www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

UNA CINTA HECHA PARA GUSTAR

Pride: agradable mirada naif a la historia de los movimientos sociales

Laura Crespo
x
lauracrespoelimparciales/12/5/12/24
jueves 19 de marzo de 2015, 02:34h
Actualizado el: 23 de marzo de 2015, 14:22h
Pride : agradable mirada naif a la historia de los movimientos sociales
La película ganadora del BAFTA 2015 al mejor debut, Pride, llega este viernes a las salas españolas con un objetivo: hacer reír y emocionar a partes iguales. La cinta de Matthew Warchus sobre el hermanamiento entre el movimiento minero y el activismo por los derechos de los homosexuales en la Gran Bretaña de los ochenta está hecha para gustar sin mayores pretensiones ni complejos.
Desde su estreno en el último festival de Cannes, la comedia británica Pride ha caminado a la sombra de la ya mítica The Full Monty. La comparación es inevitable: cintas británicas que nacen del costumbrismo y se mueven entre la comedia negra y el drama social, con los ojos puestos en la creatividad y el empuje del ser humano decidido a salir de situaciones críticas. La diferencia entre ambas es que, donde aquel debut de Peter Cattaneo sorprendió por novedosa y original, la película de Matthew Warchus da la sensación de recorrer un camino previamente allanado. Aún así, Pride encaja en la definición de un cine comercial (bien) hecho para gustar, sin complejos, directo al grano; no pretende sentar cátedra, quiere que te rías y que te emociones en la sala y, si no se escarba demasiado en los ‘trucos’ que emplea el director para ello, lo más probable es que lo consiga.

Pride es una muestra de la capacidad inagotable de la historia como fuente para el cine. La película se basa en los hechos reales que llevaron a un grupo de jóvenes londinenses, activistas por los derechos de los homosexuales, a apoyar moral y económicamente a los mineros que mantuvieron un pulso en forma de huelga general con Margaret Thatcher entre 1984 y 1985. Pride traslada al espectador a una Inglaterra en la que la igualdad por razón de orientación sexual está lejos de ser real en la práctica, más de quince años después de la despenalización de la homosexualidad en el Reino Unido. Paralelamente, los trabajadores de las minas se ven desamparados por el liberalismo feroz de la Primera Ministra y su ‘más mercado y menos Estado’. Dos mundos aparentemente antagónicos con un enemigo común, unidos por un interés, que terminaron hermanados en alma. Por el camino, se tratan otros temas fundamentales en el contexto, como la lucha del feminismo, los estragos del sida, el sensacionalismo de los tabloides británicos y su status de cuarto poder, el progreso generacional o la brecha cultural y social entre la ciudad y el mundo rural. Entre los personajes, también hay algunos perfiles sacados de lo real, como Mark Ashton (interpretado por Ben Schnetzer), activista gay que creó, junto a su amigo Mike Jackson (Joseph Gilgun) el grupo de apoyo LGSM (Lesbians and Gays Support the Miners o Lesbianas y Gays apoyan a los mineros); Siân James (Jessica Gunning), una de las mujeres de los mineros que llegó al Parlamento británico; o Johnathan Blake (Dominic West), uno de los primeros diagnosticados de Sida en Gran Bretaña.

Un argumento a base de pinceladas históricas que no invita, sin embargo, a la reflexión profunda sobre los acontecimientos que narra. Es una aproximación colorista, edulcorada y amable que divierte y emociona en torno a la idea del hermanamiento, del apoyo mutuo y de la ruptura con el miedo a la diferencia. A pesar de que los libros de historia dejan poco margen al ‘happy end’ (la férrea política de Thatcher acabó por desarmar el movimiento minero y el Sindicato Nacional de Mineros salió gravemente herido de esta guerra), Warchus prefiere fijarse en la victoria en el plano humano apostando por una lectura clara de su película: no es la cinta definitiva sobre los movimientos sociales en la Inglaterra de los ochenta, sino una mirada naif y agradable que permitirá, eso sí, pasar un buen rato en el cine.

Sí se echa de menos una mayor profundidad en algunos personajes. Pride es una comedia coral en la que la mayoría de los protagonistas se acercan y se alejan del primer plano constantemente. Si bien algunos se explican con apenas dos escenas y/o diálogos bien diseñados, otros parecen contar su historia a matacaballo para dejar paso al siguiente, quedando la sensación de que el que mucho abarca poco aprieta. El tema central de la película lo componen las acciones del LGSM en un pequeño pueblo galés, con no pocos obstáculos y cerrazones mediante. El grado de satisfacción general se ve afeado en cierta medida por una estructuración irregular de las historias personales que se engastan en esa columna vertebral.

Del otro lado, lo mejor de la cinta son las interpretaciones, genialmente equilibradas para el tono tragicómico de la cinta; una banda sonora con ecos del underground ochentero; y unos diálogos finos, brillantes en ocasiones, que hacen gala del bien avenido humor inglés. Tras hacerse con el BAFTA al mejor debut, Pride llega este viernes a las salas española como una propuesta ligera y muy divertida, de las que quizás no dejan ecos profundos al abandonar la sala pero sí, desde luego, un buen sabor de boca.
¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (4)    No(0)

+
0 comentarios