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TRIBUNA

Novela negra España: Un imprescindible

jueves 18 de junio de 2015, 19:49h
Actualizado el: 18/06/2015 21:07h

Cuando la vida me ha dado la oportunidad de conocer a alguno de mis artistas admirados (pintores, toreros o escritores; escultores o poetas), normalmente he sufrido una severa decepción. Hasta el punto ha sido que llegué a evitarlo. Prefería contemplar sus cuadros, leer sus libros, disfrutar con las comedias o con las películas o extasiarme ante sus faenas, pero nada más allá de una sonrisa y apretón de manos sin palabras. Y, a veces, ni eso. Mejor la distancia.

La regla ha de admitir, salvo en los muy tercos, alguna excepción. Otro día hablaré de una extraordinaria escritora y amiga, pero hoy lo haré con un más reciente descubrimiento que, a diferencia de ella, nunca ha aparecido en la lista de los más vendidos. Se llama José Luis Correa y es canario, canarión de Gran Canaria. Vocación relativamente tardía, llega a la novela a partir de los cuentos que escribía para motivar a sus alumnos del Instituto. Ahora es profesor de la Universidad de las Palmas, por supuesto de Didáctica y Literatura.

Es un tipo corriente, quiero decir que es normal, sin estridencias. No pertenece al género tan abundante de los “obraos” ni de los que solo disfrutan cuando son adulados. Rehúye más bien el halago. Ni siquiera se cree un maestro, a pesar de que construye, con precisión de delineante, historias llenas de vida y de intriga creíbles. Juega con las palabras y con los personajes con naturalidad. Y a veces se recuesta en la canariedad y en los canarismos, tanto como en la ironía. Sus novelas tienen ritmo musical (excelente la voz del violinista) y en ellas está presente siempre el mar (extraordinaria la sirena), y por supuesto las virtudes y vicios mundanos.

No está de moda la novela negra, género por cierto que admite muchos grises y llega hasta el azabache de la doble ese (sangre y semen). Siempre ha estado de moda. En España tenemos una buena generación de autores (Lorenzo Silva, Giménez Bartlett, Domingo Villar, José María Guelbenzu, Eugenio Fuentes…) y unas cuantas cuidadas colecciones en diferentes editoriales (Siruela, RBA, Alba, Tusquets), aunque nuestro papanatismo nos lleva a encumbrar al mismo nivel de escritores portentosos como Mankell, Donna Leon, Camilleri, Benjamín Black, sin olvidar a Greene, Chadler, Le Carré, Hammett o Conan Doyle, a otros del montón apoyados por una costosa operación de marketing.

Pues les he de descubrir a un imprescindible. José Luis Correa se llama, y su personaje conductor es el detective Ricardo Blanco que, en contra de lo habitual, se lleva bien con el inspector de policía, Álvarez. Es también un tipo normal y hasta con la cabeza bien amueblada.

Su poder, el poder de Correa, es el de la literatura. Nos lo recuerda un grande francés Michel Houellebecq (“Sumisión”), que le define como “arte mayor de Occidente”. La música, la pintura… “sólo la literatura puede proporcionar esa sensación de contacto con otra mente humana, con la integridad de esa mente con sus debilidades y sus grandezas, sus limitaciones, sus miserias, sus obsesiones, sus creencias, con todo cuanto le emociona, interesa, excita o repugna”.

Sigue igual, Pepe.

Enrique Arnaldo

Catedrático y Abogado

ENRIQUE ARNALDO es Catedrático de Derecho Constitucional y Abogado. Ha sido Vocal del Consejo General del Poder Judicial

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