acusados como saben los lectores de esta columna) y el español sigue dando privilegios a la Iglesia católica, aunque ya no sea la oficial del Estado, y denegándolos a otras religiones.

A mi regreso de un viaje de trabajo a Turquía veo que el Gobierno ha anunciado una reforma de la Ley Orgánica de Libertad Religiosa para atender mejor a los derechos de otras confesiones y amortiguar la discriminación que sufren con respecto a la Iglesia Católica en materias como financiación, enseñanza religiosa en las escuelas o protección jurídica de sus lugares de culto. En Turquía también hay discriminación en contra de otros cultos, aunque la situación empieza a mejorar debido al proceso de aproximación a la Unión Europea. Bajo el Tratado de Lausana de 1923 las únicas minorías no musulmanas con status oficial son las judías, las armenias y la Iglesia Ortodoxa griega.

La Iglesia en España, por boca del cardenal de Toledo y primado de España, Antonio Cañizares, no ha tardado en reaccionar. Según Cañizares “el laicismo esencial y excluyente que se pretende imponer” intenta acabar con “el patrimonio y los principios morales que caracterizan a Occidente, sustituyéndolos por la dictadura del relativismo.”

Dando mas derechos a otros religiones (y cumplir con lo ya pactado) – ya hay mas de un millón de musulmanes en España, 2.600 congregaciones evangélicas y bastantes budistas – no es fundamentalismo laico (con todos mis respectos a mi querido Don Luis María – ver su “Zapatero y Rouco tiran a florete”), y tampoco es la asignatura Educación para la Ciudadanía. La Iglesia sigue siendo la única que tiene derecho a una asignación del Estado a través de IRPF. Dicho esto, no seria mala la idea de Luis María de tener un casillero correspondiente para los partidos políticos.

Y declaro aquí mi propia posición hacia la religión, por si alguien cree que estoy apoyando alguna secta. Comparto las palabras de Isaiah Berlin cuando dijo, “En lo que respecta al significado de la vida, no creo que ésta tenga ninguno. No pregunto en absoluto cuál es, pero sospecho que no existe y eso es precisamente una gran fuente de alivio para mi. Hacemos de la vida lo que podemos y eso es todo lo que hay. Aquellos que buscan una respuesta que lo abarque todo o a Dios, están, creedme, patéticamente equivocados”.

William Chislett

Escritor

WILLIAM CHISLETT es escritor y colaborador del Real Instituto Elcano

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