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TRIBUNA

Escándalo, incompetencia e impunidad (III)

José Manuel Cuenca Toribio
viernes 05 de junio de 2015, 18:18h

Probablemente, el libro glosado de manera tan apresurada en estos artículos se encuentre gafado, como, a las veces, ocurre incluso con los mejor intencionados. Pues se da el caso que, incluso, los retratos dibujados con mayor afección por el autor no responden a la realidad por lo infirme de la pintura y la desmaña de la paleta. Así, en efecto, ocurre con figuras incrustadas con gran fuerza en la trayectoria académica del cronista, quien se enriqueció largo tiempo con su amistad.

Tal vez fuese entre ellos el oscense V. Cacho Viu el que mayor estima intelectual suscita en la pluma del escritor ovetense. Por desgracia, la aproximación biográfica y crítica a su muy rica personalidad se hace en el texto referido desde la más absoluta parvedad informativa y precariedad axiológica. Licenciado en Derecho e Historia de América por la Universidad entonces llamada Central, el catedrático de Hª Contemporánea Universal y de España en las Universidades de La Laguna, Valencia, Autónoma de Barcelona y Complutense –(antes, en la que en Navarra rectora desde ha medio siglo el Opus Dei, a cuyo Instituto perteneciera como miembro numerario)-, amante incorregible de la vita umbratilis, del sosiego y la paz de bibliotecas y despachos tan ordenados como acogedores, estuvo muy lejos de semejarse al deus ex machina, consejero de príncipes o ninfa Egeria de gobernantes y poderosos, como se le describe en la obra tan repetidamente mencionada en estos renglones. Con el apoyo –se insistirá- de una documentación tan indigente como oportunista, la pretensión de erigirlo a la par en inspirador y ejecutor de gran parte de la actividad del auténtico líder político y descollante gestor cultural, el onubense Florentino Pérez Embid (1918-74), catedrático de Hª de los Descubrimientos Geográficos en las Universidades de Sevilla –fugazmente-y Madrid –dilatadamente- raya en lo insólito y, a las veces, en lo esperpéntico. Colaborador y gran amigo suyo –quien dirigiera, nominalmente, su clásica y deslumbradora tesis doctoral acerca de la ILE, profundamente valorada y estimada por Cacho-, éste formó parte durante unos años del staff del director general de Información en la primera etapa ministerial de Arias Salgado (1951-7), participando, en esencial, en la marcha del Ateneo madrileño, institución a la que Pérez Embid concedía particular trascendencia en su bien implementada política cultural, admirada y muy conocida en sus vigilias investigadoras por el autor de La Institución Libre de Enseñanza.

Cesado aquél, Cacho retornó a sus “papeles”, que, en realidad, jamás abandonara para preparar benedictinamente una cátedra que nunca abandonara ni en su pensamiento ni deseo hasta obtenerla. El paréntesis también conoció otra nueva colaboración de Cacho con Pérez Embid, cuando éste, en noviembre de 1963, fundara la excelente revista Atlántida, de la que fuese por algún tiempo incluso su secretario (función algo más tarde compartida y luego dejada en las manos del por entonces ya gran penalista Luis Rodríguez Ramos). Según se analizara en un artículo precedente publicado ha pocas semanas atrás en este mismo diario, en la hervorosa Barcelona del tardofranquismo, Cacho se reveló pieza clave –y silenciosa- en la espectacular renovación de su Ateneu. Igualmente, retornado de modo definitivo a Madrid, tomó parte muy principal en las actividades de la Fundación Albéniz, al tiempo que sentaba plaza muy fructiva y fruitivamente en la recién creada Fundación de Estudios Orteguianos, bajo la batuta de la hija del gran pensador Ortega y Gasset, Dª Soledad, a la que profesara elevada estima intelectual y humana. Y hasta aquí –en síntesis deformadora y hasta caricaturesca- la biografía intelectual de una personalidad impar de la vida cultural de su tiempo, tan incompleta como arbitrariamente retratada en el escandaloso libro El cura y los mandarines…, sideralmente distanciado en su intención del talante del que fuera ejemplo insuperable de esa flor de estufa de la contemporaneidad española representada por el catolicismo liberal e ilustrado.

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