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Hizbolá gana

Ricardo Ruiz de la Serna
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ricardo_ruiz_delasernayahooes /22/22/28
lunes 26 de mayo de 2008, 18:39h
¡Mabruk! ¡Enhorabuena! era la exclamación que ese escuchaba esta semana a lo largo y ancho de Beirut. El reciente acuerdo alcanzado en Doha, Qatar, entre las distintas facciones que venían combatiendo en El Líbano ha llevado a las calles una tranquilidad desconocida en las últimas semanas. Los restaurantes tenían agotadas las reservas y las terrazas se llenaban de amigos tomando el aperitivo. Gracias a la mediación de la Liga Árabe y del país anfitrión, chiíes, sunníes, drusos y cristianos han pactado la elección del comandante del ejército y cristiano maronita Michel Suleiman como nuevo Jefe del Estado y sucesor, pues, de Emile Lahud. También han acordado la formación de un Gobierno de unidad nacional compuesto por treinta personas: 16 pertenecientes a la mayoría, 11 de la minoría que, por su número, tienen derecho a veto, y 3 de elección presidencial. Así, País del Cedro espera afrontar las elecciones parlamentarias de 2009 con cierta estabilidad. Por fin, en un acuerdo sin vencedores ni vencidos las partes se han comprometido a no volver a utilizar las armas en ninguna circunstancia para conseguir objetivos políticos. Sin embargo, muchos son escépticos y se preguntan si realmente no hay vencedores ni vencidos. Lo que suceda es del máximo interés para las tropas españolas desplegadas en El Líbano y, por lo tanto, para España.

Por lo pronto, el Partido de Dios, apoyado por Siria e Irán, no ha cedido en ninguna de sus pretensiones. Más bien son los drusos y los sunníes, enfrentados con aquél en las últimas semanas, quienes han tenido que ir flexibilizando sus posiciones. Así, si alguien sale debilitado, no es Hizbolá. Esto es relevante si consideramos que las partes se han obligado a emprender un diálogo para extender la autoridad del Estado a todo el país, de modo que las fuerzas de seguridad y militares estén concentradas en las manos del Estado. En realidad, en esta línea iba la Resolución 1701, que ampara la presencia de las tropas españolas en el Líbano y que exigía que se desarmasen las milicias que operaban en territorio libanés. Sobra que les diga que llamar milicia a Hizbolá es un piadoso eufemismo que no engaña a nadie: ahí están las listas de organizaciones terroristas para confirmarlo. Si Hizbolá no ha permitido el desarme de sus efectivos, no parece que vaya a facilitarlo ahora que sale como ganadora de un acuerdo donde son los demás -y no los chiíes- quienes ceden. El Ejército libanés -que ganó autoestima y se reforzó socialmente tras los combates de Nahr el Bahred del año pasado- se ha mantenido cuanto ha podido en la neutralidad. En realidad, incluso Hizbolá ha rehuido los enfrentamientos directos con el Ejército precisamente para anular su iniciativa. ¿Será él quien acometa la tarea de imponer la autoridad del Estado en todo el territorio? ¿Queda esto dentro del ámbito de la Resolución 1701 del Consejo de Seguridad? Las tropas españolas desplegadas en el país ascienden a 1100 militares. El Consejo de Ministros aprobó este viernes el envío de una patrullera a aguas libanesas para reemplazar a un patrullero italiano en las tareas encomendadas a la misión de la Armada, que se integra en la Fuerza Naval de la Fuerza interina de Naciones Unidas en El Líbano (algún día deberían revisarse todas estas denominaciones porque con siglas, créanme, es ininteligible). El caso es que esta patrullera tiene una dotación de 90 personas así que se excede la autorización del Congreso, que sólo comprendía 1100 militares. O se pide una autorización para ampliar el contingente o se reducen efectivos de las tropas de tierra. Tal como está el panorama, esto no parece deseable. Aunque seguimos sin saber nada de los vehículos blindados que el Ministerio iba a comprar, sí tenemos indicios de que conviene ser prudentes, e incluso escépticos. Las tropas españolas están desplegadas en zonas problemáticas (por ejemplo, bajo su supervisión quedan las famosas Granjas de Shebaa). El contingente español está dedicado a tareas diversas que van desde la retirada de minas a la asistencia médica a la población y la enseñanza del español. El 22 de abril Aiman al Zawahiri, considerado lugarteniente de Osama Bin Laden, llamó a los musulmanes sunníes de El Líbano a expulsar a los cruzados invasores que pretenden ser fuerzas de mantenimiento de la paz. Así, no se trata sólo de lo que hagan los chiíes de Hizbolá sino también de la reacción de los sunníes a la decisión de imponer la autoridad del Estado, en la medida en que esto suponga el monopolio de la fuerza armada por parte del Ejército, es decir, del Estado, como establece el acuerdo de esta semana. Habrá que ver cómo afrontan los Ministerios españoles de Asuntos Exteriores y de Defensa la evolución de la escena libanesa.

Ricardo Ruiz de la Serna

Analista político

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