TRIBUNA
Podemos es chavismo
Ignacio Fernández Candela
lunes 02 de marzo de 2015, 20:37h
Diría que la capacidad de mimetización de Pablo Iglesias obedece a una virtud purista que solo se da en los animales políticos. Lo afirmaría de no existir la referencia chavista como un calco de la intención en el fondo y las formas del ideario demagógico de Podemos. En ocasiones, cámaras de televisión presentes, Iglesias es salvífico y moderado representante de la ciudadanía como en otras instigador de violencias. Esa manera de engañar ya se practicó en Venezuela, antes en Cuba.
En las últimas elecciones para representantes estudiantiles en la Facultad de la Complutense han perdido los seguidores de Podemos, harto el alumnado de las corruptelas y las consignas de radicalidad que habían convertido la universidad en un feudo de extremismo con el que los jóvenes no comulgan. Podemos se ha desinflado en el nido doctrinal de donde proviene y es previsible que lo mismo suceda en España si la gente observa, sin ceguera ni ansias poco prácticas de subversión, lo que verdaderamente es esta formación política devenida de la ruina en Venezuela. El tiempo ha demostrado que los dirigentes podemitas han vivido del capital venezolano, han sido mimados por los mismos que aherrojan en la miseria a un pueblo inocente y han tomado el testigo para europeizar la revolución bolivariana con financiación irregular, según denuncian Opositores venezolanos.
Pablo Iglesias es un sucedáneo de lo miserable populista que hoy destruye gran parte de Latinoamérica, especialmente con el chavismo en avanzado estado de descomposición. Venezuela está muerta en manos de Nicolás Maduro y busca su resurrección. Por lo mismo que hoy soportan cruelmente los venezolanos, porfía Podemos en España; la pretensión de instaurar un régimen demostradamente fallido con el agravante de que aquí además se aspira a una renovación por la fuerza de nuestra identidad como país. El daño que se pretende es aun mayor porque se alimenta de rencor y revanchismo, reverdeciendo odios enterrados antes del zapaterismo que buscan la instauración de un régimen discriminador, tan excluyente como disgregador. Una Venezuela en España pero con carácter propio de ánimo guerracivilista.
La corrupción de cada integrante y el descubrimiento de que el profesorado dirigente se nutrió irregularmente del régimen bolivariano, representan el colmo que convierte en mezquina la opción electoral de unos engañadores que tenían sus trapos sucios bien escondidos.
Las informaciones al día de hoy revelan que Podemos no es una espontánea concentración de ciudadanos por un cambio sino una estudiada, acordada y financiada importación de la revolución bolivariana que ha llevado al desastre a Venezuela. Chávez es el referente indisimulado, con los mismos pasos que dio él andados ya en España, que en su día emprendió camino sin retorno hacia el totalitarismo, siendo el comandante que engañó a todo un pueblo imponiéndole por las engañosas urnas el yugo del socialismo extremista que hoy subordina a la miseria y a la violencia a uno de los países más oprimidos sobre la Tierra. Chávez era un maldito de la democracia que supo vender bien la dictadura por sufragio universal. Quien lo toma por ejemplo no es mejor.
Es verdad que la genética privilegia a ciertos individuos que ocultan un carácter depredador tras la apariencia de la docilidad e incluso quienes no necesitan esconder un carácter beligerante y ofensivo. Hitler, Stalin, Castro o Chávez son antecedentes con la evidencia de la actitud que en Podemos se identifica con la misma intencionalidad política. Pablo Iglesias oculta con dificultad el carácter violento sobre el que basar lo que él entiende por democracia, acaso un impulso dictatorial que se avala por las urnas si es el pueblo el que decide sus propias suertes de destrucción. Pero él no es el inventor del engaño, solo un imitador que aprovecha la indignación para intentar apoltronarse en la Moncloa. Ni en sueños hubiera imaginado semejante oportunidad para vivir del cuento revolucionario.
Será por eso que el violento se enmascara tras la falacia discursiva con la misma facilidad que atrapa adeptos, en realidad víctimas futuribles que le aclaman. La Historia tiende a repetirse y es la ignorancia de las nuevas generaciones la que no dan por aprendida la dura lección de la supervivencia de los pueblos. Esos pueblos que cada equis tiempo favorecen a quienes acaban con ellos buscando en la regeneración lo que les lleva a la perdición. Un ciclo que abisma las convivencias en el fraude político de quienes practican el totalitarismo cuando surge un desgaste del sistema. La historia de siempre que desemboca en conflictos armados si hay pulso de resistencia para evitar que ganen los extremismos. Un suicidio de unos contra otros.
El suicidio colectivo en ocasiones llega cuando se intenta complicar la vida a quienes no piensan como ellos y se ejerce una especie de colectivismo autodestructivo que se da por efectivo si acaba también con los opositores ideológicos. Una manera tan estúpida de proceder planea como una amenaza frente a las próximas elecciones.
Estos casos de desintegración siempre se han dado en países que rompen su sistema de convivencia para reorganizarse en torno a una radicalidad que quiebra el equilibrio democrático. Venezuela es el ejemplo y las pruebas contra Podemos son evidencias. Si con todo se sigue eligiendo la perdición será que en destino está hermanarse España y Venezuela con los mismos designios equívocos de la ignorancia... aunque en España no cabría excusa teniendo como ejemplo fatídico y contundente la debacle venezolana.
No será que no haya oportunidades para advertir el riesgo contra todos, votantes o no de Pablo Iglesias y compañía. El 1 de Marzo una organización formada por venezolanos en España convocó la Marcha por la Democracia en Madrid, denunciando que Podemos es chavismo, revolución bolivariana, dictadura del hundimiento que ha convertido Venezuela en un infierno con 25.000 muertes violentas al año. Avisados estamos.
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Escritor-Crítico literario
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