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TRIBUNA

Empleo y sueldo 'estable' de por vida

sábado 18 de abril de 2015, 19:20h

“La voz de la conciencia es tan delicada que resulta fácil ahogarla, pero es también tan clara que resulta imposible confundirla”. Madame de Staël.

Todos estamos rodeados de historias de despidos de familiares y amigos. Casi en cada casa podemos encontrar una tragedia relacionada con el cese de un negocio o con un reajuste laboral. En muchos hogares se sufre la asfixiante presión fiscal, el efecto de las devastadoras deudas que todo lo arrasan y, peor aún, la falta de visión y perspectivas halagüeñas. Así son las crisis, por una parte destruyen pero por otra, aunque nos cueste aceptarlo, proporcionan una gran oportunidad para el cambio.

Desde que empezó esta última crisis, hay dos hechos que están produciendo ajustes importantes en el mundo laboral de nuestro país, uno de carácter socioeconómico y otro educacional: 1) Por una parte, la sociedad española está más polarizada que antes. Los ricos son más ricos y la clase media es cada vez más pobre. Hay razones indiscutibles como el alto desempleo, la precariedad salarial, la gran presión fiscal o las altas deudas pero también, siendo autocríticos, existen otros motivos menos evidentes como el ‘acostumbramiento’, la falta de educación (cívica, legal y financiera) y la extendida cultura de lo fácil (‘el pelotazo’). 2) En segundo lugar, ya no hay tanto volumen para todos, es decir, ahora, para hacer negocio, del tipo que sea, no solo hay que parecer bueno sino realmente serlo.

Si aceptamos voluntariamente el reto del cambio -no nos queda más remedio que hacerlo- y queremos que nos contraten para algún negocio o montar el nuestro propio, podemos plantearnos intentar atraer a los más ricos o enfocarnos en las necesidades de los cada vez más pobres (clase media, media-baja y baja). Pero lo cierto es que, con independencia de la versatilidad que tengamos para adaptarnos a los nuevos tiempos y del nivel creativo a la hora de reinventarnos, no es tan importante el qué como el cómo. Hoy en día, dar un buen servicio o vender un buen producto es absolutamente necesario para tener un empleo -y sueldo- ‘estable’ de por vida. Antes de la crisis, como bien sabemos, ‘todo’ valía, ‘todo’ se vendía, ‘todo’ era caro, ‘todo’ estaba lleno y muchos -muchísimos- se aprovechaban cobrando en exceso por servicios y productos más bien malos.

Con la venta de pisos ocurre algo parecido. Ya no cuesta lo mismo el metro cuadrado de un ático con orientación sur, que el metro cuadrado de un primero con orientación norte en el mismo edificio, cuando antes pedían casi lo mismo. La diferencia de valor entre los dos pisos, como en el resto de productos y servicios, por fin es notable, y mucho, ya que ahora lo bueno se vende y lo malo, ya no se vende(‘bueno’ significa el justo equilibrio entre la calidad y el precio)

Parece como si la época del ‘trabajo y el sueldo para toda la vida’ se hubiera extinguido hace tiempo. Con esto no quiero decir que no se pueda ganar un buen dinero (sueldo) y que este flujo no pueda ser constante en el tiempo (estable), sino que en el mundo en que vivimos la mayor estabilidad y el mejor activo no es otro que nosotros mismos. Antes no teníamos que salir a la calle a ganar un buen jornal, ahora sí; antes no teníamos que esforzarnos para dar el mejor servicio, ahora sí. La competencia siempre estuvo ahí, antes competíamos para subir en el escalafón y algunos para engañar a su cliente lo máximo posible; luchábamos para hacer sombra al compañero o para hacer política en ‘los pasillos’, sin embargo ahora tenemos que competir para dar un buen servicio o vender un buen producto. Antes sólo había que colocar las pilas en el sitio adecuado, ahora también hay que llevarlas bien cargadas.

Queridos lectores, se acabaron de una vez las reformas en casa mal hechas y encima caras; seterminaron las cenas vulgares, de 50 euros el cubierto, y en restaurantes que llevan una contabilidad A y otra contabilidad B (imaginen a cuál de ellas va el importe de su cena si no pagan con tarjeta de crédito). No queremos más ‘servicios (poco) profesionales’ de ‘a 50 euros la hora’ de fontaneros, electricistas, carpinteros, técnicos, informáticos, pintores, psicólogos, terapeutas, asesores fiscales, consultores, abogados, veterinarios, coach personales o médicos privados (por mencionar algunos), que sean mediocres o que también lleven contabilidad B; no queremos más fines de semana en casas rurales ni hoteles cutres, ni a 50 euros la noche ni con el desayuno incluido, y por supuesto, se acabó lo de no protestar ni hacer público un mal servicio, un abuso o un engaño (bendito el anonimato que permite internet). Hoy en día, por no querer, ni siquiera queremos gastarnos 8 euros en ver una mala película.

Se acabaron los años de ‘los malos’. Es momento para ‘los buenos’, para los honestos.

“La persona de éxito tiene el hábito de hacer las cosas que a quienes fracasan no les gusta hacer. No necesariamente les gusta hacerlas, pero su disgusto está subordinado a la fuerza de sus propósitos”. E.M. Gray

Nacho López

Asesor Financiero

NACHO LÓPEZ, dedicado al mundo de la banca de inversión y comercial, al mercado de capitales, al análisis y al asesoramiento bursátil, ha trabajado en los principales bancos españoles y en otros internacionales de primera línea.

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