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Raúl Castro, el hijo pródigo

Natalia K. Denisova
martes 12 de mayo de 2015, 19:49h
Actualizado el: 05/12/2015 20:38h
Muchos son los motivos para alegrarnos del acercamiento entre Cuba y los Estados Unidos o, mejor dicho, con el mundo entero. El pueblo cubano, los pocos que quedaron en el país y los muchos que viven en el extranjero, espera cambios que repercutan en su vida cotidiana y les dejen respirar, alejándolo del miedo y de la miseria. ¿Llevará el nuevo rumbo diplomático de los viejos Castro a estos cambios tan esperados por los cubanos?

Los Estados Unidos han establecido relaciones diplomáticas con Cuba con esperanza de ciertos cambios en la política interior de la isla. Después de este “paso importante”, como lo llamaron los altos cargos estadounidenses, Raúl Castro intensificó sus relaciones con el mundo: apareció en la Cumbre de las Américas, en Panamá, después de casi medio siglo de ausencia, mantiene un dialogo permanente con los Estados Unidos y visita el Vaticano. Revelador ha sido la asistencia al desfile militar ruso de Raúl Castro, en compañía de Nicolás Maduro y de sus homónimos de China, India, sin olvidar a los despistados presidente de Chipre y la jefa del Parlamento griego. En fin, Castro estaba rodeado, nada más y nada menos, que de la flor y nata, por decirlo irónicamente, de los países guardianes de la paz en la Tierra.

¿Qué cambios en la política interior de Cuba ha traído la nueva política exterior? De momento, nada. Los hechos no presagian nada bueno. Raúl Castro saca pecho y músculo allá por donde va. Da lecciones a todos, por ejemplo, al negociar con el presidente Obama le mostró su preocupación sobre los derechos humanos en Estados Unidos “que no son solo preocupaciones de Cuba, sino de la sociedad norteamericana y de la comunidad internacional”. Una preocupación digna de alabanza. Después, visitó el Vaticano y criticó ante el Papa el problema de la migración ilegal en el Mediterráneo, obsequiando al Santo Padre un cuadro de dimensiones considerables con una cruz compuesta por barcos y un niño que reza.“¡Qué inspiración!”ha sido la respuesta, sin duda, mejorable del Papa argentino. Así de crítico es el hermano Castro con los fuertes de este mundo, tanto seglares como religiosos. Pero en lo que se refiere a sus “compañeros”, como Maduro o Putin, nada les objeta, sino que los colma de alabanzas y defiende con uñas y dientes sus políticas interiores.

Obama y el Papa le han dado vida al dictador Castro, pero no a su pueblo;¿qué han reformado los Castro en Cuba?, ¿han eliminado las restricciones a los derechos políticos de los ciudadanos?, ¿tienen los ciudadanos más libertad de movimiento?, ¿tienen más libertad de expresión los medios de comunicación cubanos? Si somos sinceros, la respuesta es bastante clara: no. Pero esto no es lo peor de todo. Aún hay algo más grave: ahora Raúl Castro podrá seguir manteniendo su régimen “abierto al mundo”, rezando y asistiendo misa, como un buen católico y mejor comunista, ya que en la vida privada no es raro encontrar este tipo de contradicciones. ¿Para qué han servido los años de embargo? Quizá para que los Castro sigan con el mismo discurso y la misma tiranía, pero ahora ya formando parte de la “comunidad internacional”. Sí, fue la hora de acoger a Cuba en la vida diplomática internacional, sí, es necesario dialogar con los Castro, pero ¿es legítimo aceptar con buena cara las críticas de un tirano que ha destrozado su propio país? Si EEUU y los países de Occidente siguen desarrollando el diálogo con los Castro de mismo modo que hasta ahora, es decir, con las mínimas exigencias de cambios del régimen político, tendremos que reconocer que la buena intención del diálogo es otro pedrusco para empedrar el camino del infierno.
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