1. Nuevo organigrama, mismo PP: Mariano Rajoy, María Dolores de Cospedal y Javier Arenas mantienen rango. Las incorporaciones tienen lugar en la segunda fila, fundamental para la coordinación y la difusión del mensaje, pero supeditadas al presidente, que en adelante acudirá con mayor asiduidad a las reuniones, y a la secretaria general. Mano dura con Carlos Floriano y Esteban González Pons, las patas más débiles del anterior equipo. El primero, cabe recordar, responsable de la campaña electoral que concluyó con los sabidos resultados. Jorge Moragas se encargará de la que conduce a las generales. Rajoy pone en manos de su número 2 en La Moncloa el reto de diseñar una estrategia cautivadora.
2. Cambios a pesar de Rajoy: el líder 'popular' ha reconocido pérdida de poder y hasta errores en el manejo de la corrupción -esta vez sin culpar a los medios por su "martilleo"-, señalando también los estragos de la crisis o el empuje de los que llama "extremistas" como causas de la caída. Horas después de los recientes comicios compareció en Génova y afirmó que las cosas se quedarían como estaban, que era momento de unidad. No mucho después, con más protesta interna de la que hubiera deseado, corrigió esta postura para serenar a los suyos. Rajoy es contrario a los cambios, más aún a los que pueden interpretarse como una cesión a los críticos o a los rivales, pero en este caso se trataba de no perder el control en su propia casa a pocas fechas de las presidenciales.
3. El rival, lo sea o no, es el PSOE: Esperanza Aguirre dio alas a Manuela Carmena en Madrid, como ha admitido, cuando el oponente de partida era Antonio Miguel Carmona. Antes, Carlos Floriano se encargó de dar alas a Pablo Iglesias y a Albert Rivera, a este último con la ayuda de Rafael Hernando, con intervenciones que, pretendiendo restar valor a los emergentes, pusieron a Podemos y a Ciudadanos en el centro de la actualidad política. Rajoy ha destacado que el PSOE ha obtenido sus peores resultados desde 1979 y que será culpable de los errores que cometan los "populistas" en municipios y regiones. El objetivo: dejar fuera de plano al resto de opciones, a las que, opina, conviene no alimentar.
4. Victoria holgada o descalabro: el presidente ha reflexionado en alto sobre la necesidad de ganar las elecciones con amplio margen. De otra forma, lamenta, el guión de los acuerdos de investidura visto estos días se reproducirá en el Congreso de los Diputados. Es consciente de lo improbable de una mayoría absoluta, pero confía en una suficiente de la mano de Ciudadanos. Albert Rivera le pareció un hombre serio, aunque, como ha comprobado Cristina Cifuentes, que no tiende la mano a bajo coste sino a cambio de compromisos que darían un vuelco a comportamientos y mecanismos que el PP habría de revisar. Sin embargo, y claro ejemplo es el Ayuntamiento de Madrid, donde Aguirre se quedó a un escaño de poder negociar con Begoña Villacís, sin diferencia abultada La Moncloa corre serio peligro.
5. No hay adelanto: "Tengo intención de presentar los Presupuestos Generales antes del 30 de septiembre". Rajoy quiere anunciar una bajada de impuestos y generosas partidas sociales en el mes que, se especulaba, podía acoger las generales. En ese debate, el jefe del Ejecutivo expondrá ante los diputados y a los españoles que todo esfuerzo tiene recompensa y que sólo dando otra oportunidad a quien ha propiciado la recuperación las mejoras tendrán continuidad. A todas luces, una acción legislativa que marcará el inicio de la pugna por el poder y un último e intenso cara a cara parlamentario entre Rajoy y Pedro Sánchez.