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Santa Teresa en la Nacional

Natalia K. Denisova
martes 17 de marzo de 2015, 17:23h
La exposición recién inaugurada por sus majestades los reyes de España, ubicada en la Biblioteca Nacional, conmemora el V Centenario del nacimiento de una mujer singular: Teresa de Jesús. Y si su vida es destacada y excepcional, el modo de plasmarla en la palabra e imagen, que es la intención de los organizadores, merece comentarios aparte. Es una exposición muy desigual. Recoge documentos y piezas maravillosas, pero las explicaciones del asunto son susceptibles de crítica. Los tópicos predominan sobre la verdadera biografía de Teresa. Si la Visión de Santa Teresa del Espíritu Santo, el famoso cuadro de Peter Paul Rubens, nos deslumbra, azoran las erratas que encontramos en la información introductoria a la exposición. Quizá el cuidado excesivo ante la visita de los reyes les jugó una mala pasada a los organizadores, lo cierto es que hay faltas ortográficas que afean el primer texto que presenta a la Santa.
Pero, más que las erratas, son los prejuicios los que desfiguran algunos comentarios textuales de la muestra. Uno de ellos se refiere a la época de Santa Teresa, el siglo XVI, como “un tiempo en que mujeres no tenían apenas acceso a la cultura y carecían del papel reconocido en la vida social”. Ahora bien, otro comentario de la misma exposición nos cuenta que en 1488, la reina Isabel pidió a Antonio de Nebrija que tradujera sus Introducciones latinae para que “las mujeres religiosas y vírgenes dedicadas a Dios sin participación de varones, pudiesen conocer algo de la lengua latina”. ¿Sería posible esta petición en una sociedad donde la mujer es analfabeta y no tiene un papel social? La propia reina Isabel es un ejemplo de lo contrario, y si recordamos De Institutione de Luis Vives, podemos ver que el papel de madre no era sólo el cuidado de los hijos sino la enseñanza de las primeras letras.
Lo que revela esa contradicción es una mirada sucia de la época teresiana, un cierto afán de mantener la visión negra del siglo más glorioso de la historia de España. Para aumentar la impresión de los tiempos oscuros, de la España negra, los comentarios nos recuerdan la Inquisición implacable y el analfabetismo reinante de la población. Mas el estimado autor de los textos, siguiendo este afán insano de ennegrecer el pasado, cae en un error: cuando señala la prohibición de la Biblia en otras lenguas, excepto el latín, exclama: “¡si los clérigos, frailes, monjas no saben latín!” Bobada solemne es la que se expresa en esa admiración…El torpe comentarista ha olvidado que uno no podría formar parte del clero o de una orden sin estudios previos y un examen público, una especie de oposición donde el conocimiento del latín era una condición sine qua non para profesar. El error pueda que no sea grave, pero es vergonzoso en una muestra de tal realce.

La exposición pretende darnos una imagen de Santa Teresa como una escritora nata que, desde sus primeros días, seguía su vocación de las letras. Es muy discutible. La santa no nació escribiendo sino que se hizo escritora. La vida de Santa Teresa revela su relación complicada con la escritura: todos sus libros fueron tardíos y deben su existencia a la obediencia de Teresa a las órdenes de sus confesores. Esta mujer tomó pluma sólo cuando adquirió significante experiencia de la vida espiritual y se sintió capaz de comunicarla a los demás. No ha sido fácil para la Santa la labor de escribir: ella misma decía que “el trabajo de este invierno de cartas ha venido a enflaquecer la cabeza de suerte que he estado bien mala.” La culpa de este cansancio no la tiene únicamente la cantidad abrumadora de cartas, que tuvo que despachar diariamentepara atender las fundaciones, sino también escasa facilidad a la hora de redactarlas.

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