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TRIBUNA

El problema del Islam

jueves 19 de marzo de 2015, 19:12h

Javier Espinosa, reportero de El Mundo, narraba esta semana su cautiverio a manos del Estado Islámico. Tan sobrecogedor como, por desgracia, previsible en algunos aspectos. Efectivamente, la brutalidad de las torturas conocidas a través de vídeos y testimonios es confirmada por el propio Espinosa, que a su vez aporta un elemento poco comentado: la hipocresía que rodea al terrorismo islámico.

Cuenta Espinosa cómo sus captores jugaban al poli bueno-poli malo: unos torturaban, daban palizas y llevaban la crueldad a límites insospechados, mientras otros hacían el paripé de estar en contra. “El Islam trata bien al prójimo”, decían tras acabar de molerles a palos. Pero allí estaban, juntos todos ellos. Igual que en la sociedad. Los atentados contra el semanario Charlie Hebdo hicieron que toda Francia se echase a la calle. En las manifestaciones pudo verse a muchos musulmanes abominando de la masacre de París, y pidiendo que no se les meta en el mismo saco que a los asesinos.

Lo mismo en Túnez, donde la matanza de este pasado miércoles ha conmocionado al país en el que más había florecido la Primavera Árabe; por no decir el único. Ayer, de hecho, se manifestaban de forma tan espontánea como sincera contra la barbarie terrorista. Conozco a médicos, abogados y panaderos -dos- musulmanes que viven en España perfectamente integrados, y cuento a alguno de ellos entre mis amigos. Creo en ellos, y se que les horripilan las salvajadas del IS. Pero, mal que les pese, son ellos justamente quienes tienen la responsabilidad de empezar la lucha contra el terrorismo islámico.

Soy católico practicante y, como tal, me duelen mucho las miserias “de los míos”. Ni los curas pederastas ni los grupos ultraconservadores amparados por Roma representan a una Iglesia con proyección universal de amor al prójimo. Jesús estuvo siempre junto a los más necesitados y habló más de amor que de represión. Es la línea que intenta seguir el papa Francisco… ojalá le dejen. Me gusta su discurso de claridad, de reconocer en público tanto lo que está mal como lo que está bien. Y me gusta aún más que quien así actúa sea la cabeza de la Iglesia y, además, presidente de un estado, el Vaticano.

¿Quién habla así dentro del Islam, religioso o político? Muy pocos. Cuesta encontrarlos aunque, si se busca, aparecen. Intelectuales con una sólida formación que defienden su credo musulmán con la misma pasión que aborrecen la violencia fundamentalista -y, por ende, la subyugación de la mujer-. El resto se dedica a poner a parir a occidente y a decir -a buenas horas- que sí, que son muy malos y tal, pero a la hora de la verdad siguen siendo tan resentidos y fariseos como los polis buenos que tenían secuestrado a Espinosa y al resto de occidentales.

Ese mismo Occidente donde muchos viven, educan a sus hijos, se benefician de su sanidad y servicios sociales y practican sin problema alguno su religión. Quienes matan en nombre de Alá son musulmanes, al igual que quienes les financian. Son muchos; y lo suficientemente peligrosos como para que quienes quieren un Islam sin violencia la erradiquen condenando sin peros ni ambages. Al IS se le podrá vencer militarmente, pero al terrorismo islámico sólo se le puede derrotar desde dentro de su mundo, el musulmán. Porque son de los suyos. Hasta que eso no pase, el Islam seguirá siendo una amenaza.

Antonio Hualde

Abogado

ANTONIO HUALDE es abogado e investigador de la Fundación Ortega y Gasset

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